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Son una veintena de acrílicos y óleos sobre lienzo en gran formato, en los que predomina el color explosivo y la figura ingenua e infantil que los franceses llaman arte naiff.
En ella esta inclinación hacia lo lúdico e infantil es un privilegio y una virtud. Jaqueline se inició en el teatro pero siempre la pintura le hizo guiños cada vez más absorbentes. Pintar como niño es lo más difícil del mundo. Y la humanidad cuando estaba en las cavernas hizo un arte que hoy podríamos calificar de ingenuo, pero era la pulsación del espíritu de esa época. Sentir que pintar un venado alcanzado por una flecha era como atraparlo de verdad. Deseo convertido en ilusión visual. Siempre la humanidad ha tenido la necesidad de construir una realidad paralela a la de todos los días, a la simple certera de sabernos mortales.
"Mi carrera artística empezó por el teatro, como actriz, y enseguida me volqué a la pintura. Desde entonces, busco recrear con mis lienzos ese mundo imaginario que suele presentarse como una realidad paralela. Para mí, el puente es el arte y la pintura es el camino. Anhelo montar escenarios en los que pueda jugar a ser el autor y el personaje al mismo tiempo, ese juego artístico a través del cual me siento libre de verdad. Mi pintura no está atada a ningún esteticismo académico. He tenido la oportunidad de mostrar mi trabajo en diferentes lugares del mundo, como por ejemplo: Canadá, París, Roma, Buenos Aires. Y al igual que desde el principio, hoy en día sigo convencida que en un lienzo en blanco todo es posible, parafraseando al poeta Rilke".

“Yo siento a Cartagena, mi ciudad, desde un recuerdo profundo de la infancia: como en un sueño que llevo para siempre en el corazón. Y también siento a Cartagena como a un jardín fantástico, ornamentado con sus propios mares, sus propias ciénagas, sus amores y sus desamores, sus propios desaires, sus propias brisas, sus lluvias arbitrarias, y como a un jardín de auroras boreales de otro infinito. Así siento a Cartagena, y desde ahí pinto toda mi obra”.
Jaqueline pinta lo que tiene a mano y embellece su entorno, con la gracia estética, más allá de lo decorativo. Sus exposiciones en Colombia y el exterior, prueban su talento y su intuición por el color. En algunas de sus pinturas prevalecen elementos de la cultura popular y de la literatura infantil del mundo y la realidad contemporánea. El amor, la soledad y la guerra, la paradoja entre inocencia y crueldad, están allí, porque esa es parte de la realidad que vivimos hoy.
En esta serie hay una variedad de situaciones humanas, como la del beso que sella el final de la guerra mundial en una foto que le dio la vuelta al planeta, está el circo, el soldado y la paloma, los paisajes, y Cartagena, mi ciudad natal, entre otros”.


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EL ARTE NAIF
“El concepto naíf, del francés naïf, alude no sólo a cierto estilo, aplicado en el arte, sino que se formaliza en una graciosa falta de conocimientos técnicos y teóricos: en algunos casos suele faltar un sistema de perspectiva o una línea de fuga así como un ajustado criterio de las proporciones o un elaborado trabajo cromático. En este sentido lo naíf puede estar dado por dos motivos distintos aunque no excluyentes: en primer lugar una ignorancia ("ingenuidad") respecto a las técnicas y teorías para realizar obras de arte y en segundo lugar por una búsqueda (consciente o no) de formas de expresión que evocan a la infancia y en tal caso la sencillez aparente es un elaborado esfuerzo de evocaciones, en el segundo de los casos para que el naïf sea auténtico la intención prístina ha de ser precisamente expresar formalmente lo que evoque a una infancia supuestamente ingenua, este punto es clave: un arte pseudonaíf revela un objetivo materialista comercial dedicado a un público-meta que puede ser potencial comprador”, según Wikipedia.

Obra de la pintora cartagenera Jaqueline Char.
Obra de la pintora cartagenera Jaqueline Char.
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