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El poder de la pantalla

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Más de mil doscientas millones de personas tienen un computador y acceso a Internet en todo el mundo ¿Qué va a pasar cuando los cinco mil millones restantes tengan la misma condición?

De hecho en Finlandia el acceso al Internet se considera un derecho humano. Hay, de otra parte, cuatro mil millones de celulares en el planeta. En Colombia pasamos de veinte millones de esos aparatos hace rato y como se sabe, un celular no es un simple teléfono, de hecho, va camino a convertirse en una de las herramientas de información más completas que el hombre jamás ha visto ¿Qué implicaciones tienen las miles de millones de pantallas que nos rodean en nuestra vida cotidiana, en inminente futuro? Para enterarse más sobre el asunto vean la entrevista que aparece en la revista Dinero, de la semana que acaba de pasar, al señor Orlando Ayala, colombiano, alto ejecutivo de la Microsoft: http://www.dinero.com/edicion-impresa/caratula/educacion-urge-cambio_701...
De otra parte, es inminente la llegada a Cartagena de los televisores de imagen en tercera dimensión. Sin contar con los Xbox, con los DSI, los WII y un largo etc, que van en evolución imparable. Pienso que hace unos sesenta años atrás, en Cartagena, la gente del común aprendió frente a las grandes pantallas de los cines. Entonces el público se exponía a los contenidos melodramáticos del cine mexicano en su época de oro. Y, por otro lado, la gente seguía con pasión el desarrollo de las radionovelas. Frente al cine y a la radio, de entonces, la iglesia y la escuela eran intransigentes y desconfiadas. Por ese entonces se creó en Colombia (como en casi buena parte del mundo) una comisión que clasificaba las películas según su contenido pecaminoso y desviado, o no. De manera, pues, que el cine mostraba lo que la escuela ocultaba. De ahí el inútil empeño en no permitir que la gente tuviera acceso a lo que mostraba el cine: el madresolterismo, los triángulos amorosos, los aspectos más bajos del hampa, la cultura popular puesta en escena, la moda en todas sus manifestaciones: en el vestir, el caminar, el peinarse, el posar para una foto, el aprender a enamorar o besar, a maquillarse, a bailar, a ser simpático y elegante. Mejor dicho, el melodrama contenido en cine y radio ofrecía una forma de identidad en el plano simbólico – dramático; por el contrario, la escuela presentaba información en el plano racional – iluminista: ahí está el detalle, como diría Mario Moreno “Cantinflas”.

Ahí está el detalle porque la escuela hasta hoy día, sigue practicando la pedagogía en el mencionado plano: de tal forma, pues, que se privilegia el papel pontífice del profesor, siendo el único responsable del aprendizaje sus estudiantes. Así no se motiva nadie. Y menos ahora con el poder inmenso de las pantallas. Lo que aprendieron las gentes de Cartagena hace cincuenta años frente a las pantallas de cine fue una forma de vivir, asumir, entender y practicar la vida. Aprendieron, por ejemplo, que tenían derecho a la ciudad, tenían derecho a cumplir sus expectativas en una sociedad que se hacía cada vez más urbana. Aprendieron, en muchas ocasiones la noción de la clase media; en otros términos aprendieron un conocimiento útil y necesario para ser y estar en la sociedad. ¿Qué aprendemos los colombianos cuando prendemos al unísono la televisión para ver los noticieros? Nos formamos una imagen de nuestro país ¿Qué imagen? ¿Acaso la del pueblo más feliz del mundo?
Aquí el problema es para qué estamos usando el recurso tecnológico. Las redes sociales como la de Twitter y la de Facebook se usan, antes que nada, para el chisme. Pero lo cierto es que se trata de herramientas propias de la nueva economía mundial y en ese sentido la gran mayoría de nosotros no sabemos por dónde va tabla. Se trata de pantallas interactivas que circulan información en tiempo real; pantallas cada vez más baratas ¿Cómo estamos implicados en esta nueva situación, en cuanto a educación se refiere? Sin duda hay que cambiar el modelo mental educativo y reinventar la sociedad, pero, cómo ocurre eso en un país donde la cultura del largo plazo no existe. Donde se sabe que la educación es fundamental e importante pero no se cree en ella. Es por eso que lo mejor es que sean los profesores quienes comiencen a tomar las decisiones de fondo que necesitamos: votar por Mockus y Fajardo, por ejemplo, seguramente es un buen comienzo. ricardo_chica@hotmail.com

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