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Cibersexo de dos noches

Un sórdido clic comunica el fichaje y la caza de esta noche, ella y él están dispuestos a probar, a ser otras personas y a garantizar que la interacción será intensa. Es su primera vez.
Vivir por los entramados mundos del ciberespacio se ha convertido en la mejor opción de intercambio sexual en el planeta, poco o nada queda de aquellas cartas eróticas, típicas de la época victoriana del siglo XIX. El internet ha roto la conexión antigua en la que se esperaba un preámbulo cálido y luego seguía la floritura de probar y tocar la carne.
Cartagena igual que el resto del mundo, no es la excepción, su rutina también está plagada de chats, páginas y fan pages que ofrecen sexo virtual a través del internet.

Inicio de la sesión...

Esta vez las redes han conspirado para que “Ina” y el “Guerrero oscuro” se unan tras un frívolo “me gusta” que los ha hecho conectar sus perfiles falsos en Facebook. Ellos encienden sus computadores recordando la cita que se han puesto deliberadamente. Ella yace en ropa interior de color rojo y un corpiño blanco muy sinuoso. Él solo  tiene calzoncillos grises con azul, que dependen del flácido elástico que los sostiene. Ambos escapan ante la negación de tocar la tecla enter, esta los separa de la cuota de cibersexo que deben pagar, tal vez con dinero o con placer desmedido, aun no lo saben, pero aun así, dan rienda suelta a la interacción de sus cuerpos que se descubren a cada lado de las pantallas.
Al  mirar sus rostros carentes de intención y llenos de expectación, los cromas blanco y negro, inundan el cuarto del Guerrero oscuro, que está  lleno de afiches de súper héroes y de chicas medio desnudas, todo junto a una cama pequeña y de poco tiraje. Ina figura como estatua al otro lado del monitor, ella tiene el cabello negro y felino; sus dientes largos y juntos encriptan los datos de una cara sedienta de placer ocasional.
Cuando se abren los chats de estos intrépidos, solo un “hola” pobla las demandas de calor, que no pueden ofrecerse estando tan cerca y a la vez tan separados por el quejumbroso led de la pantalla que  amenaza con romperse si se le toca con brusquedad. Ambos, dispersos en  una extensión de sus habitaciones, se sienten dueños de la triple doble uve (www).  El Guerrero oscuro, es de baja estatura, tiene un bello lunar en la mejilla izquierda y sus labios carnosos encantan a Ina. 
El contacto con la piel es asumido por él, que inicia la charla respondiendo al -hola- que le ha dejado Ina. Este par contacta sus muslos y se mira fijamente. Ella se transforma como lo prometió cuando pactaron su encuentro virtual. Ahora, con su cara empalidecida, encarna a una serpiente a punto de engullir al primero que se le atraviese.
Él y ella están obligados a remplazar las manos por un mouse inestable, a aprender a acariciar el oscuro led de la pantalla, a resoplar tras el audífono conectado a un amplificador y a sonrojarse con el jalón de luz que sale por la web cam. El abrir y cerrar de las piernas de Ina  condenan al Guerrero oscuro a unos segundos de auto placer invicto.
Un pare momentáneo finaliza nuestro vínculo...
Las horas que aderezan el momento entre Ina y el Guerrero oscuro se ven saboteadas por la caída de la señal del internet. 

Dos minutos...

Las ganas se pasman, el momento se extiende, pero luego de dos minutos retorna la estela de avivamiento que se enciende con la llegada del internet.
El punto de encuentro siempre es el chat, este propicia el acercamiento entre Ina y el Guerrero oscuro. Ellos reflejan el desespero, igual a como si estuvieran en la misma habitación, allí sus dedos índice son la guía hacia sus desbordamientos y contenciones.
Las horas han pasado y se extinguen entre la maroma y la zalamería del cínico saludo de despedida. De esta manera Ina y el Guerrero Oscuro liberan una conexión de las tantas a las que se une la red de redes en Cartagena. El cibersexo, es de los fenómenos culturales que ahora habitan la ciudad de los héroes y las murallas.
El intercambio de sexo a través de chat, la subasta y comercialización de  citas on line, el sexting (mensajería con contenido sexual explícito), son algunas de las modalidades que inundan los parajes del mundo, además de la creación de grupos o fan pages como Cibersexo Cartagena, que cada vez se aferran con mayor ahínco en la ciudad. Todo se resume a citas y contraseñas, episodios no narrados, de historias que se tejen alrededor del gran sistema y de la gran ciudad que se dice provista de magia y entretenimiento.

Segunda noche

El Guerrero oscuro, ha quedado satisfecho con su última sesión de cibersexo, la destreza de Ina lo dejó con deseos de más. Su capricho de seguir probando lo ha hecho concretar otra cita, esta vez con un hombre. Él nunca ha sostenido relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, pero la oportunidad que le brinda este espacio virtual es la antesala para que sus más íntimos deseos se cumplan.
“Cité a un convicto del fitness y de las nuevas formas, él es “Supremen”,  pero descubrí que también se hace llamar “Dominique”. Ambos hemos pasado nuestros teléfonos y la voz al otro lado ha abierto las puertas a este Ciberchat”.
Los hombres entre los 20 y los 39 años, son los que más frecuentan espacios de interacción sexual relacionados o parecidos al cibersexo según la Central de medios Estarcom. La mayoría acostumbra a cambiar su identidad, apariencia física, su sexo y edad cuando están en Internet.
El Guerrero oscuro y Supremen quieren algo más enérgico, que dé cuenta de lo fuertes que pueden llegar a ser. Supremen es un hombre de todos los ángulos, tiene estilo hasta para bajarse el bóxer blanco, que combina con sus medias y con una manilla de fina toalla (típica para ejercitarse) que dobla su muñeca.
La noche los convence para que puedan unir, sus ya flameados chats. Lo único que piensa Supremen cuando admira al Guerrero oscuro proporcionarse placer, es que este hombre es puro fuego, juntos miden su fortaleza al provocarse y estimularse, sus respiraciones retumban al fondo de sus audífonos, que a veces se corren con el sudor que les circula por todas las latitudes del cuerpo.
La sesión les permite  vislumbrar anonadados la cantidad de navegantes que también han puesto su whatsApp, en su fan page recurrente. Estos hackers engalanan las horas siguientes, donde empieza a desvestirse la mente ajetreada de ambos, pues sus cuerpos humedecidos solo le dan espacio para acariciar sus zonas de mayor interacción.
El cielo está pintado con tonos turquí y se adoba con el amasijo que Supremen le da a su torneada figura, este es el deleite predilecto para el Guerrero oscuro, que muestra aquel sutil “hola”  que entraña en su núcleo, manías cargadas de complicidad erótica. Así finaliza esta segunda fase de intercambio de intereses puramente sexuales, que combina las intenciones y los gustos de quienes practican el cibersexo.
De esta forma se pacta, (aunque no siempre se cumple), que todo lo que se entregue en línea es producto o material que pertenece a los que se enlazan en estas sesiones, donde el único separador es la pantalla y el mejor aliado es la imaginación.

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