Indicadores económicos
2017-08-18

Dólar (TRM)
$2.980,03
Dólar, Venta
$2.898,00
Dólar, Compra
$2.740,00
Café (Libra)
US$1,53
Euro
$3.485,74
UVR, Ayer
$251,75
UVR, Hoy
$251,75
Petróleo
US$47,09

Estado del tiempo
2017-08-18

marea

Marea min.: -12 cms.

Hora: 03:35

Marea max.: 31 cms.

Hora: 20:56

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 14 a 28 kms/h

Temp. superficial del mar: 28 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.5 a 1.7 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 26 ºC
Máx. 34 ºC

Pico y placa
2017-08-18

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

5 - 6
Taxis
3 - 4
Motos
1 - 3 - 5 - 7 - 9

El gran pedagogo

Partió de cero, con un tablero que colocaba sobre una mesa o sobre el suelo cuando la mesa tenía que desempeñar otras funciones, dos malparados bancos y 108 alumnos, en una casa alquilada con "fantasma" y todo, en la esquina de las calles de la Inquisición con Santa Teresa, donde habitó el destacado hombre público, general Juan José Nieto, hoy "Casa Mapfre".

Y catorce años después era el director - propietario de uno de los más prestigiosos colegios del país; con más de mil alumnos, amplios y funcionales edificios propios, selecta nómina de profesores y los más modernos equipos auxiliares de estudios de la época.
Lo que parecía un milagro, era el producto del trabajo pertinaz, la inteligencia superior y la acerada integridad de uno de esos hombres providenciales que nos reconcilian con la especie humana: Alberto Elías Fernández Baena.

EL HOMBRE

Nació el 20 de julio de 1909, proveniente de familias raizales del terruño. Fueron sus padres don José Ángel Fernández Rincón y doña Francisca Baena Olier. Muy joven, contrajo matrimonio con doña Olga Bustamante Vergara, también de ascendencia tradicionalmente cartagenera.
Cursó sus estudios de bachillerato (literatura, en aquellos tiempos) en el "Instituto Politécnico Martínez Olier", fundado y dirigido por su pariente, Lázaro María Martínez Olier. No continuó estudios universitarios por haberse consagrado inmediatamente a la enseñanza, que era su verdadera vocación. Pero la sociedad en general, sus colegas y sus alumnos, lo elevaron, con respeto y admiración, a la dignidad del doctorado, con sobrados merecimientos. Para todos era "el doctor Fernández Baena".
Pulcro y elegante, generalmente vestido entero de lino blanco, en sus primeros años de docencia se dejó un mostacho "hitleriano" para aparentar más edad, dada su notoria mocedad, que armonizaba con una calvicie prematura resaltadora de su natural distinción.
Afable, su presencia inspiraba confianza y acatamiento, sin perjuicio de asumir posiciones enérgicas cuando las circunstancias lo requerían. Buen hijo, buen padre, buen esposo, buen hermano, buen amigo e incomparable maestro. En fin, un hombre bueno, con una espontánea inclinación a hacer el bien.
Era el menor de seis hermanos, casi todos institutores: José Ángel, médico, que se residenció en Barranquilla; Julia Teresa, una de las precursoras del "Kindergarten" en Cartagena; Carlos, fallecido prematuramente; Héctor, consagrado profesor de primaria; y Guillermo, avezado farmaceuta. Además, tres de ellos, Julia Teresa, Héctor y Guillermo interpretaban diferentes instrumentos musicales.
Sin haber participado jamás activamente en la política partidista ni abrigar sectarismo alguno, fue un gran liberal. Vivía y padecía en su intimidad la suerte de su Partido, que cruzaba momentos difíciles a raíz de una de nuestras tantas violencias. Lo vi conmoverse cuando se enteró del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, por quien no ocultaba su admiración. Su colegio fue refugio acogedor de tantos jóvenes de familias liberales que no podían tener, ni remotamente, acceso a las demás instituciones oficiales o privadas de ese tiempo.
Sus hijos fueron: Alberto, tempranamente fallecido, quien se hizo cargo del colegio cuando él desapareció; Francisco, "Pacho", actual propietario de una acreditada entidad educativa y curtido dirigente deportivo internacional; Javier, arquitecto residente en los Estados Unidos de Norte América; Gladis y Olga.
En sus últimos años descolló como activo rotario y promovió, desde su colegio, recordadas gestas cívicas y deportivas. Un fulminante infarto cardíaco detuvo su inmenso corazón, falleciendo el 23 de agosto de 1970, recién cumplidos los 61 años, en la plenitud de su fecunda vida.

