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Empatía

La empatía es una competencia comunicativa, vital para resolver los problemas del acontecer cotidiano. Muchas veces, no saludar, se constituye en una ofensa que justifica una mala relación.

Uno puede pasar por engreído, cuando no se cumple con ese pequeño detalle. A un nivel masivo, a través de los medios de comunicación, por ejemplo, la empatía resulta crucial. Por ejemplo, a mí me parece que J. Mario Valencia, es un tonto, un antipático y sin gracia. Me cae mal. Estoy hablando de uno de los presentadores más populares de la televisión en horas de la mañana. Lo mismo me pasa con Vicky Dávila, presentadora y periodista, su enfoque de las noticias me parece tan sesgado, tan parcializado, tan oficialista todo. Durante los ocho años de uribato fue tan obsecuente en su quehacer profesional.

Y es que el efecto que la empatía tiene en la audiencia es que uno sienta que está frente a un igual, frente a una persona con la cual se identifica en su forma y en su fondo. El desaparecido Jaime Garzón, por ejemplo, cumplía la función de hablar por uno; de decirle a los poderosos de este país, tres verdades en su cara y, de paso, burlarse de sus estupideces. El Suso, no le llega a los talones al personaje del embolador de Garzón, Heriberto de la Calle; aunque el Suso me cae bien. Y es que la empatía consiste en eso, en caerle bien a casi todo el mundo. Me cae mal Fonseca, por ejemplo, por farsante, por falta de autenticidad, por su tonta mezcla de pop con vallenato fofo. Me cae bien Denzel Whashington: película donde sale, película bien buena. Y es que el negro Denzel tiene carácter, actitud, elegancia, seriedad, sobriedad. Hay mucha gente que quisiera ser así, lucir así. Sus papeles en el cine tienen que ver con la justicia en un mundo tan desigual, tan injusto. Uno encuentra justicia en el cine, en la radio, en la televisión. Se sabe que Colombia es impunidad. Aquí a los malos les va bien. Es por eso que cuando salió el Show de Cristina, se renovó un formato televisivo crucial para la vida de millones de espectadores: la justicia en vivo, la justicia espectáculo. La empatía representa los sentimientos de frustración y tristeza que se tengan y, al mismo tiempo, hacer sentir la reivindicación.

La empatía tiene una capacidad vicaria, es decir, que hace sentir a la audiencia, lo que siente el periodista, el protagonista, el chacho de la película. El formato de la experiencia vicaria resulta muy patente en “¿Quién quiere ser millonario?” o, más claro, en “Millones por montones”: cada vez que se caen los fajos de billetes con doscientos o trescientos millones de pesos, uno siente que se le va el alma al fondo de la olla. La experiencia vicaria es evidente en el melodrama de las telenovelas y de las películas. En “El Joe, La Leyenda” uno siente que Álvaro José es un buen tipo, lo mismo que Mamyoma a pesar de sus perrerías. El que sí es una caspa es Trespalacios: insoportable, como tantos villanos. Como cuando en los años setenta la fallecida actriz, Teresa Gutiérrez, personificó a “La Abuela”: una sujeta maldita y perversa. Contradictoria, porque, ¿Cómo asumir el ser más tierno y lleno de amor, en un sujeto tan lleno de bajezas?

La empatía es muy necesaria para convivir, tanto como la capacidad de mentir. Si uno en el mundo no mintiera, sería imposible facultarnos para relacionarnos con los demás. Hablo de la mentira piadosa y su invaluable utilidad social. No estoy hablando de la mentira de las falsas ilusiones, de la falsa conciencia, del engaño o la traición. Cuando uno quiere irse de una reunión, es fácil y común decir: “Ahora vengo”. De ahí en adelante hay una serie de excusas como: se me dañó el computador; había un trancón (bueno, eso casi siempre es cierto); o, se me espichó el carro. Barak Hussein Obama es un tipo que le cae bien a casi todo el mundo, a pesar que el país del norte cae. George W. Bush es el demonio en pasta. Hugo Chávez ¿A quién le cae bien Chávez? Hago la pregunta porque la empatía se puede perder con el tiempo. No es lo mismo, por ejemplo, con el caso de Lula Da Silva. O, el caso de Cristina viuda de Kirchner, que generó gran empatía después de la desaparición de su marido. ¿Y el presidente Santos? ¿Se acuerdan cuando era una especie de Rasputín criollo? Ahora todo el mundo quiere salir en la foto.

Fíjense ustedes: cómo pasé de los sujetos mediáticos a los sujetos políticos, casi sin darme cuenta. Los medios son para gente simpática. El pequeñín de Nicolás Sarkozy, se salva gracias a la belleza de Carla Bruni (Sale preciosa en la última película de Woody Allen). Y es que, en los medios, si uno no es bello y perfecto, tiene que hacer reír, o tiene que despertar simpatía y credibilidad de algún modo. Y, allí, la forma, resulta medular. El noticiero de la W, por ejemplo, no es lo mismo sin Félix de Bedout. Un periodista frentero, que se la tiraba plena a quien sea y se formaba la disputa, que es lo que genera tema para conversar durante el día. Félix, si lo quisiera, podría postularse a la alcaldía de Medellín, por ejemplo. O de Bogotá. Uno no concibe que un tipo tan feo como Julio Sánchez Cristo sea dueño de una voz tan agradable, tan apacible, es ese un elemento formal de gran importancia en su estrategia de empatía con todo lo clasista, con todo lo extranjerista, con todo lo arribista que es un señor tan querido como él.

El domingo pasado la empatía generalizada y masiva ganó las elecciones a la Alcaldía de Cartagena. Se siente bonito saber que el alcalde “habla como yo, viene de donde vengo yo, es negro como yo”, en especial, si ocurre por primera vez en una sociedad que ha cogido tan golpe como la nuestra. Eso es suficiente para muchos, máxime, en la era de lo sentimental, de lo fugaz y de lo inmediato. Éxitos señor Alcalde.



ricardo_chica@hotmail.com

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