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Descubriendo a Eligio García Márquez

Es conmovedor leer este ensayo investigativo de la americana cartagenerizada Margarita Sorock sobre la obra narrativa del periodista y escritor Eligio García (Sucre-Sucre 1947-Bogotá 2001).

Leí en una sola noche hasta un poco más de la madrugada, atrapado con pasión en las 249 páginas de este libro oportuno y reivindicador del aporte de un discreto y valioso escritor que tuvo el difícil y abrumador privilegio de llamarse Eligio Gabriel García Márquez.
En aras de su propia búsqueda personal y de su identidad creadora, este hombre eligió para sí mismo el primer nombre y el primer apellido tras su propia luz más allá de la sombra de su hermano, el Premio Nobel de Literatura.
“A lo largo de su vida, aún dándose a conocer como Eligio García, la gente generalmente terminaba sabiendo que era García Márquez”, dice Margarita Sorock. “Aunque su manera de expresarse era muy diferente a la de su hermano, él se sentía incómodo por las comparaciones que la gente hacía”. Siempre tuvo reservas con aquellas personas que se le acercaban sólo porque era hermano de García Márquez, y resolvió el asunto con esta frase: “Yo no soy hermano de él, él es quien es hermano mío”.
A sus nueve años, un profesor de castellano le preguntó a Eligio si teniendo un hermano escritor, a él le gustaría escribir también y él respondió algo que se convirtió en una batalla de su destino entre el periodista y el escritor de ficciones: “No, señor, porque a mí no me gusta decir mentiras”. Lo que para el novelista es una ficción puede ser una realidad inventada y posiblemente una forma de la mentira para el cronista. Eligio osciló entre esos dos universos: en sus cuatro bellísimos cuentos reunidos de manera póstuma en “Ocaso en el trópico” (2007) hay esa pasión por nombrar un mundo vivido en su juventud cartagenera y un deseo por perpetuar cotidianidades compartidas en el Pie de la Popa, Lo Amador, Manga, y fijar en el tiempo personajes populares de la música, el boxeo, las fiestas novembrinas, el habla popular. Recuerdo haber leído su cuento antológico “El campeón de siempre”, aparecido en Obra en Marcha de Colcultura en aquellos lejanos setentas y el cuento “Esa rara tristeza”, finalista en el premio El Zaque, en 1971. No relacioné en ese entonces ni jamás a ese autor con García Márquez. Por su lenguaje personal y por su mundo vivencial distante en más de veinte años al autor de Cien años de soledad. Siempre me impresionó su manera sutil de hacerse invisible y de ahondar amorosamente en la humanidad de las verdades con ojos de ciudadano sin aspavientos de nada. Esa cercanía en la amistad y esa condición humana extraordinaria fueron para mí un inmenso privilegio. Así que toda su obra la leí con devoción, respeto y admiración: su primera novela “Para matar el tiempo” (1978), su libro formidable de entrevistas a escritores latinoamericanos “Son así” (1982), su reportaje “La tercera muerte de Santiago Nassar: Crónica de la crónica (1986), su documental sobre “La casa de Ernest Hemingway en Finca Vigía”, su documental sobre Héctor Rojas Herazo (tuve el privilegio de ser invitado a entrevistar en su casa al autor de “Celia se pudre” ), su trabajo sobre “Tom Wolfe o la novela periodística” (1991), su investigación “Tras las claves de Melquíades” , sobre “Cien años de soledad” (2001), y algunos fragmentos de su novela aún inédita “Virreyes y reinas”.
Creo que el gran mérito de este libro de Margarita Sorock es reconocer el aporte doble de Eligio García no solo como periodista sino como escritor de ficción, como cronista y cuentista, cuya obra significativa enriqueció lo que aún no ha sido definido de manera clara: el reportaje moderno, el periodismo literario o el periodismo cultural. En todo eso, Eligio fue definitivo y sus cualidades se expresaron en la crónica, el reportaje y el ensayo. Pero de igual forma, su aporte a la narrativa de ficción ahonda en un sendero urbano de recuperación de historias colectivas, humanas, cotidianas.
Sus grandes admiraciones literarias eran Durrell, Hemingway, Capote, Salinger, Mailer y por supuesto, su propio hermano Gabriel García Márquez. Lamentaba no haber podido entrevistar a Juan Rulfo y celebraba su encuentro con Borges, Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, Juan Carlos Onetti y su cercanía y amistad con Ernesto Sábato. Su obra de ficción forjada entre 1971 y 1981 están centrados en Cartagena y su predominio temático es la “juventud, la marginalidad, el deporte, la música, el sexo y la muerte”, precisa Sorock en esta tesis laureada con la que culminó su doctorado en literatura y lenguaje en español en la Universidad de Nueva York, en 2008. Gran aporte el de Margarita Sorock en esta investigación publicada por Ediciones Pluma de Mompox en 2009, que reinvindica a uno de nuestros grandes escritores cuya vida breve nos deja la obra perdurable de un ser inolvidable que creía que la literatura “era la mejor creación del hombre”.

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