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Cartagena es un ejército musical: Edgar Vargas

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La primera imagen que tengo de esta bella aventura del músico Edgar Vargas es la de un niño mulato del barrio Nelson Mandela tocando su violín prestado bajo las ramas de un mango.

Cuando los músicos de Canadá vinieron invitados al célebre festival de música clásica y se enteraron que había un ejército invisible de niños y niñas de las barriadas tras los pasos de la música, ellos fueron más solidarios que las directivas del festival y se despojaron de algunas de sus monedas e incluso de alguno de sus instrumentos para que estos niños siguieran en la música. Cartagena ha oscilado en estos años en el espectáculo de la pobreza y en la impiedad de quienes viven de la pobreza, incluso la cultura ha incurrido en el despropósito de creer que se cumple con una responsabilidad social con solo rodar a un músico o un artista a un barrio extramuros y lograr de manera episódica, con televisión incluida, el impacto de algo que no ha sido sincero ni honesto.

Pero en el caso específico de Edgar Vargas y su Fundación Música por Colombia, que desde hace 9 años ha logrado cohesionar en este ejército sonoro a 1.060 niños y jóvenes de 12 comunidades de Cartagena, hay un ejemplo con resultados.

“Cartagena no es la misma en esta década que hemos vivido en esta experiencia comunitaria”, me cuenta Edgar Vargas. “El barrio Nelson Mandela donde viste ese niño tocando el violín en un patio ya no es el mismo, y ese mismo niño ya no está tocando a la intemperie sino en una sala adecuada. Creo que es drásticamente distinta la realidad, y eso prueba de que  sí es posible sostener esto que parecía una quimera. Hay 12 centros orquestales en Cartagena en las comunidades: En Manzanillo, La Boquilla, San Francisco, Olaya Herrera, Nelson Mandela, Pasacaballos, Zapatero, Getsemaní, y Bocagrande, donde hemos tenido la sede del proyecto, y de donde ha habido  jóvenes de este barrio residencial han vivido la experiencia de compartir su música con jóvenes de Mandela”.



¿Quiénes son esos niños y niñas de las comunidades que forman parte de Música por Colombia?

—Son niños y niñas de escasos recursos, muchos de ellos en la miseria, que no tienen nada y viven en casas en donde hay diversos conflictos socioeconómicos y también afectivos, de familias desintegradas o fragmentadas. No son comunidades fáciles de integrar a un proceso musical como el que hemos impulsado. Contamos con 21 profesores en esas 12 comunidades: Carlos Orozco en Pasacaballos, Elieth Galarcio en San Francisco, Maritza Yarce en Olaya y Zapatero; Vivian Martelo en Getsemaní, entre otros. El pasado 7 de diciembre fuimos con los muchachos a un concierto en Mompox y uno de ellos se desmayó en el bus y empezó a convulsionar. Lo llevamos donde el médico y además de su desnutrición tenía un gran sufrimiento interior porque su papá había perdido su trabajo en el último año. El contrapunto de estas realidades que enfrentamos a diario en estas comunidades, es el enorme talento y potencial creativo de los niños y niñas de los barrios cartageneros y corregimientos vecinos”.



¿Cómo ha sido la experiencia de jóvenes que han desertado en esta experiencia?

—No ha sido fácil. Hubo mucha desersión entre los jóvenes al principio cuando iniciamos con la música clásica. Nos dimos cuenta que era un proceso. Tuvimos que invertir el proceso, con la música local y ancestral:  la música popular y folclórica, la salsa, y otros ritmos afines a sus propias vivencias. Cuando tocamos el Son de la Loma le llegamos al corazón de cada niño y no volvieron a fallar. Había que resolver la musicalidad y después el estilo de música, desde los ritmos de Cartagena y el Caribe para llegar a Bach y Beethoven. Sí, también, con la champeta. Montamos 17 obras del repertorio popular: mambos, salsa, música del Caribe, y aquello empezó a sonar como una bing band.

¿Cómo se han ingeniado para meter un porro, una cumbia, un mambo en formato sinfónico?

—Nos dimos cuenta que no podíamos quitarle el sabor de cada ritmo y género al presentarlo en formato sinfónico. Si era un porro que sonara a porro. Y no podíamos pretender que tocaran como los músicos de Londres. Les dimos sopa y seco con nuestra música, para poder conocer y explorar lo clásico. Creo que incluso cuando ellos tocan a Bach lo hacen con los elementos propios de su cultura y su ser.

¿Cuántas orquestas se han organizado en estos nueve años en Música por Colombia y cuánto cuesta sostener un proyecto como este?

—Bueno, hay 1.060 niños y niñas: 17 bandas, 22 coros, 19 orquestas infantiles. Estos estudiantes son académicamente mejores desde que conforman estos grupos musicales. Sostener durante un año este proyecto tiene un costo de 300 millones de pesos que aportan 12 empresas. La recuperación social es muy alta en la práctica. Tenemos 7 jóvenes becados en la Institución Universitaria Bellas Artes.

¿Qué empresas invirtieron en este proyecto musical único en el Caribe colombiano y pionero en el país?

— Están comprometidas 12 empresas y muchos líderes que intendieron que invertir en la cultura es invertir en la transformación social: Fundación Mamonal, Reficar, Propilco, Sociedad Aeroportuaria de Cartagena, Fundación Puerto de Cartagena, Fundación Pro Boquilla, Cotelco, Rotarac, Postobón, Capilla del Mar, Carlos y Sonia Haime, entre otros. Cuando arrancamos en el proyecto trabajamos en condiciones muy complicadas y adversas: hoy contamos con escenarios acondicionados en Nelson Mandela y San Francisco.

¿De qué manera ha presenciado usted la transformación social de esos jóvenes en sus entornos?

—Mire, es difícil medir las consecuencias interiores de estos niños que empezaron a sus 5 años y hoy están cumpliendo 14 o 15 años. Haber presenciado en estos años la avalancha de grupos musicales que han venido del mundo convocados por el Cartagena Festival Internacional de Música, ha sido una experiencia inigualable. Al que le tocó esta experiencia tiene hoy otra historia que contar. Una vez en el barrio San Francisco vi llorar a un papá al escuchar a su niño tocando el violín, era como si estuviera descubriendo a su niño  maravilloso y desconocido. Vio usted a los 45 niños y niñas de Música por Colombia en el concierto de la Iglesia María Auxiliadora, en este enero de 2012, bajo el auspicio de Reficar. Vio usted el orden, la concentración, la educación, la decencia, la disciplina y el fervor de estos chicos. Creo que es por allí donde se empieza a trabajar la cultura ciudadana. Nosotros lo estamos haciendo con música.

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