UNA MORADA ESTIVAL ¹
...Al Jardín se llega lo cual es lo mismo que decir: el Jardín es representable sólo si esa claridad es capaz de mostrar sus formas y modos de manifestación. Y como el Jardín, tenga la forma que tenga, constituye una imagen mística del refugio, y despliega, en rigor, una poética simbolista, es posible inferir, en lo que concierne a la pintura de los últimos veinte años, que, de acuerdo con el logos de sus representaciones posibles, en ese concepto se produce un tupido proceso de generación de sentidos, capaz de involucrar tres ideas, primordiales en “Summer In My Garden”: la sobrevivencia del yo como sede y fortaleza, la necesidad del apartamiento meditativo, y el sereno entusiasmo de lo vital. De alguna forma, todo esto nos lleva al concepto de lo sagrado.
En un mundo violento, corporativo, casi post-nacional, hiper-vigilado y tecnocrático, el Jardín representa un espacio en reserva, una morada exclusiva. En él también hay una puerta (estrecha y difícil de hallar) para acceder a una dimensión menos imperfecta (y más segura) del mundo. Porque pintar las infinitas parcelas de un mismo Jardín, es, para Ernesto Villanueva, como arribar a la humildad de una sabiduría íntima, a través de un pensamiento artístico que, por fortuna, no termina aún de trascender la frontera de lo instintivo, el sueño y el estado de entusiasmo.
Alberto Garrandés
La Habana, 18 de enero de 2011
¹Fragmento del texto "Una mirada Estival", perteneciente al libro: "Summer in my Garden", Editorial Arte Cubano. 2011.
LA VOZ DEL ARTISTA
Esta serie, Summer in my garden, cuyo recorrido como conjunto conceptual comenzó en mayo de 2009, y que tuvo su clímax durante la última Bienal de La Habana con la publicación de un libro homónimo, y la exhibición de un enorme mural, ha sido creada en su totalidad en la Habana.
Verano en mi jardín es una idea acerca de los espacios privados de felicidad y la unicidad de estos. Es un grito positivo a la intimidad más imprescindible y vital. El tratamiento de la luz es intenso y agresivo, la paleta de colores está completa en toda su extensión y la flor, como símbolo básico, se lanza en busca de una abstracción sin miramientos a lo real ni a lo creíble.
Desde mi primera visita a Cartagena, en 2010, me atrajo la idea de mostrar esta serie en una ciudad que un habanero recorre sintiéndose en casa, arropado por miles de puntos de contacto, y sobre todo por el calor humano.
Para mí es un gusto presentarles esta muestra y dejar así que las obras hablen por sí mismas, con la misma naturalidad y simpatía que la gente de aquí siempre nos recibe. Muchas gracias.
Ernesto Villanueva
La Habana, 17 de octubre de 2012.