EL COLEGIO
El 4 de enero de 1933, cuando apenas tenía 24 años, funda su propio colegio, al cual bautiza con sus apellidos, "Fernández Baena", con tres cursos de preparatoria y cuatro de filosofía y letras (bachillerato), cuya sede, durante su primer año de existencia, fue la vieja casona de la esquina de las calles de la Inquisición con Santa Teresa.
Comenzó con 108 alumnos, 18 de ellos internos, y ocho profesores: Eduardo Arcila Uribe, Pablo E. Ángel, su hermano José Ángel Fernández Baena, Antonio M. Zapata, Bolívar Franco Domínguez, Rafael Orozco M., Santiago Caballero Paternina y Esaú Conde Ribón.
La matrícula costaba $3.oo y la pensión de los internos $ 20,oo mensuales. Fue reinvirtiendo en la institución sus propios ingresos y al mes de funcionamiento "ya contaba el colegio con algunas bancas y mapas, material que fue aumentando todos los meses de su primer año lectivo, con tres tableros, diez mapas, un globo de 45cms. de diámetro, las bancas suficientes para acomodar 108 alumnos que tuvo al terminar sus labores", según sus propias palabras.
Al año siguiente se traslada a unas dependencias más espaciosas en la calle del Cuartel, en la casa donde nació y vivió el mártir de la independencia cartagenera Manuel Rodríguez Torices y estuvo el "Instituto Politécnico Martínez Olier", actualmente ocupada por la Universidad de Cartagena.
Ese año, 1934, cuenta ya con 173 alumnos y toda la estructura educativa requerida. Abre el "Kindergarten" mixto, bajo la dirección de su hermana, también excelente pedagoga, Julia Teresa Fernández Baena, acompañada de un equipo de consagradas maestras, entre quienes se recuerda a Josefina Fernández, su sobrina; Alicia Araújo, Antonia Elguedo y María V. Elguedo.
Célebres fueron sus sesiones solemnes de clausura del año escolar de esta sección infantil.
La nómina de profesores de primaria y bachillerato se amplió con los nombres de don Víctor A. Pareja, padre de los Pareja - Jiménez; Domingo V. De la Espriella, Rafael Núñez G., Manuel Conde Ribón y Juan N. Payares de la Hoz. El Instructor militar era el sargento Salvador Rodríguez.
Ya el colegio es reconocido en la ciudad, participa con éxito en diferentes actos oficiales, especialmente en el desfile del 20 de julio, y comienza a perfilarse como uno de los centros educativos de la Costa con mejor futuro.
En 1934 abre una Escuela Comercial nocturna, donde, entre otras materias, se estudia derecho mercantil, la famosa taquigrafía Gregg, mecanografía y geografía comercial. Esta escuela no duró mucho tiempo, al ser subsumida por el colegio.
En ese año y en los inmediatamente siguientes llegan a integrar el rol de profesores los doctores Fulgencio Lequerica Vélez, Antonio Barrios Carbonell, Luis C. Padrón, Ricardo Camargo Sierra, Ignacio Vélez Martínez y Mariano Llamas V. Toda una pléyade de jóvenes docentes, recién egresados de las aulas universitarias, con una profunda formación humanística.
Ya en 1936 cuenta con 375 alumnos y en 1938 gradúa los primeros bachilleres:
José Joaquín Prada Caballero, Milton Torres y Benjamín Baena, lo que constituyó un sonado acontecimiento académico en la ciudad.
La segunda promoción de bachilleres (1939) la integraron Armando N. Luján, Ramón Demetrio Morán y Nicolás Lavalle.
Visionario, adquiere a precios módicos varias hectáreas de tierra, situadas en una fresca y hermosa colina del barrio "El Bosque", cuando ese sector se encontraba aún despoblado, con el fin de construir allí sus propios edificios escolares, determinación que muchos consideraron una locura. Persiste y, bajo su personal dirección, levanta el primer bloque de aulas, y en 1948 traslada el colegio a ese lugar, donde habrá de oficiar durante muchos años, constituyendo uno de los mejores calificados institutos de enseñanza del país.
Comienza su era de esplendor. Se hace a un equipo directivo de lujo, encabezado por su ex - alumno y abogado, Armando N. Luján, quien asume la vicerectoría con dedicación absoluta, convirtiéndose en el eje de la disciplina institucional. En aquellos tiempos se decía que los "cocos" de los estudiantes díscolos en Cartagena eran Fragoso en "La Esperanza" y Luján en el "Fernández Baena".
Armando N. Luján, a pesar de haberse lucido en el foro como brillante penalista, lo que le anunciaba un próspero porvenir profesional, prefirió las privaciones de la cátedra, con sus solas retribuciones espirituales, entregándose por entero a su labor de educador, al lado del gran maestro. Lo acompañó fielmente hasta 1968. Lector infatigable, hombre culto, hoy vive Luján, rodeado de su mujer, sus hijos y sus nietos, casi invidente, retirado de sus quehaceres docentes, disfrutando, seguro, de una intensa vida interior colmada de conocimientos.

( De su libro “Cartagena de Indias. Relatos de la vida cotidiana y otras historias”).

TEMAS

LEA MÁS SOBRE Dominical

Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese