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Diego El Cigala: Los caminos sonoros entre España y Cuba

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Aunque el álbum “Lágrimas negras”, se publicó en 2003 sigue dando de qué hablar, es un tesoro que tiene detrás una historia común entre varios mundos y una especial relación entre Cuba y España.

Esta relación abarca lecciones que aún tienen contemporaneidad. Un disco entre el jazz y el flamenco, que para el poeta español Ángel González “es una extraordinaria amalgama en la que la canción antillana suena a cante, y al revés”. El periodista Ben Ratliff del The New York Times, lo pintó como “una fusión de dos lenguajes que resulta en un bellísimo tercer camino”. Uno de sus protagonistas, el mítico Bebo Valdés, manifestó Cigala “puso el flamenco y yo, rasgos de la música cubana que no se usan ya”.

Ese “flechazo” musical entre Bebo Valdés y Diego Cigala después de muchos años de experimentos para fusionar el flamenco y el jazz, con algunos radiantes resultados, no establece un solo derrotero sino fecundos enlaces. Se remonta a la percepción temprana del poeta granadino, Federico García  Lorca, de la cultura negra como elemento que enriquecerá la cultura hispana (flamenca y gitana), “en su doble vertiente afro-americana y afro-cubana”.

Su viaje a América, primero a Nueva York (1929) y luego a Cuba (1930) es una confirmación de aquella percepción. Llega a la Isla por invitación de varios intelectuales cubanos como Fernando Ortiz, José María Chacón, Juan Marinello y Nicolás Guillen, su estadía programada por una semana, se prolonga por tres meses.

García Lorca se siente impresionado por la belleza de La Habana y por la similitud con su Andalucía: “Pero qué es esto? ¿Otra vez España?. ¿Otra vez la Andalucía mundial?. Es el amarillo de Cádiz con un grado más, el rosa de Sevilla tirando a carmín y el verde de Granada con una leve fosforescencia de pez”. Fue tanto su admiración por Cuba que en una carta enviada a sus padres el 15 de abril de 1930 les decía “si me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”.

Lorca refleja en su poesía el mundo de enajenación, desprecio  y opresión de los gitanos y de los negros como “pueblos errantes” que revelan iguales sentimientos y como éstos sólo a través de la música tienen un escape hacia la libertad, pero conducidos o guiados por un elemento simbólico: el duende, corazón de la obra lorquiana. Para el poeta el duende es lo lúdico, lo intuitivo, lo emocional, el misterio, las raíces africanas y árabes ‘de donde nos llega lo que es sustancial en el arte’.  Entonces, tanto gitanos como negros van a encontrar “en el duende su razón de existencia”, porque tal como lo explica Rabassó, ‘todo lo que tiene sonidos negros tiene duende (…)’. Y “sin duende no hay arte”, no puede haber poesía.

“Es una presencia que se siente. Una presencia no definida, una presencia fenomenológica del oyente. La catarsis es necesaria para que el duende llegue al alma”. Esa catarsis bien puede ser comprobada en un fragmento del documental “Old Man”, en el que de forma inesperada, mientras se grababa la canción La bien pagá del disco “Lágrimas negras” que ha  vendido más de un millón de copias en todo el mundo, Bebo Valdés improvisó al piano un largo solo de cinco minutos. La cámara nos muestra la imagen de Cigala, en el estudio, con lagrimas en sus ojos mientras escucha a Bebo improvisando al piano Al terminar la improvisación, Bebo se gira y dice: "Disculpad, la próxima vez lo haré más largo". Lo que sigue confirmando que “al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre”.

Desde que Cristóbal Colón llegó a la isla caribeña y hasta el día de la independencia, las relaciones entre España y Cuba, fueron “algo  distinto a las clásicas relaciones entre una colonia y su metrópoli”, así lo señala J. Albacete, refiriéndose al libro Cuba/España, España/ Cuba de Manuel Moreno Fraginals. Por eso, cuando en 1898 se produce la invasión por parte de los Estados Unidos, luego de cuatro años de guerra contra España, Cuba no dejò de “ser española”, expresa Moreno Fraginals en su libro. Después de la derrota, muchos españoles se quedaron en Cuba, los lazos nunca se rompieron, porque la separación política no implicó una ruptura.

Para Victor Batista Falla, “la tesis de la vigencia de lo hispánico en Cuba”, planteada por Fraginals, tiene su razón de ser en la elocuencia con la que el autor explica la permanencia de nexos personales e institucionales, pues en el nacionalismo de los cubanos no hay rastro de rechazo ni de odio hacia el español.

Este sentimiento se debe a varios hechos: la posición estratégica del golfo que favorece la navegación transatlántica convierte a La Habana en el puerto por donde entran y salen las flotas atiborradas de emigrantes, pero también de esclavos y de mercancías, lo que va a permitir una “economía de servicio y producción” que a su vez ayudará  a configurar una fuerte oligarquía dedicada a la explotación de grandes plantaciones de azúcar. En ese devenir, de manera importante, tiene lugar la ocupación que hicieron los ingleses de La Habana, quienes van a abolir los privilegios del colonialismo y comercializar la sacarosa  a nivel mundial, convirtiéndose Cuba en el primer productor internacional de azúcar. Con esta economía boyante Cuba irá a la delantera, en muchos aspectos, que España, incrementándose así la emigración de peninsulares, especialmente de las Islas Canarias y Andalucía, en busca de un bienestar.

