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Cartagena en cosecha de bienes culturales

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Un empresario del turismo se detiene frente a un maniquí vestido de Cochero antiguo. Decenas de artistas cansados pero sonrientes se turnan para fotografiarse junto a sus familiares y amigos con sus creaciones festivas.

Un líder juvenil de las faldas de La Popa aplaude todas las interpretaciones y lee las reseñas de los artistas en un catálogo. Una robusta brasilera baila, baila y no para de bailar.

Artistas de calles y plazas, jóvenes músicos, artistas escénicos, artesanos, diseñadores y costureras de talleres caseros le mostraron a la ciudad esa mágica noche el producto de su trabajo creativo guiado por los artistas plásticos Ruby Rumié y Cristo Hoyos y el músico Rafael Ramos.

Son 73 cartageneros y cartageneras de ingresos bajos, seleccionados mediante convocatoria pública, con destrezas en oficios y artes diversos, que iniciaron en mayo pasado un proceso de formación de 260 horas teórico prácticas sobre contexto histórico y cultural, fundamentación artística y organización empresarial, y muestran sus primeros resultados en la Feria: Cosecha 2011 de bienes culturales, inaugurada el pasado 6 de septiembre con una puesta en escena de música, danza, teatro y exposición.

Hoy, en algunos sectores del pensamiento, se concibe la cultura como un recurso oportuno para la transformación de la realidad y la superación de la pobreza. Por ello, afirma el investigador y gestor del proyecto, Alberto Abello Vives, se decidió estimular tres iniciativas culturales: Diseño y Confección de Vestuario y Utilería Festiva, Arte y Calle y Sello Discográfico Lompley que se entrelazan para constituirse en ejemplos de las inmensas posibilidades que ofrecen la creatividad y la diversidad cultural en la formación de negocios y la generación de ingresos permanentes.

Estas iniciativas culturales son impulsadas por la Universidad Tecnológica de Bolívar a través del L+iD Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Alcaldía Mayor de la ciudad a través del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena de Indias, y cuentan con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Cámara de Comercio de Cartagena, Cartagena Emprende Cultura, la Corporación Cabildo, la Escuela Taller Cartagena de Indias, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Centro de Formación de la Cooperación Española (CFCE).

La dedicación y el impulso que le dio el periodista, escritor y gestor cultural Jorge García Usta (Ciénaga de Oro, Córdoba 1960 – Cartagena 2005) al proceso de Revitalización de las Fiestas de Independencia, son recordados en esta “Cosecha de bienes culturales”. La Feria está dedicada a su memoria por su iniciativa y liderazgo fundamentales para el Proceso que en los últimos años ha congregado a decenas de entidades públicas y privadas y a centenares de actores festivos y sociales de la ciudad en una cruzada común por uno de sus más vigorosos referentes de pertenencia colectiva, de cohesión social, de intercambio cultural.



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Varias estatuas humanas se asociaron para estudiar, mejorar su trabajo y organizarse. Luisa, John, Abraham, Germán, Jimmy y otros artistas de la calle grabarán sus composiciones. Y Emanuel, Andrés, Guillermo, Karen, Ana y otros más producirán el disco.

Darío montó a su “caballito de la paz” en el Teatro Adolfo Mejía y la noche del estreno lo hará en el Claustro de Santo Domingo, tal como lo ha hecho muchas veces en ferias de pueblo, en plazas de distinta alcurnia.

Un familiar de uno de los artistas de la calle pide a los organizadores que no desamparen a su hijo, que desde que comenzó las clases se ha alejado de las malas compañías.

Para Rafael Ramos, los artistas de la calle han valorado mucho la formación recibida, los contenidos, los docentes, los programas, y pese a que su sustento deriva del trabajo de calle y que las clases eran todos los días, hubo muy poca deserción en el grupo inicial; se han visto respaldados, tenidos en cuenta, y sienten que su presencia en las calles es diferente, con la autoridad que les da ahora la capacitación.

