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Disfraz de modernidad digital

Hace como diez días un profesor de la Universidad de Cartagena me prestó su tableta digital, un aparato que se conoce también como i- pad. Se pueden conseguir a millón de pesos. Cuando comencé a escribir en su pantalla táctil, cuando comencé a navegar la red y cuando pasé, una a una, las páginas del libro “El Túnel”, me sentí en el siglo XXI.

Fui conciente de mi devenir en el mundo y parte de aquel interrogante de una lejana adolescencia ochentera, quedaba resuelto. La tableta digital, donde convergen todos los medios y canales disponibles, me la tiró plena: en esto consiste el futuro.
En el mundo hay como mil quinientos millones de computadores: faltan como cuatro mil o cinco mil millones de ellos para abarcar el resto de la humanidad. ¿Qué va a pasar en Cartagena cuando una tableta digital cueste trescientos mil pesos y te den de ñapa uno o dos blackberrys? ¿Cómo nos van a implicar esas pantallas en actividades como la educación, la religión, el sexo, el entretenimiento, las amistades o los negocios? Creo que lo primero que hay que pensar es en lo que significa el acceso a la nueva tecnología, es decir, tener plata para comprar los nuevos inventos que aparecen cada ocho meses y, de otra parte, aprender cómo funcionan y sacarle el jugo. No hay bolsillo que aguante y el tiempo escasea.
Poner mis dedos sobre la tableta digital me hizo sentir, una vez más, que en Cartagena no estamos preparados para el mundo que está emergiendo. Peor todavía: como docentes, padres o adultos no tenemos idea de cómo orientar a las actuales generaciones frente a la nueva realidad. Hasta ahora no hemos demostrado capacidad de reinventarnos. Un buen ejemplo de esto es el estado de la calidad de la educación, la cual, está en un estado deplorable. La tableta digital obliga a todos los docentes del planeta a repensar, no sólo las estrategias de enseñanza – aprendizaje, sino, especialmente, cómo abordar el mundo y darse cuenta en qué se convirtió y porqué se transformó. Si en vez de pedir una lista de útiles escolares de millón y medio o dos millones de pesos, piden un portátil o una tableta de esas, el docente tiene que pensar de manera diferente qué significa vivir en este planeta. Desde la primaria toca enseñar pensamiento estratégico, cultura financiera, ética civil, historia de la cultura y de las religiones, relación modernidad – posmodernidad, resolución de conflictos, prácticas artísticas en contexto, emprenderismo e iniciativa empresarial, formulación de proyectos, gestión documental, lenguaje audiovisual, convergencia digital, gestión social y ambiental, sicología de la pareja (sí, hay que enseñar cómo escoger pareja, cómo manejar los fracasos amorosos y manejar la soledad sin suicidarse) el manejo del VIH – SIDA, pedagogía de la constitución nacional, entre muchos otros temas donde los saberes se entretejen ¿Para qué diablos vamos a esperar hacer un posgrado o una maestría para darse cuenta de los saberes convergentes y de lo atrasados que estamos frente a ellos?
Es fácil darse cuenta cómo los niños, niñas y adolescentes aprenden más frente a una pantalla que en el colegio. El problema es qué diablos están aprendiendo, con qué criterios, con qué fundamentos, con qué interrogantes, con qué justificación y de qué forma ¿Cómo están repercutiendo las pantallas en la mente de infantes y jóvenes en Cartagena? Mi apuesta es que en esta ciudad todos nos estamos disfrazando de modernidad digital. Todos estamos jugando al computador, al Internet, al blackberry: es cuestión de moda. ¿Para qué se usan la redes sociales como facebook sino es para el chisme? Eso no es que esté mal, pero, estamos desperdiciando un recurso invaluable.
Nos estamos disfrazando de modernidad digital porque nos estamos acostumbrando a la parte blanda del asunto: todo ahora tiene que ser fácil, rápido, cómodo y divertido tal y como es el reguetón. Eso está bien, pero, ¿para qué? Lo que debemos tener muy en cuenta es que, en este momento, la riqueza más valiosa en el mundo es el tiempo libre. Antes se creía que el tiempo libre era pérdida. Ya no. El tiempo libre es el más productivo porque buena parte de la riqueza mundial se hace con creatividad. No como aquí se hace: atracando, estafando, abusando de los más débiles, lamboneando. Con razón los profesionales más capaces se nos van. O están manejando mototaxis.

ricardo_chica@hotmail.com

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