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Carlos Fuentes en la frontera invisible

La luz del jardín resplandecía en su rostro. Carlos Fuentes arribó a Cartagena de Indias en la noche del 22 de enero de 2012. El primer invitado en llegar a Hay Festival.

Tenía varias solicitudes de entrevistas de los periodistas del mundo, y nuestra sorpresa luego del mediodía, fue saber que nos esperaría a las 6 de la tarde  del día siguiente.

Carlos Fuentes bajó de su habitación cinco minutos antes de la cita, y nos recibió cerca al jardín del Hotel Santa Clara, para respondernos la primera entrevista de su viaje. Allí lo encontramos. Solo. Impecable. Elegante. De camisa manga larga y jean desteñido como un vaquero salido de una película. Con su mirada vivaz agudizada sobre todos los elementos del hotel. Los huéspedes del hotel lo reparaban de pie a cabeza: ¿Es Carlos Fuentes? Lo veían desbordado de vitalidad y euforia a sus 83 años. “No es que me mantenga joven”, me dice. “Es que soy joven”. “Y la culpa la tiene mi esposa Silvia”.

Para empezar, le dije que sabía que en varias ocasiones había vivido clandestinamente entre nosotros encerrado en un hotel escribiendo novelas. Se rió cuando le dije que su novela “La muerte de Artemio Cruz”, es leída con devoción por los estudiantes de bachillerato en Colombia.

¿Qué significa para usted participar de un festival literario como Hay Festival en Cartagena de Indias?

—Es una oportunidad para estar con otros escritores y con el público de Cartagena. Es  lo más importante.  Este es un público muy generoso, muy abierto, muy extraordinario, lo conozco bien por otras situaciones en las que he estado. De manera que no me tuvieron que rogar para que viniera, vine con mucho gusto. Estoy aquí con mucho gusto. Esta es una ciudad fantástica. Nunca dudé que debía ser uno de los escenarios de Hay Festival. Fue la primera ciudad que se me ocurrió cuando Peter Florence me preguntó en qué lugar del mundo debía replicarse el experimento iniciado en Gales. El nombre de Cartagena de Indias me rondó desde siempre. Mire cómo ha respondido el público. El Hay Festival de Cartagena de Indias es uno de los más importantes del mundo.  Es una experiencia fascinante conocer al público que lo lee a uno.



¿Literariamente como está América Latina?

—Lo que veo es una diversidad formidable. Veo muy bien a América Latina. Nada más que ya se acabaron las grandes clasificaciones continentales, y lo que cuentan son los escritores individualmente  cada escritor cuenta por ser un escritor, no porque represente a México, Colombia o Argentina como sucedía antes. La literatura argentina tiene a Borges, no! Borges tiene a la Argentina que es distinto. Y así podemos seguir y ver que ya no hay propiamente una literatura de predominancia europea en el siglo XIX francesa, británica y rusa, una predominancia norteamericana en la primera mitad del siglo XX, empezaron a surgir los nuevos escritores de América en la segunda mitad. Pero hay escritores individuales: está Günter Grass, Nadine Gordimer, Juan Goytisolo, está Gabriel García Márquez en Colombia. Pero ya como figuras individuales, no como representantes de una nación.

¿Qué piensa de un escritor tan invisible pero esencial como Felisberto Hernández?

—Sí: Felisberto Hernández, es uno de los grandes narradores de principios de Siglo XX, no se le nombra mucho, pero es uno de los grandes creadores.

Se cumple en este 2012 medio siglo de su amistad con García Márquez.

—Sí, medio siglo que me unen a Gabriel García Márquez. Tuve el privilegio de leer Cien años de soledad, antes de ser publicado. Poseo siete u ocho cartas de Gabriel, muy lúcidas y largas, en donde me iba contando cómo escribía la novela.



¿Cuánto tiempo consagra a la escritura diaria?

— Empiezo muy temprano.  De ocho a una de la tarde, todos los días. También escribo de noche. Escribo lo que no había pensado. No hay un secreto. Mientras más escribas, descubrirás que  la realidad es siempre superior a la imaginación y la imaginación busca rebasar la realidad. Son dos contrincantes poderosos. La imaginación te dice: Dame más. Difícil encontrar un tono en la escritura. Lo importante para un escritor es la constancia. La única regla es la disciplina para escribir porque hay muchos escritores que hablan de los libros pero no los escriben. Y hay que sentarse a escribirlos. Escribir es un acto solitario pero fecundo. Siempre estás solo. No es como la música, el cine,  el teatro. Aquí estás solo.



¿De qué manera sus personajes cobran un destino al que usted ha imaginado?

—Todo el tiempo me pasa que un personaje hace exactamente lo contrario de lo que había previsto. Cada personaje tiene vuelo propio. Y cada libro se hace  con la imaginación del escritor, pero también con sus sueños, olvidos, preocupaciones. Lo que hemos querido ser aparece en la escritura, pero también lo que no soñamos ser.  Y aparece un criminal en una historia. Son los misterios de la escritura. La literatura no la rebasa nada. Permanece por siempre. Como el Quijote. Y los lectores como los personajes lo interpelan a uno. Usted también ahora.





