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Centro vivo

Cuando uno coge una buseta en la Bomba del Amparo y se baja en la India Catalina, se expone a recorrer la piel de la ciudad. Una piel que cambia día tras día, de manera casi imperceptible.

Son claras las diferencias de las distintas marcas urbanas que se yuxtaponen entre sí. Marcas urbanas que son huellas, pistas o vestigios de lo que fue y lo que va siendo Cartagena. Puede decirse, por ejemplo, que del Amparo hasta los Cuatro Vientos hay una ciudad nueva: una milla de oro de gran vigencia y proyección comercial.
De los Cuatro Vientos a María Auxiliadora pervive una vigorosa frontera popular, cuyo paisaje urbano nos muestra capas desordenadas de casas que se hacen, se deshacen y se vuelven hacer. Siendo las que están al pie de la avenida Pedro de Heredia, las que más rápido se transforman: comenzaron como casas dignas, como habitaciones familiares y hoy tienden a ser negocios. Un buen ejemplo de ello es la casa del señor Gabriel Pico, muy conocido por su gusto por la música salsa. No se trata de cualquier casa. Es más, es difícil, catalogar el lugar como un negocio. Se trata de la casa donde, desde siempre, habitó “El Safari”: un picó en el que suenan músicas del caribe y las antillas. Músicas que han servido como una banda sonora que acompaña aquella parte de la ciudad. Pues, bien, en virtud de las obras urbanas la casa de “El Safari” se mudó barrio adentro. De manera que nos va quedando la memoria urbana y colectiva, va quedando la historia nuestra que no se escribe en ninguna parte.
Lo mismo pasó con Tesca, una zona de tolerancia donde los cabarets fastuosos son recordados por sujetos que allí trabajaban o que frecuentaban. De oídas, de memoria, de manera verbal uno escucha los cuentos de Tesca. Que de manera clandestina y sin permiso metían a un pelaíto que era un cantante prodigioso de Getsemaní, que le decían El Joe. Que los espectáculos de bailarinas eran los mejores del caribe. Que las meretrices eran tan hermosas que los clientes se las sacaban a vivir. Cuando esa generación, que vivió Tesca, no exista, desaparece para siempre esa parte de la ciudad. Así como se han olvidado tantas cosas de aquí.
De María Auxiliadora al Mercado de Bazurto se vive la experiencia cotidiana de la catástrofe, producto de las decisiones mezquinas y mediocres tomadas por la gente que nos dirige y lo ha hecho desde siempre. Aprendimos a vivir en una zona fuera de control donde ya casi nadie se desespera. Es el lugar donde vive la resignación colectiva. Los conductores ni se molestan en sonar los pitos de los vehículos.

De Bazurto al Castillo de San Felipe se observa y se siente otro cambio en la piel urbana. El Pie de la Popa y sus sectores de influencia adquirieron un sentido funcional de circulación. Una función requerida por la dinámica comercial que finalmente allí se instaló. Asumo que, en ese tramo, los pasajeros de buseta experimentan el alivio que brinda la idea de la proximidad del centro histórico como destino. La buseta va rápido y, así mismo, va sucediendo la oferta de locales y negocios. Un tramo donde, de todas formas, vale la pena darle un vistazo al convento de La Popa y pensar en la virgen que nos cuida. Cosa que creo que es absolutamente verdad, pues, si no es por la Virgen de Las Candelas, el viaje en nuestra hipotética buseta fuera impensable. Sin ella Cartagena fuera imposible.
Cuando la gente se baja de la buseta entonces el centro histórico vive. O, para ser más precisos, medio vive, pues, hace tiempos el centro dejó de ser un barrio nuestro para convertirse en un museo de palacetes que por la noche es zona desierta. Y muchas veces zona de miedo. ¿Qué pasó con las familias, con los habitantes del Centro, incluyendo Getsemaní? Que se vinieron hacia la Bomba del Amparo y se constituyeron en una fuente de memoria y de cultura popular. Memoria que desaparece cuando la gente muere. Gente que regresa todos los días en buseta a un destino cada vez menos democrático. No importa. Lo fundamental es que el Centro nos necesita, aunque no aparezcamos en los libros de historia y sólo se valore la vieja piel de muralla.

ricardo_chica@hotmail.com

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Comentarios

sr chica, usted cuando va a

sr chica, usted cuando va a escribir algo claro. con rasón escribe en un magazin tan mediocre. Ya deje los lugares comunes y busque juicio.

Yo siempre lo he dicho,

Yo siempre lo he dicho, escritor se nace, es un Don de Dios. Por eso, cuando no se tiene, salen cosas asi enredadas, y encima siempre hay una una "lloradera" latente en estos escritos.

Soy un lector, y como tal

Soy un lector, y como tal juzgo y opino, difiero totalmente sus percepciones, me parecio un escrito muy bien llevado y que anima a terminar de leer articulo, como muy pocas vese pasa en este diario. El señor chica, supo describir dentro de un estilo cronico, la realidad de nuestra urbanidad, identifico la sensacion que tenemos los transeúntes y usuario de estos sectores de la ciudad. En terminos generales un texto muy bien llevado. Lo felicito señor Chica.

Yo no entiendo por qué siguen

Yo no entiendo por qué siguen publicando a este señor. ¡Pero si a nadie le gusta lo que escribe! ¡Hasta cuando nos van a atiborrar con este desfile de artículos mal escritos y quejumbrosos!

Señor Chica, le vuelvo a preguntar, ¿por qué no se queda quietito en su salón de clases? Acéptelo: usted nunca ha escrito algo que valga la pena; sus argumentos siempre son flojos y apelan al lloriqueo; nunca ha deslumbrado su calidad; sus textos no tienen voz propia y carecen de fuerza.

Editor del Dominical: sus

Editor del Dominical: sus lectores le suplican, le ruegan que incluya otros textos más refrescantes. Por favor salve el magazin, pues lo está matando con estos textos. Si El Dominical sigue este ritmo, los únicos que lo van a leer son los traseros en los baños sin papel higiénico.

Hay personas que, como

Hay personas que, como algunos foristas, no tienen en cuenta la fuente de un autor en el momento en que escribe. Como cartagenero que soy, no puedo desconocer una abrumadora realidad que es finalmente la que Ricardo muestra en este escrito. Aunque no es uno de sus mejores artículos, nada de lo que dice es falso. Claro, cuando alguien dice lo que pasa, es que anda con "lloradera"... mientras que cuando escriben sobre otras nimiedades culturales, son escritores. Haría falta una segunda parte.