“El impacto en la calle se va a ver con los nuevos montajes y los vestuarios. El reto es la continuidad en la formación y el acompañamiento en la parte empresarial, para empezar a formalizar o a llevar a un nivel competitivo lo que han hecho. Ahí no se pueden quedar solos, esa es la parte más difícil”, señala Ramos, quien se siente estimulado por el  reto de que los artistas puedan vivir en mejor situación con lo que saben hacer.

El sello Lompley es una propuesta innovadora en un país donde hay pocos agentes para el desarrollo de los artistas, muchas buenas propuestas musicales se quedan atrás porque no tienen el respaldo de un agente que las desarrolle, las presente, la promueva. Para Ramos “el éxito en el negocio está en que el desarrollo del artista sea integral. Hay que preparar una empresa que pueda responder a eso, para allá vamos”.

“Estos jóvenes están aprendiendo que no sólo se puede vivir de componer y tocar. Lompley tiene muchas alternativas para ser sostenible: pueden producir conciertos, discos para otros artistas, comercializar sus propias producciones, hacer formación, presentar su portafolio en los mercados culturales, es un tremendo equipo pensado para eso”, afirma Ramos.



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Jaime luchó gran parte de su vida por olvidar una infancia triste, llena de carencias, y llora al ver en un museo, expuestos como objetos sagrados, elementos cotidianos que hacían parte de lo que trataba de olvidar. Y los vio de otra forma. Y comenzó a sanar.

Luisa Saray, una de las mayores del grupo, dice que a su edad ha descubierto cosas que nunca antes había hecho. José está pensando en ampliar su oferta como joyero experto en filigrana a otros trabajos artesanales.

Maritza dice que los disfraces son todo en la fiesta porque en ellos está la alegría consumada, lo artístico, lo folclórico, la sensibilidad humana.

La sensibilidad es como un músculo que si no se ejercita cotidianamente se atrofia. Un artista debe esforzarse todos los días para no ser uno más del rebaño, dice Ruby Rumié, y señala que frente a la tendencia que hay en la ciudad a victimizarse, proyectos como este son para decir “no somos víctimas”.

“Si hay una ciudad que conmueve hasta lo último es esta, en cada esquina hay motivaciones, experiencias para crear, entonces pensemos qué podemos hacer con el material que tenemos y cómo hacerlo con dignidad, ya ahí hay un cambio de paradigma”, afirma la artista.

Rumié se siente feliz, satisfecha, porque aprendió al tiempo que enseñaba, y recibió junto a Cristo Hoyos la confianza de los participantes: “aunque estábamos arriesgándonos porque no sabíamos cómo iban a ser los resultados, la creación es un acto de confianza y de entrega y ellos confiaron en nosotros. Los invitamos a visualizar a través del arte sus inconformidades, las injusticias que sienten. Tiene que haber una motivación, una pasión, para no hacer un mamarracho sin espíritu”.

Cristo Hoyos descubrió una Cartagena diferente a la imagen que se había formado por los medios: “hay trabajos en los barrios, hay gente investigando, escribiendo, pensando la ciudad y eso no trasciende. Ese conocimiento me ha estimulado. Me deslumbró el grupo de participantes. Me sorprendió que haya tantas entidades de la ciudad apoyando proyectos como este que son tan difíciles de evaluar y de ver resultados. La imagen de ciudad anfitriona, complaciente, no nos permite desde lejos descubrir lo que esta ciudad y su gente generan, sienten, hacen y piensan”, dice.

“Lo que hacemos en este taller es una postura de resistencia en una sociedad permeada por esa estética del narco que se ha asumido, se ha copiado, se ha hecho propia”, dice Hoyos. Agrega que si las ciudades y las regiones contemplaran la necesidad de estos proyectos de generación de cultura, si los tuvieran siquiera en la agenda, habría transformaciones: “estos proyectos nos cambian, nos vuelven otra cosa”.

