|
Miércoles 23 Mayo de 2012 Ediciones anteriores |
6 mins 9 segs
|
Registrarse o Iniciar sesión
Síganos en: |
Fotografías de Éric Dupuis, captadas en 2011.
Dice Dupuis que “cuando uno camina por las calles de Cartagena de Indias es fácil entender por qué esta ciudad colonial amurallada fue declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1984. El caminante queda maravillado por los refrescantes y sorprendentes colores de las viviendas y edificios: un concierto para el ojo del artista. Una gran parte de las imágenes que muestro aquí fueron tomadas en la vieja ciudad fortificada del otrora imperio español, mientras que otras fueron captadas en barrios menos afortunados como Caño del Oro (o Caño de Loro), Bocachica, Tesca Viejo, Fredonia y Nelson Mandela. Esta colección de imágenes muestra dos extremos de la textura social de Cartagena de Indias: desde fachadas de hoteles cinco estrellas hasta muros de jardines de hogares pobres. Dos segmentos que muestran una sensibilidad común: el deseo de embellecer el mundo con colores espléndidos y alegres”.
Lo que hace a un buen fotógrafo como Éric Dupuis es su ojo sensible, educado, intuitivo, que puede captar algo más que formas y colores: una puerta roja en una casa arruinada, un muro envejecido, un rostro en la penumbra, la silenciosa altivez de la palenquera con su palangana de dulces, un par de viejos sentados en la puerta, los nudos sugestivos de la enredadera cuyo entramado simulan una danza o unos cuerpos enlazados en contraste con el muro cuya pátina parece reproducir los movimientos de la planta.
Cartagena de Indias es una de las ciudades más fotografiadas del mundo Caribe. ¿Adónde irán a parar tantas imágenes que la humanidad intenta atrapar con sus cámaras de viajero? ¿Cuántas veces se ha fotografiado la Torre del Reloj o el Castillo de San Felipe? ¿Cuánta vida ha aleteado en cada imagen? No siempre lo que se intenta retratar se capta, la belleza es huidiza y cada instante es irrepetible en el breve tiempo en que se nos permitió vivir sobre este universo prometeico. La mirada humana es limitada ante el cosmos. Lo minúsculo entraña siempre lo milagroso. Una gota de lluvia, una lágrima, una hoja, unos labios, una ventana, un perro, un tejado, una nube. El color forma parte del espíritu de Cartagena de Indias y Dupuis lo persigue en su intensa y ejemplar caminata por esta realidad de sus plazas y pretiles.