Una tercera mirada a ese gran éxito de Bebo Valdés y Diego  Cigala para llenar los mejores teatros del mundo (Londres, Buenos Aires, Paris. Nueva York, La Habana, México, Madrid, Barcelona, Tokio), y recibir una lluvia de premios la encontramos en la propuesta de María Teresa Linares y Faustino Núñez, en su libro La música entre Cuba y España.  Un viaje por la historia de los estrechos vínculos musicales entre los dos países unidos por un cordón umbilical. Un proceso que los autores analizan desde una doble perspectiva: la “presencia de lo hispano y lo africano en la formación de géneros” en Cuba y la presencia de lo cubano en la música de España.

Señala el legendario pianista que mientras ensayaba con Diego, en casa de Fernando Trueba, el cineasta inspirador de la idea, quien los presentó y produjo el disco, empezó “a descubrir semejanzas entre la música cubana y la española. Por ejemplo, que hay una cadencia malagueña que es exactamente igual que el guaguancó nuestro. Como en otros muchos casos, existen similitudes rítmicas y armónicas gracias a las influencias africanas e indias. Así, naturalmente empezamos a tocar bulerías, seguiriyas y guajiras que aquí llaman colombianas”. Y agregó “en ese hilo conductor que enlaza el flamenco con el afrocubanismo, existen otras analogías entre, por ejemplo, el tango y las comparsas o entre la rumba flamenca y los cantos “de nación” de origen yoruba …”.



Si hacemos memoria, los negros yoruba procedentes de Nigeria fueron los primeros esclavos que entraron a Cuba desde el siglo XVI, después se mezclaron con los ashantis, dahoney y los senegalés. A partir de 1840 la diversidad de esclavos que convivían en Cuba conforman sociedades de ayuda mutua, conocidas con el nombre de “cabildos”, en ellos van a mantener viva sus costumbres y sus prácticas religiosas y musicales que se van a mezclar con la tradición española para dar paso a la música afrocubana.



Entre tanto en 1804, esclavos y terratenientes franceses salen de Haití rumbo a Cuba a raíz de la revolución en Saint- Domingue. Desde entonces y con la abolición de la esclavitud en Cuba (1880), la diáspora de esclavos haitianos y cubanos va a concentrarse en Nueva Orleans (EE.UU.), llevando consigo ritmos de origen francés y español como la contradanza y el cante jondo que al establecer contacto con las estructuras musicales locales va a brotar un nuevo género conocido como jazz, “la música más excitante”, al decir de Fernando Trueba. “La más rica expresión cultural”, según algunos musicólogos.



Enunciar estas verdades es como enunciar lugares comunes, pero es útil recordar las lecciones de la historia, porque aunque la vertiente más importante de la música cubana es el son que llegó directamente de España a partir del siglo XVI, no se puede negar la influencia norteamericana con la introducción de instrumentos como los trombones y la batería. Si bien, el jazz y el flamenco tienen muchas similitudes esa fusión no es fácil ni inmediata por la compleja relación de la música con su entorno social y económico.

Pese a que, gitanos y negros salen de un período trágico de su historia marcado por persecuciones y marginaciones, Cigala cree que “el pueblo gitano ya está integrado en esta sociedad” y espera que “no se siga usando despectivamente la palabra “gitano” ni “negro” ni “moro”. ¡A ver si se dan cuenta de que todos somos hijos de Dios!”.

Creando música del más alto nivel, Bebo Valdés y Diego Cigala, reciben los más grandes elogios. El primero a sus 93 años ha sido registrado entre los músicos cubanos del siglo XIX y XX de la talla de Antonio María Romeu, Manuel Saumell, Ignacio Cervantes K. y Ernesto Lecuona. Por su parte Cigala, con una diferencia de edad de más de cuarenta años con el pianista, es uno de los herederos de Camarón de la Isla, y cuenta con una de las voces flamencas más completas de España, caracterizada por tres tesituras: “notas agudas, un intermedio (felling) y la parte lastimera, triste como la de un barítono, aunque no tiene la tesitura propia de un barítono”

Dicen que Cigala ya no es el mismo desde que compartió escenario con uno de los mejores pianista del mundo. “Conocer a Bebo me sitúa en otro mundo”, “yo ya no puedo estar sin Cuba, voy una vez al año”, comenta Diego.  Su amigo Bebo Valdés solo declara, “no dejes de ser un gitano flamenco que, yo no dejo de ser un negro cubano”.

.“Lágrimas Negras”, un disco inolvidable que recoge nueve clásicos de la música, promete un segundo álbum esta vez con 15 melodías que al igual que el primero seguro se convertirá en una joya.



* Profesora universitaria.

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