Indicadores económicos
2017-08-19

Dólar (TRM)
$2.994,39
Dólar, Venta
$2.898,00
Dólar, Compra
$2.740,00
Café (Libra)
US$1,50
Euro
$3.515,41
UVR, Ayer
$251,75
UVR, Hoy
$251,74
Petróleo
US$48,51

Estado del tiempo
2017-08-19

marea

Marea min.: -12 cms.

Hora: 04:17

Marea max.: 30 cms.

Hora: 21:43

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 3 a 15 kms/h

Temp. superficial del mar: 27 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.6 a 0.9 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 29 ºC
Máx. 33 ºC

Pico y placa
2017-08-19

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

Sábados de 7 a.m a 3 p.m

N/A - N/A
Taxis
N/A - 0
Motos
N/A - N/A - N/A - N/A - N/A

Cartagena antes de la lluvia

La brisa arrastra el vaho del invierno. No hay una sino múltiples ciudades dispersas  cohabitando en Cartagena de Indias.

Como colchas de retazos de colores disímiles, como un arcoiris de pieles y espíritus,  que no acaba de reconocerse y reencontrarse. Es la sombra de la ciudad con casi cinco siglos desiguales, en el tormento y en la maravilla, contabilizados por la memoria hispánica. Es fácil descubrir más allá de toda apariencia sofisticada que aquí convive la miseria y la riqueza extrema. Y que los descendientes de aquellos africanos esclavizados que murieron en la construcción de la ciudad, aún sobreviven en los oficios más insólitos e inimaginables, en el rebusque diario. A pocos minutos de la ciudad antigua, poco queda de un pueblo de pescadores y de su cementerio borrado por las olas del mar en la que sus habitantes no alcanzaron a llegar al medio siglo. El esplendor del inevitable desarrollo también desigual con los más pobres, ha agigantado las diferencias y las oportunidades de una mejor vida. El más grande escritor forjador de un pueblo mítico que terminó pareciéndose a todo el Caribe en su desgracia histórica y en sus desmesuras humanas sorprendentes, necesitó mirar el pasado para descifrar el presente. Cada fragmento de ciudad,  es la evocación secreta e íntima de una larga y dolorosa epopeya tras la libertad. Cada piedra de la muralla está forjada con sangre de africanos. Y cada milímetro de tierra fue soñada por los ancestros indígenas, los primeros habitantes de Cartagena, cuya memoria fue borrada y vuelta a ignorar  en la celebración del bicentenario de la Independencia. No hay ningún homenaje a la comunidad indígena en Cartagena. Solo el tributo lírico de un escultor español que se sintió cartagenero toda su vida y erigió su propia versión deificada de la niña indígena raptada por un español que terminó siendo española a la fuerza, luego de darlo todo hasta su propia dignidad y el secreto de los suyos. Pero ni siquiera los negros tienen su propio monumento en Cartagena. El mestizaje siempre fue conflictivo y afortunado a la vez, hasta este presente en que para ponernos de acuerdo en un propósito de felicidad  la vida nos cobre tanta sangre y tantas lágrimas. Nadie puede negar hoy que una de las ciudades más bellas del mundo privilegiadas por su naturaleza, su paisaje, su patrimonio arquitectónico y su condición humana, sueñe en esta coyuntura de su historia en reinventar el abecedario tan maltratado y desgastado de su democracia. Y propiciar la oportunidad inigualable de conversar como parientes que se encuentran sobre las encrucijadas sociales y políticas de nuestro tiempo. Y hacer de este encuentro un momento cumbre para desnudar las verdades escamoteadas. Aquí hay pobreza y no debemos ruborizarnos al decir que somos una paradoja viviente: riqueza en la inmensidad de la pobreza. Y que dejaríamos de ser menos pobres si incentivamos la primera fuente del desarrollo: el ser humano. Es decir, abrir la compuerta de las oportunidades sin dependencias ni proteccionismos dañinos. Ver en cada ser y en cada comunidad un potencial dinamizador de nuestro propio desarrollo como nación. No ha empezado el invierno y el solo rocío que arrastra el viento asusta a los más pobres de Cartagena. No somos autosuficientes en el manejo de nuestra propia naturaleza. Y la pobreza de pensamiento también ha empobrecido la relación del hombre en su entorno. Sin inversión en educación y cultura es casi imposible un cambio de panorama en la ciudad. La gran empresa del pensamiento y la creatividad puede aportar iniciativas al desarrollo local. Nadie tiene la última palabra porque la sabiduría no se improvisa, es la síntesis de los consensos. Es preferible el silencio y la prudencia antes que la palabra o la acción precipitada.

Las eternas preguntas nos acechan antes del invierno: ¿Qué clase de desarrollo queremos impulsar en la ciudad y para quiénes? ¿En cuánto tiempo podemos transformar los espacios sociales del miedo y la memoria vulnerada en nuevos lugares para la reconciliación y el disfrute de la vida? ¿Cómo podemos transformar la pobreza en riqueza?

Caen las primeras gotas, livianas y calientes de un invierno impredecible. Gotas de lluvia como espumas que vienen del mar. Como lágrimas de un ángel abandonado y a la intemperie.

LEA MÁS SOBRE Dominical

Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese