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Bolívar en Cartagena

Aún se conserva en Cartagena la partitura de la contradanza “La trinitaria”, que solía llevar Simón Bolívar en todas sus batallas.

La casa en la Calle San Agustín Chiquita en donde llegó por primera vez en 1812 y donde escribió su Manifiesto de Cartagena, exalta su memoria. Fue restaurada por el Banco de la República y es hoy la Casa de Bolívar, uno de los escenarios culturales activos de la ciudad. Bolívar vino a la ciudad en seis oportunidades. En 1814 vino por segunda vez y se hospedó en la Casa del Obispo que se cree estaba en la Playa de la Yerba o Plaza del Ecuador. En 1815 no pudo entrar a la ciudad. En 1823 fue recibido con honores. Coincidió con la bendición del Cementerio de Manga, considerado el primer monumento público desde que Cartagena era libre. El primer cementerio que se había creado fuera del recinto amurallado. La gente aplaudía al héroe al que no le habían permitido entrar a Cartagena bajo el Sitio de Morillo en 1815.
El 24 de julio de 1827 se alejó en la Casa Consistorial. Ese día de su cumpleaños hubo actos en su honor. El banquete lo ofreció el señor General Comandante del Tercer Departamento de Marina, José Padilla en unión del Mayor General, Capitán de Navío Gualterio D´Chitty y el id. de fragata del puerto Jaime Brum. Dice el periódico de la época: “La casa fue iluminada con cuatrocientas luces puestas en cubos y guardabrisas de sobremesa y en el balcón el rótulo: “Viva el Libertador de Tres Repúblicas”. Se sirvieron tres mesas. La principal en la sala. La de los postres en una azotea cubierta con sencillez y decencia y donde se hallaba el retrato del libertador, debajo de un pabellón”. Hubo palabras de Montilla y José Padilla. Bolívar exaltó el valor heroico de la acción de Vargas que dio libertad a la República y el del Lago de Maracaibo.
Se vitoreaba en las calles que era “el único capaz de salvar la patria”. Bolívar dijo conmovido “vuestra fuerte ciudad ha salvado la patria: vosotros sois sus libertadores: algún día Colombia os dirá: Salve Cartagena Redentora!”. Algunas de sus frases elogiosas fueron grabadas en el pedestal de la estatua que está en el parque que lleva su nombre. Bolívar pasó hasta el 7 de agosto en Turbaco y de4 esa fecha hay una carta en la que le dice al Intendente que “He tenido el sentimiento de saber que en la lista del presupuesto del estado mayor, se ha incluido un cocinero mío cuyo sueldo es de cincuenta pesos. Espero que usted se servirá registrarlos y avisarme de la cantidad a que asciende para hacer el reembolso que corresponda”. De Turbaco salió el 8 de agosto por la vía de Mahates hasta Barranca en donde se embarcó en un buque a vapor por el Magdalena. Viajó hasta Zambrano.
Cuenta Porras Troconis que una familia de apellido Grisolle agasajó a Bolívar con una cena en la Calle del Curato y una de las señoritas Grisolle hizo un retrato del ilustre visitante que sorprendió al mismo Bolívar. Una de sus partituras musicales la donó a esa familia en agradecimiento al igual que unas copas de plata. En el Museo Histórico de Cartagena aún se conservaba una pieza de esa vajilla usada por Bolívar en esa ocasión. En la casa museo de Miguel Sebastián Guerrero, se conservaba antes de su muerte la partitura musical de Bolívar.
En 1830, gracias a un documento que es una crónica de la época escrita por José Martín Tatis, se cuenta que residió en la Casa del Marqués de Valdehoyos, casa que por aquella época era de propiedad de Mariano Montilla.
“Un pueblo apiñado lo aguardaba ocupando el trayecto desde el Puente Calzada hasta la Media Luna. A las 5 p.m. pasó el Libertador, que seguía en un carruaje acompañado de don Juan de Francisco Martín, por medio de las filas que de uno a otro lado se habían agrupado. Simultáneamente todos se descubrieron; no hubo ni un viva, como en otros tiempos, y el Libertador, descubierto, pálido y conmovido, entró en la ciudad, recorrió varias calles en que se veían los balcones de las casas cuajadas de señoras, hasta llegar a la habitación del general Mariano Mantilla, donde se hospedó”, cuenta José Martín Tatis. De allí pasó al Pie de la Popa, en el Camino de Arriba. “Lo vieron meditabundo, casi solo, huyendo del bullicio”, dice en sus memorias Posada Gutiérrez. Estremecido de tristeza y depresión al saber del asesinato de Sucre. N durmió aquella noche y se la pasó la madrugada caminando por el patio. El rocío de la noche y el aura destemplada de la mañana, dice poéticamente el memorialista, afectaron la salud de Bolívar, a quien le sobrevino una fiebre. De esa tristeza no se recuperó jamás.

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