¿Cómo ve la vida en un país como Cuba?



—Cuba está en transición, va tener que cambiar. Está cambiando políticamente, no se atreve a cambiar en el régimen penitenciario, por ejemplo acaba de morir este muchacho  en la casa un hombre de 31 años, el preso político cubano Wilmar Villar, que murió en un hospital de la ciudad oriental de Santiago de Cuba, después de cincuenta días de huelga de hambre. Y el sistema penal sigue siendo el de una dictadura totalitaria. Yo creo que mucho va a depender de la manera como los Estados Unidos sepa dialogar con Cuba, y tienen muy buena disposición para dialogar pero ellos (los cubanos) se resisten mucho. Claro, Fidel Castro impone criterios ideológicos  muy severos. Yo creo que son Fidel va a ser más fácil moverse hacia un acuerdo que no signifique de ninguna manera retrotraerse a la época de Batista y perder todas las grandes conquistas en materia de salud, de educación, de la revolución cubana. Solo que  a todo eso, añadiría la democracia simplemente.

Usted hizo su novela “Gringo viejo” a partir de la vida del escritor Ambrose Bierce, uno de los grandes escritores fantásticos del mundo.  ¿Por qué Borges lo excluyó de su antología del cuento fantástico?

— No entiendo por qué, porque Ambrose Bierce tiene todos los honores como escritor fantástico, pero Borges tenía sus propios criterios y uno lo respeta. Pero Bierce está en las antologías reales de lo fantástico.

De tantos escritores que usted ha conocido en la vida, ¿cuál le parece una criatura humana singular?

— Hay escritores que rebasan su propia persona, como el francés Louis- Ferdinand Céline, un escritor perverso. Otros que son modestos y fenómenos públicos como Jean Cocteau. Pero para mí  Julio Cortázar, además de prodigioso escritor, era un ser bueno. Difícil encontrar un hombre bueno como él.



¿Qué anécdotas ha vivido con sus lectores?

—La anécdota más larga que tengo es mi viaje a Moscú, fui invitado cuando Rusia estaba en su poder, y con mucho gusto me presentaron una traducción de un libro de La muerte de Artemio Cruz. Fueron solo 35 páginas. Entonces yo me pregunté: pero, ¿qué pasó? ¡No le dieron de comer! ¿Es un libro de quinientas páginas y solo han quedado 35 páginas?  Si, me dijeron, le hicimos un gran favor, eliminamos todo lo que tiene que ver con sexo y política. Y estoy asombrado porque son 35 páginas, o sea que no había más que sexo y política.  Esos son los avatares de la censura y la censura soviética era tremenda, era la más extrema del mundo.



¿Qué fue lo mejor de la celebración de sus 80 años?

—Fueron dos semanas de celebración, yo no pedí eso, pero decidieron las organizaciones culturales en México invitar a mucha gente para hacer una cosa muy grande. Para mi lo más bello fue hablar ante los universitarios, hablar ante los estudiantes y reunirme con ellos después oírlos. Para mí eso fue la culminación de todo.



¿Qué desea contar en sus memorias?

—Lo más importante es la memoria y el tiempo. Pienso publicar mis memorias el año entrante, en el 2013. Contaré hasta lo que no debía decir de mi infancia. Cuando mi amigo Gabriel García Márquez me dijo que había culminado el primer tomo de sus memorias, yo le dije: No hagas el segundo tomo.  El primer tomo es la infancia y la familia. Porque después de los veintitantos años cuando uno empieza a publicar sus libros, la memoria es la vida que aparece en esos libros. Yo le dije a Gabriel: ¿Para qué vas a contar cómo hiciste Cien años de soledad? La novela está allí. ¿Para qué contarlo?

¿Qué piensa de las memorias de Saramago  que no sobrepasan de sus catorce años?

—Creo que hizo bien al escribir sus memorias de catorce años. Porque después de los 14 solo escribió libros y ya no tuvo vida propiamente. La infancia es  definitiva en la vida de uno. Mucho de lo que hace de grande está determinado por esos años de infancia, por lo que uno fue de niño. Pero la vida es más que infancia también. Uno hace tantas cosas en la vida que no pueden preverse en la infancia.



¿Qué lugar de México le despierta emociones profundas?

—Pues la ciudad misma que ha crecido de un millón de habitantes cuando yo nací a veintidós millones. La ciudad que yo caminaba cuando iba a la escuela, regresaba a mi casa a pie. Ya no es posible, se volvió demasiado grande para ir de un lugar a otro, esas distancias me toman más de una hora, es como cambiar de ciudad. De manera que es mi ciudad con sus defectos, con sus virtudes, la ciudad que odio y quiero. Vivo una pasión con la ciudad de México, ahora que si usted me da a escoger, digo Oaxaca una ciudad preciosa porque tiene arquitectura colonial y arquitectura indígena lado a lado muy bella. Veracruz, que es la ciudad de mi familia, es un puerto que quiero mucho, pero sobretodo es la ciudad de México la que me da  ideas, me da personajes, inquietudes, rebeliones, odios y amores intensos. Buena parte de mi vida es equivalente a la ciudad de México, cómo respondo a esa ciudad.



