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Efraim Medina Reyes: Un novelista fuera de serie

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Su regreso ha sido fenomenal. En un solo día se vendieron más de mil quinientos ejemplares de su novela “Lo que todavía no sabes del pez hielo”, recientemente publicada por Seix Barral/Editorial Planeta, 2012, y ya con dos ediciones.

El último domingo de abril en Corferias, tuvo una sorpresa que lo llevó a las lágrimas: el auditorio donde se presentaría la novela estaba colmado con trescientas personas y afuera, sin poder entrar, estaban cuatrocientas con deseos de escuchar al escritor. No había empezado a hablar cuando la turbación de la muchedumbre amenazaba con reventar los goznes de la puerta. El escritor se levantó y salió a la puerta: “Les prometo que al terminar el acto, me quedaré con ustedes otra media hora conversando con los que quieran”. Eso es muy raro que le pase a un escritor. Muy común que le ocurra a una estrella de rock. La segunda sorpresa de la noche fue protagonizada por una muchacha que se acercó al escritor con dos de sus libros: el reciente y su novela Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, que estaba lleno de dibujos con mensajes escritos a color. “Quiero que me autografíe este libro a mi hermana”. El escritor firmó los dos libros y le preguntó a la joven por qué no había venido su hermana. La respuesta fue desconcertante: “Mi hermana murió hace dos años, y adoraba esta novela suya. A ella le hubiera fascinado ver esta firma suya. Pero como ya no está entre nosotros, yo podré verla cada vez que abra este libro”. Efraim Medina Reyes nos confesó con lágrimas en sus ojos, que ese solo acto justificaba la escritura de una novela.

Le pregunto cómo observa después de ocho años de silencio editorial sus propias novelas y me dice que “las veo como esbozos, como borradores que me permitieron llegar a vivir esta nueva novela. Son novelas escritas con gran emoción, honestidad y sinceridad”.

Aquí el escritor no ha venido a contar historias sino a darle forma y contenido a sus emociones, sentimientos y pensamientos. Su mirada es la de un filósofo que ha desentrañado el enigma que separa al humorista del cómico.

Le digo que me sumergí en la novela y me apasiona el ritmo y el tono con  que ha sido concebida. Como si Thelonious Monk tocara su piano y en lo alto de un silencio dejara de tocar y la música se integrara al aliento del aire y la respiración del público, se fuera de repente a orinar y  regresara como si nada, y entre el silencio y la música y la orinada, no se perdiera la esencia misteriosa de la música. Pero me sorprende que la estructura de la novela de Medina contemple algo inusual en las novelas colombianas: la vocación del pensamiento y la necesidad imperiosa de gestar un–criterio alrededor del mundo, la vida, el amor y la muerte. Nos aventuramos a decir que será una de las novelas con grandes y evidentes  méritos en la narrativa del mundo.

Ya en confianza, le digo que siempre me inquietó la manera despiadada y feroz con que se refirió a García Márquez y otros escritores y artistas consagrados.

“Se me fue la mano”, dice Medina. “Yo no tenía el criterio, el argumento y el contexto para atacar a García Márquez. Hablando con su hermano Jaime, le dije un día que el último en tomarse en serio esos ataques sería el mismo García Márquez. Era como un perro ladrándole a la luna.  Una vez, Germán Vargas, que era un ser bondadoso y mesurado, me decía que en el Caribe había espíritu para esas altisonancias. Lo mío eran gritos y reclamos de un joven del Caribe, nacido en un barrio pobre y sin oportunidades. ¡Necesitaba desahogarme! El desafío interior estaba  floreciendo en mí. Y al llegar a Bogotá me indignaba que la gente no tuviera el valor de hacer lo que yo estaba diciendo y haciendo, me molestaba esa posición asolapada, compuesta, viciada. Pero no tenía el criterio. Fui grosero, irrespetuoso y altanero”.

Por fino o transgresivo que sea el humorista, su finalidad es hacer reír”, mientras el cómico no pretende eso sino “expresar un concepto dinámico... imagina un pingüino, un simpático pingüino sobre la punta de un iceberg que se mece bajo la luna y dime si podrías relacionarlo con... no sé, el juez quinto del circuito”. El ser humano es esencialmente cómico, le digo a Medina, cree estar en la realidad, vivir tras un ideal, pero tarde o temprano como bien nos lo decía Rojas Herazo, es un fantasma. Su vida tiene que ser un ejercicio profundo para desafiar la fantasmalidad. Nadie sueña con ser cómico, me recuerda Medina. “Uno debiera ser lo que sueña y no lo que hace.

La imaginación es algo maravillosa en la vida de cada ser humano, y su niña Elisa, de 4 años, lleva al restaurante a su muñeco Giangrandi y pide al mesero que le reserve una silla a su amigo y pide para él un plato de pastas. Medina, como buen padre, paga el plato para el muñeco.



BREVE FRAGMENTO

El esquema pregunta-respuesta es lo único que queda del proyecto fallido de civilización. Tenemos miedo del silencio, de que la mirada de alguien se detenga más de una vez en un punto fijo de nuestra humanidad. Entre desconocidos los interrogantes sirven para evitar los tiempos muertos. Cuando existe atracción es másm simple y claro el objetivo.

Nunca antes había hecho aquel ejercicio y me asustó comprobar lo escasa que era mi vida: una niñez solitaria, una adolescencia marcada por la separación de mis padres, dos años de filosofía a distancia, un año en la escuela de artes plásticas, tres inútiles semestres de mercadeo y algunos apuntes sobre comicidad conceptual.

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