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El origen de un  nombre

Estuvo a punto de llamarse Olegario,  que era el nombre del santo de aquel 6 de marzo de 1927 en que vino al mundo a las nueve de la mañana, en Aracataca.

Su padre Gabriel Eligio sugirió su primer nombre y el segundo de José, el carpintero y patrono de Aracataca. Misia Juana de Freytes propuso un tercer nombre por la alegría reconciliadora que deparaba el nacimiento del niño en las dos familias en conflicto. Así que en el acta de bautismo olvidaron ese tercer nombre: Gabriel José de la Concordia. Este recuerdo cierra el primer capítulo de las memorias Vivir para contarla de Gabriel García Márquez. (Leer más sobre Gabriel García Márquez)

La aparición de este libro confrontó a su biógrafo inglés Gerald Martin (Londres, 1944), quien a lo largo de diecisiete años, se consagró a la escritura e investigación de ochenta años de vida y creación del escritor colombiano y produjo dos mil folios y seis mil notas al pie,  y trescientas entrevistas.

Casi al mismo tiempo en que escribía la biografía se enfermaba de lo mismo del biografiado: Sin duda, una aventura titánica, absorbente, abrumadora, dispuesta a buscar las profundidades no reveladas. Gerald llegó al límite de amanecer bajo la lluvia en Aracataca, para “empaparme del ambiente”. Y en todo este tiempo estuvo por lo menos un mes entero en la compañía de su biografiado en distintos momentos y lugares, públicos y privados. “Todo escritor que se respeta debería tener un biógrafo inglés”, “Escribe lo que veas; yo seré lo que tú digas que soy”, “No me hagas hacer tu trabajo”. Pero el escritor se adelantó al biógrafo en 2002 al publicar los primeros treinta años de su vida en las 579 páginas de “Vivir para contarla” y desafió a todos los biógrafos con su sentencia de que “la vida no es la que unió vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda”.

El primer secreto poco conocido es sobre el apellido del padre del escritor. Gabriel Eligio García Martínez, nacido en Sincé, en 1901, y fallecido En Cartagena en 1984, adoptó el apellido de su madre Argemira García Paternina, nacida en Caimito, 1887, abuela paterna del escritor, y no de su padre Gabriel Martínez Garrido(Sincé, 1872). La niña Argemira García fue seducida a sus 13 años por Gabriel Martínez Garrido de 27 años. El prólogo del libro de Martin se titula De orígenes oscuros 1800-1899,  en el que hace un retrato implacable de los abuelos maternos y paternos del escritor. A la abuela Argemira la describe como “una mujer alta, escultural y de piel blanca, nunca se casó, sino que mantuvo relaciones con numerosos hombres y dio a luz a siete hijos ilegítimos tres de ellos, en particular de un tal Bejarano”.

Sin embargo, su primer amante fue Gabriel Martínez Garrido, abuelo  paterno del escritor, a quien describe como un heredero de una estirpe de terratenientes conservadores; excéntrico hasta rozar el desvarío, había dilapidado casi toda su fortuna”. Trajo al mundo a Gabriel Eligio García Martínez, su hijo ilegítimo,  padre del escritor. El biógrafo cuestiona al abuelo materno Nicolás Márquez Mejía(Riohacha, 1864-1937), quien se casa con su prima hermana Tranquilina Iguarán Cotes: “Como es natural, el espectro del incesto, cuya sombra planea inevitablemente sobre un matrimonio como el de Nicolás y Tranquilina, añade otra dimensión, mucho más siniestra, al concepto de ilegitimidad. Y más adelante Nicolás sembró, tal vez, docenas de hijos ilegítimos después de casarse. Vivía, no obstante, en una sociedad profundamente católica, en la que se respetaban todas las jerarquías y esnobismos tradicionales…”