¿Cómo es la relación de México con la muerte?

—Mire, en México la vida y la muerte son lo mismo. Es decir que la muerte es parte de la vida indudablemente, no es algo aparte sino que es parte de la vida y eso a veces un gringo no lo entiende, definitivamente no lo entiende. Uno está vivo o está muerto, no! Nosotros continuamos a través de la muerte, por eso hay fiestas de la muerte, por eso se celebra las calaveras, las flores, todo el ritual de la muerte está muy presente en la vida mexicana porque ahí está la muerte, en la vida.



La escritora Nélida Piñón dice que el mayor terror de un escritor es amanecer convertido en otro ser. ¿Tiene usted algún miedo metafísico?

— No.  ¡Qué idea fantástica la de Nélida Piñón! Pero los escritores no podemos amanecer convertidos en Kafka o en otro ser distinto del que somos. Yo no tengo miedos metafísicos.

Usted ha sido nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura. ¿Espera ese Nobel?

—¡No me diga! Al Premio Nobel de Literatura no se aspira. El premio es una selección que se da una vez al año premio y la gente que no lo recibe es tan interesante como el que lo recibe. Kafka y Proust nunca lo esperaron. A ese premio no se aspira. Un escritor lo agradece pero no lo desea.





***



El rostro de Carlos Fuentes cambia de luz cuando le pregunto por la suerte de México y sostiene que es partidario de la despenalización gradual de la droga ante la encrucijada de los carteles de la droga que han asolado a su país, un dolor de cabeza colombiano trasladado a México. Fuentes reconoce que Estados Unidos hace poco en esa batalla.

Dice que ve en los rostros de los jóvenes de su país un gran desencanto ante la carencia de oportunidades y el deseo de cambiar la realidad que viven.

“Todo es fantástico aquí en Cartagena”, dice Carlos Fuentes señalándome un grupo de monjes que salen cantando de la iglesia de Santa Clara, dispersando incienso en el jardín.

“Desde que he dormido en este hotel he sentido la bella fantasmalidad de este lugar. Siempre se me aparecen monjas en la habitación y les meto conversación”, dice riéndose.





La premonición



El rostro eufórico de Carlos Fuentes sorprendió recientemente a sus lectores, mientras firmaba libros a lo largo de tres horas sin tregua en Buenos Aires. Dijo de repente que en el cementerio de Montparnasse, en París, había un lugar muy bello que lo estaba esperando.

"Se acerca el momento de ir a ocuparlo", dijo, con una premonición inquietante. Lo que nadie sabía era que el escritor había dispuesto su tumba en Montparnasse y un artesano mexicano Carlos Mal, residente en París la descubrió un mediodía y se estremeció al creer que había muerto.

Carlos Fuentes había entregado poco antes a la editorial Alfaguara su nueva novela “Federico en su balcón”, en la que resucita a Federico Nietszche a las cinco de la madrugada y establece una conversación sobre la vida, Dios y la muerte. Había adelantado que desde el lunes 21 de mayo iniciaría la escritura de una novela que titularía “La fiesta del centenario”, que la tenía estructurada toda en su memoria, capítulo a capítulo.

Había culminado un tercer libro sobre aspectos esenciales de su memoria: “Personas”, en las que evocaba seres que lo habían impresionado a lo largo de su vida. Una de esas personas era Luis Buñuel, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, entre otros.

Las cenizas de Carlos Fuentes viajarán pronto a París, siguiendo la voluntad del escritor, en una lápida blanca que ya tenía su propio nombre:  y su fecha de nacimiento y el guión terrible e incierto de la muerte antes del cierre de paréntesis. Allí reposarán junto a sus dos hijos: Carlos Fuentes Lemus /1973-1999), quien decidió su propio final, luego de no soportar su hemofilia, a sus 25 años.  Y Natasha Fuentes Lemus (1974-2005), quien fue hallada muerta en un callejón del barrio de Tepito, de Ciudad de México, en la noche del 22 de agosto de 2005, a sus 29 años, al parecer víctima de las drogas. Se creyó que había sido asesinada. Le sobreviven su esposa Silvia Lemus y su hija Cecilia Fuentes Macedo, de su primer matrimonio con la actriz Rita Macedo.

Muy cerca de la lápida de Carlos Fuentes estará el espíritu de amigos y autores predilectos: Julio Cortázar, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Samuel Beckett.

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Comentarios

Vea pues, yo venia a leer lo

Vea pues, yo venia a leer lo que decian de la novela Donde carajos Esta Umaña y llegue a otro lado, hasta el de sistema del universal anda mal.