Alfonso Arce, Lancero de las Fiestas de Independencia 2011 y miembro del Comité por la revitalización de las Fiestas, destaca que por primera vez un encuentro demuestra que lo festivo puede ser competitivo al mismo tiempo que la creatividad genera recursos. “Esta exposición demuestra que cuando hay un proceso de formación bien orientado, bien guiado, los resultados pueden ser óptimos. Artesanos y artistas callejeros, tratados con la dignidad que se merecen fueron capaces de poner en escena y exponer su capacidad creativa, leyendo la cotidianidad, lo obvio y dándole trascendencia artística”, afirma.



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Un  trabajador del CFCE, mientras ayuda con el montaje, dice que esta exposición es la más bella que se ha presentado allí desde que tiene memoria.

Un artista plástico que llegó algo prevenido, esperando encontrar artesanías, afirmó impactado que esta muestra bien merece estar exhibida en el Museo de Arte Popular de Nueva York.

Para una gestora cultural, es el mejor regalo que un grupo de artistas y artesanos le puede dar a la ciudad en el Bicentenario de su Independencia.

Y un actor festivo de trayectoria dice que esta exposición parte en dos la historia de las Fiestas de Independencia de Cartagena.

Mercedes Rizo, Coordinadora Local de Desarrollo Económico Incluyente del PNUD, dice que aunque el reto es aún enorme, la FERIA es un hito de la mayor importancia para esta ciudad y su futuro. Destaca “el entusiasmo, la esperanza y el compromiso de los artistas y emprendedores culturales que han visto una opción real de conjugar sus vocaciones, destrezas y pasiones con la posibilidad de tener un medio de vida digno y sostenible”.

Resaltó también “la fascinación de las personas que tuvimos el privilegio de admirar el resultado de este esfuerzo materializado en colores, texturas, luces, música y discursos poéticos en los cuales estoy segura todos encontramos una proyección mágica de una parte de nosotros mismos, de nuestros recuerdos de infancia, de nuestro ser caribes y cartageneros. Esas manifestaciones hacen parte del ser de cada uno y generan cohesión, alegría y unidad”.

Toda la experiencia se está sistematizando, pues es un objetivo del L+iD buscar aprendizajes desde la práctica, y a partir de allí construir recomendaciones metodológicas y de política para el estímulo de iniciativas o emprendimientos similares. “No tenemos la capacidad para transformar totalmente una realidad, pero sí de mandar señas de que Cartagena podría tener un segmento de negocios donde se produzcan objetos y bienes culturales asociados a los procesos festivos. Es una primera llama de lo que podría ser”, dice Alberto Abello.

Sostiene que estas iniciativas hacen parte de una ciudad imaginada. Una ciudad que cree en las vocaciones y oficios, en la generación de capacidades, en las oportunidades para todos, en la confluencia de académicos, artistas, investigadores, administradores, instituciones y políticos alrededor del propósito del cambio social.

Ahora les toca a los empresarios de eventos, a los hoteleros, a los restauranteros, a la empresa pública y privada, dar su aporte a este proceso consultando el catálogo de la oferta, explorando las múltiples posibilidades de negocios y contratando con estos artistas que han hecho un esfuerzo importante por hacer un trabajo de calidad. Y a los cartageneros y cartageneras, visitar la exposición que estará abierta hasta el 21 de septiembre en el CFCE, apropiarse de los disfraces que la ciudad ha recibido como regalo, recrearlos y vestirlos en la celebración del Bicentenario de la independencia.

Para Abello “este proyecto es de muchos, y a ellos hay que agradecer por los aportes, la dedicación, el esfuerzo, la pasión, la confianza. Por el trabajo en equipo tan duro de alcanzar en nuestro medio. Por la estética que recoge la esencia de la ciudad y la sofistica. Por lo que hay detrás de cada disfraz o canción. En últimas, por la dignidad de nuestra gente de caras radiantes esa noche”.



* Gestora cultural y Periodista.

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