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Atardecer con dos cineastas

He tenido un enorme privilegio: pasar la tarde con dos grandes cineastas del continente y llevarlos hasta el patio del periódico: el cubano Enrique Pineda Barnet (La Habana, 1933) y el español José Luis Guerin (Barcelona, 1960).

Es la primera vez que el maestro cubano Pineda Barnet viene a Cartagena. Fue invitado a integrar el jurado internacional del Festival Internacional de Cine de Cartagena en sus cincuenta años de historia. No sólo es uno de los mejores y emblemáticos directores de cine de Cuba, sino que además es guionista de cine y video, narrador y poeta, vinculado además al teatro, la danza y el ballet. En 2006 ganó el Premio Nacional de Cine por su trayectoria maravillosa en el séptimo arte y por sus realizaciones como “La bella de la alhambra”, premiada en diversos festivales del mundo y Nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1991. Es el director de “Soy Cuba” (1963) y “Giselle” (1963).
Pineda Barnet me propone que hablemos en la terraza del periódico frente al Castillo de San Felipe, porque su amigo español está resfriado y no puede estar en la sala de recepción del diario. Ahora frente al castillo, él me dice que le recuerda al Castillo del Morro de La Habana. Se acerca a decirme en secreto: “Aquí todo me recuerda a Cuba, pero acá todo tiene un olor muy particular. He visto que este festival fílmico que ustedes hacen en Cartagena tiene el don de la diversidad, incluso, me sorprendió saber que hay un ciclo de cine sobre diversidad sexual. A mí personalmente como director siempre me ha interesado abordar al héroe que puede ser el cobarde o el traidor, en términos dramatúrgicos, lo que yo persigo es al ser humano y la desmitificación del héroe. Tengo que decirte que yo jamás aprendí a usar ninguna arma en mi vida, pero subí hasta la Sierra Maestra con la misión de enseñar a leer y escribir a cincuenta niños que ahora son adultos mayores. Les enseñé el sistema planetario con naranjas y toronjas y les enseñé a contar y a escuchar cuentos a través de títeres. Una vez la escuela fue asaltada por una banda de bandidos y cada niño corrió a defender sus títeres. Se llevaron sus títeres para su casa. Ahora ellos, en diferentes disciplinas y profesiones, como médicos, arquitectos o agentes de policía, me cuidan a mí. A veces me tropiezo con uno de ellos que es policía y le digo en burla: “Gordo de mierda, atrévase a imponerme una infracción”. Es, creo yo, mi mayor orgullo, ver a mis niños convertidos en adultos en Cuba. Estoy ahora trabajando en una película que se llamará “Verde Verde” y no es nada ecológico ni tiene que ver con el poema de García Lorca. Una vez escuché en Cuba la frase: “Verde con verde da maduro”, quise hacer algo que aluda la homofobia. Mire: hay algo que me preocupa cuando alguien empieza a hacer cine y comienza con el documental, el cortometraje y el dibujo animado, y alguien le pregunta con ese prejuicio que revela la desinformación y el vacío cultural: ¿Cuándo vas a hacer una película? El corto y el documental, son obras acabadas y no son escalera para ascender a ninguna otra parte. Hay una tendencia hoy de hacer cine de ficción en formatos documentales o hacer documentales en formatos de ficción, porque el arte cinematográfico se retroalimenta, no es algo separado”.
José Luis Guerin, por su parte, quien trajo una serie de sus documentales dentro de la muestra de España, como país invitado, está de acuerdo y amplía el concepto diciendo que eso ocurre en otros géneros literarios y periodísticos. “Cada película es única y singular y el cine de ficción tiene que innovar para evitar anquilosarse, hay zonas fronterizas entre la ficción documental y la ficción misma que permiten abrir nuevas puertas al azar. No podemos plantear el cine de ficción como algo hegemónico, sino como una creación que se mueve en terrenos innovativos y especulativos”. Guerin le hace una pregunta bien difícil: ¿Maestro, el cine cubano nació tan sólo con la Revolución y antes no hubo nada? Y Pineda Barnet recuerda ahora a algunos directores que fueron considerados de calidad dudosa como Juan Orol, el director de “Maracas y bongoes”, piensa que hubo aportes que no siempre fueron reconocidos, pero hoy se está cuestionando algunos cineastas que aportaron a la construcción y búsqueda de una estética visual y una narrativa en el cine. También él está sorprendido al conocer a algunos artistas cubanos que ha venido a conocer en festivales del mundo. “En el caso de Juan Orol, él tuvo el mérito de luchar toda la vida por su cine y tuvo la intención de incorporarse al cine de su país pero fue rechazado”. Pineda valora los aportes continentales del cine: la influencia del neorrealismo italiano, el cine español de Luis Buñuel, Carlos Saura, Barden.
Guerin se dio a conocer internacionalmente con “En construcción” (2001), Premio Goya al Mejor Largometraje Documental. Dirigió una serie de cortometrajes entre 1976 y 1981. Debutó con el largometraje “Los motivos de Berta” (1985), y le siguieron, “Innisfree” (1990), documental sobre la huella que dejó el rodaje de la película “El hombre tranquilo” (1952, de John Ford) en el pueblo irlandés de Innisfree.
Guerin dice que al margen del festival de cine, él ha disfrutado además la ciudad misma que es un escenario vivo del cine. A él le interesa la ebullición humana y las historias urbanas. “Me preocupa la higienización del paisaje que tiene consecuencias atroces en la gente”, me dice y yo le cuento que en Cartagena se perdió el Muelle de los Pegasos como escenario vivo con una terraza y unos barcos partiendo a islas cercanas y lejanas. Ahora hay un lugar higienizado pero sin vida y sin calor humano.
Mientras la silueta del castillo queda atrapado en la penumbra, los dos cineastas desean beberse una taza de café. Salgo a buscar un poco de café. “El mío que no tenga dulce”, dice Pineda Barnet. Me habla ahora de la grandeza infinita y cinematográfica de José Martí, como criatura visionaria de América, con la doble dimensión del apóstol y el guerrero, el humanista y el ser pragmático. Guerin está maravillado con la belleza de la mujer de Cartagena.
Nos prometemos volver a conversar y a encontrarnos, frente a esta misma luz del atardecer cartagenero.

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