También el coronel Nicolás Márquez que fue hijo legítimo, fue criado por su abuela. Tuvo dos hijos ilegítimos antes de sus veinte años. A José María (1882) y Carlos Alberto (1884). Tranquilina, nacida en Riohacha en 1863, era hija ilegítima y llevaba los apellidos de dos destacadas familias conservadoras de la región. Nicolás y Tranquilina eran descendientes de familias blancas europeas. Con extrañeza el biógrafo inglés describe como los padres del escritor dejan en manos de los abuelos maternos a un niño de pecho. “No había  cumplido un año cuando su madre lo dejó. Ahora tenía casi siete. Así que sólo entonces, porque ella había vuelto, lo entendió: su madre lo había abandonado. Y Gabito jamás se sobrepondría de ello, en buena medida nunca conseguiría afrontar los sentimientos que este hecho provocaba en él. Y entonces, muy pronto, lo abandonó de nuevo”.

Luisa Santiaga Márquez, madre del escritor, nacida en Barrancas, en 1905, hija del coronel de un ejército derrotado, vencido por los conservadores en la Guerra de los Mil Días, es descrita por su hijo en sus memorias como una criatura de “belleza romana”, que a sus 45 años, sumando sus once partos, había pasado casi 10 años encinta. “Era digna y pálida, y más distinguida que nunca por la moda del año: vestido de seda color de marfil por el talle en las caderas, collar de perlas de varias vueltas, zapatos plateados de trabilla y tacón alto, y un sombrero de paja fina con forma de campana como los del cine mudo. Su abrazo me envolvió con el olor propio que le sentí siempre, y una ráfaga de culpa me estremeció de cuerpo y alma, porque sabía que mi deber era quererla pero sentí que no era cierto”.

   “Resulta difícil entender que Luisa dejase a su primer hijo a una edad en la que podría haber seguido muchos meses amamantándolo. Fuera de toda duda está, en cambio, el firme compromiso con su esposo”- dice Martin. A pesar de las críticas de sus padres, por encima de todos los defectos y excentricidades de Gabriel Eligio, tenía que amar de veras a su marido y se entregó, al parecer sin titubear, a su cuidado. Por encima de todo antepuso su esposo a su primogénito. Nunca sabremos lo que Luisa y Gabriel Eligio pensaron o qué se dijeron mientras tomaban el tren en Aracataca con dirección a Barranquilla, tras dejar atrás a su primer hijo. Sabemos, en cambio, que la primera iniciativa de la joven pareja fue un fracaso financiero y que, sin embargo, a los pocos meces Luisa volvió a quedar encinta; volvió a Aracataca a dar a luz a su segundo hijo, Luis Enrique, que nacería el 8 de septiembre de 1928. Esto significa que tanto ella como el recién nacido estaban en Aracataca durante el período que culminó con la masacre de los peones bananeros de Ciénaga en diciembre de aquel año y los muchos asesinatos que posteriormente se cometieron en la propia Aracataca y alrededores. Uno de los recuerdos tempranos de Gabito era el de los soldados que pasaban frente a la casa del coronel”.

No podría entenderse el contexto social y cultural de aquellos años veinte y treinta en el Caribe colombiano en la mirada del inglés, donde era común dejar los niños en casa de tíos y abuelos, y comprender la dimensión de la distancia geográfica en aquel tiempo, entre Sincé y Aracataca. Para el biógrafo el escritor fue abandonado por sus padres. No es precisa ni exacta la definición de Luisa Santiaga, como “la hija díscola del coronel”.  El coronel por su parte, se opuso siempre a la relación entre Luisa y Gabriel Eligio, porque además de “pobre y forastero, era hijo ilegítimo, y, quizá lo peor de todo, ferviente incondicional del detestado Partido conservador”. 

