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Cultura de la violencia

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Un mito urbano muy poderoso en nuestra ciudad consiste en creer que “antes” la ciudad era pacífica, tranquila, una arcadia de la felicidad.

Ese “antes” se puede ubicar en lo que se conoce como el período de “La Violencia”, que comienza con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948. Pervive, entonces, la creencia de que el Caribe colombiano no se vió involucrado en dichos acontecimientos del horror y el odio generalizado entre liberales y conservadores que practicaron el exterminio mutuo.

Y, en efecto, los indicios de la violencia partidista en Cartagena son mínimos, en comparación con lo que ocurrió al interior del país. No obstante, aquí, a fines de los años cuarenta y de manera determinada a comienzos de los años cincuenta se desató una violencia urbana, sin antecedentes, que se hizo muy dinámica y hoy está casi fuera de control. He estado revisando archivos de prensa de la época y desde 1951 aparece una página de judiciales con todo tipo de crímenes: asesinatos, robos, estafas, pasionales, agresiones físicas, pandillismo, atracos a buses, desapariciones. Para entonces Cartagena tenía unos 120 mil habitantes. Antes de ese año, los eventos de violencia urbana eran más bien esporádicos, es decir, no daban para llenar una página de “Sucesos”. Hacia 1953 aparece la primera fotografía que registra un hecho de sangre. Se trata de un plano medio de un cadáver en el Hospital de Santa Clara y pertenece a un ladrón de Chambacú. A mediados del año 1954 resulta casi diaria, la aparición de fotografías de este tipo: accidentes de tránsito, cadáveres insepultos, suicidios, mujeres apuñaleadas en las murallas, atropellados.

Mi primera apuesta es que los hechos de sangre se convierten en relatos urbanos que acaecen en la vida cotidiana y, por tanto, van generando una idea colectiva de lo que significa vivir en la ciudad. En otros términos, la página de judiciales, organiza una geografía que va categorizando las distintas relaciones sociales respecto a la violencia y sus prácticas ¿En qué barrios ocurren los crímenes? En el archivo que estoy consultando figuran lugares como: Caimán (hoy Olaya Herrera), La Esperanza, La Quinta, Tesca, Lemaitre, Torices, Getsemaní. El mapa, setenta años después, es el mismo. Bueno: más o menos, porque, después del asesinato ocurrido en la Plaza de San Diego, los hechos violentos en La Boquilla y el azote criminal que sufre Bocagrande, la geografía del crimen se está tornando más atrevida. Nunca hay que olvidar el asesinato de la pareja de turistas italianos ultimados por un menor de edad, mientras paseaban por la muralla un medio día de 2007.

De otra parte, se detecta en el archivo de prensa mencionado,  la desocupación en  grado muy alto. Hay que tener en cuenta que el sector industrial de Mamonal no generaba tanto empleo, como sí ocurrió, a partir de los años sesenta, hasta principios de los noventa. De igual forma, la inversión pública era muy escasa, para entonces, no había alcantarillado. De las 17 mil casas que había en Cartagena, sólo cinco mil tenían servicio sanitario. De las once mil restantes, seis mil tenían letrinas y el resto acudía a la quema. No estaba organizada la disposición final de basuras. Casi el cuarenta por ciento de la población era analfabeta y, cada vez que llegaba el verano, entre mayo y junio aparecían dos pestes combinadas: tifo y gastroenteritis. Hay estadísticas desde 1945 hasta 1955 que señalan la muerte de dos niños diarios durante ambos meses. Vuelve la pregunta: ¿En qué barrios acaecía esa mortandad? De manera que la cultura de la violencia, sus creencias y sus prácticas, no sólo se manifiestan en el mundo del crimen. También en la ineficacia del Estado, en la corrupción, en la improvisación de los dirigentes, en la discriminación y la exclusión social. Y, ello tiene efectos violentos dados en el medio ambiente, en la nutrición y en la falta de ingresos económicos dignos y estables por cada familia.

Sicarios, fleteros, ruseros, prepagos, jíbaros, rateros, pagadiarios, vacunadores, secuestradores, paseadores millonarios: Desde cierto punto de vista, no son más que oficios, empleos. En mi humilde opinión, la prioridad es muy clara: hay que generar condiciones concretas que aseguren una manera de ganarse la vida por las buenas. Tiene que aparecer la opción de una cultura del trabajo decente y la convivencia pacífica. El hombre primero come y después piensa.



ricardo_chica@hotmail.com

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