El escritor en sus memorias precisa que “entre los argumentos fuertes contra Gabriel Eligio estaba su condición de hijo natural de una soltera que lo había tenido a la módica edad de catorce años por un tropiezo casual con un maestro de escuela… Gabriel Eligio era un ejemplar distinguido de aquella estirpe descamisada. Desde los diecisiete años había tenido cinco amantes vírgenes, según le reveló a  mi madre como un acto de penitencia en su noche de bodas a bordo de la azarosa goleta de Riohacha vapuleada por la borrasca. Le confesó que con una de ellas, siendo telegrafista en la población de Achí a los dieciocho años, había tenido un hijo, Abelardo que iba a cumplir tres. Con otra, siendo telegrafista de Ayapel, a  los veinte años, tenía una hija de meses a la que no conocía y se llamaba Carmen Rosa”. Todo ese universo conyugal complejo y en conflicto sirvió de material para la construcción de su novela El amor en los tiempos del cólera, en la que Luisa y Gabriel Eligio, alimentarán el espíritu de  los amores contrariados entre Florentino Ariza y Fermina Daza.



MACONDO ESTABA EN SU CASA

    Vistos y confrontados los árboles genealógicos de la familia Márquez Iguarán y García Martínez y la familia mítica de los Buendía en Cien años de soledad, hay demasiados puntos de encuentro y semejanza. La familia materna tiene sus ancestros españoles en el Coronel Nicolás del Carmen Márquez (1780 Castilla-España), abuelo del Coronel Nicolás Nicolás Márquez, abuelo del escritor, y de Juanita Hernández (1795 Andalucía), esposa del primer coronel. De esta unión nace Nicolás del Carmen Márquez Hernández (1820 Castilla), quien se casa con Luisa Josefa Mejía Vidal (1838 Riohacha), de cuya unión nacen: Wenefrida Márquez Mejía, Francisco Márquez Mejía, Armando Márquez Mejía, Nicolás Márquez Mejía. De la relación extramatrimonial entre Rosa Antonia Iguarán Hernández  y Agustín Cotes (1825 Fonseca),  nace  Petra Cotes, hermanastra de Tranquilia Iguarán, y “emparentan a la familia de García Márquez con Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen, José Francisco Socarrás, Poncho Cotes y Ruth Ariza Cotes”, según Gerald Martin.

    La familia paterna proviene de Pedro García Gordón, finales del siglo XIX, en Madrid. Su hijo Aminadab García (Caimito, 1834) tiene una relación extramatrimonial con María de los Ángeles Paternina Bustamante (Sincelejo, 1855), allí nace Argemira García Paternina (Caimito 1887 1950 Sincé), abuela del escritor, de cuya unión extramatrimonial con Gabriel Martínez Garrido nace Gabriel García Martínez, padre del escritor. De la unión matrimonial con Luisa Santiaga Márquez nacen: Luis Enrique (Aracataca, 1928), Margarita (Barranquilla, 1929), Aida Rosa (Barranquilla, 1930), Ligia (Aracataca, 1934), Gustavo (Aracataca, 1935), Rita del Carmen (Barranquilla, 1939), Jaime (Sucre, 1940), Hernando  (Sucre, 1943), Alfredo  (Cuqui, Sucre 1946-1998), Eligio Gabrie    La familia paterna proviene de Pedro García Gordón, finales del siglo XIX, en Madrid. Su hijo Aminadab García (Caimito, 1834) tiene una relación extramatrimonial con María de los Ángeles Paternina Bustamante (Sincelejo, 1855), allí nace Argemira García Paternina (Caimito 1887 1950 Sincé), abuela del escritor, de cuya unión extramatrimonial con Gabriel Martínez Garrido nace Gabriel García Martínez, padre del escritor. De la unión matrimonial con Luisa Santiaga Márquez nacen: Gabriel José (Aracataca, 1927), Luis Enrique (Aracataca, 1928), Margarita (Barranquilla, 1929), Aida Rosa (Barranquilla, 1930), Ligia (Aracataca, 1934), Gustavo (Aracataca, 1935), Rita del Carmen (Barranquilla, 1939), Jaime (Sucre, 1940), Hernando  (Sucre, 1943), Alfredo  (Cuqui, Sucre 1946-1998), Eligio (Yiyo), Sucre 1947-2002).

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