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Gallina que sigue a pato muere ahogada

Acaba de terminar una semana especialmente violenta en nuestra ciudad. Y, me parece, debemos cuestionar seriamente el mito de que es un fenómeno cuyos factores son, casi exclusivamente, externos.

Se trata de una idea con la cual la mayoría de nosotros nos sentimos cómodos. Creer que las gentes del caribe colombiano son las más pacíficas del país, es aferrarnos a un pasado reciente (y con toda razón). Costeños pacíficos y felices es un referente que encontramos en los textos escolares vigentes; en los discursos oficiales; en la nostalgia colectiva; en los estereotipos y perfiles que aparecen en los medios de comunicación: telenovelas, programas de humor, comerciales, etc.
Hay que pensar una semana como la que acabamos de ver en las páginas de sucesos, en las de Q’hubo, en los noticieros radiales y televisivos locales y nacionales. Lo primero que hay que aceptar es que la ciudad cambió para siempre y, a mi juicio, hay un punto de quiebre que coincide con la apertura económica del gobierno de César Gaviria. Un giro sin reversa que consiste en un cambio económico súbito, sin precauciones, radical y profundo. No estábamos listos. “Hoy cerraron Alcalis” me dijo papá, con voz firme y cara severa. Eso fue comenzando los noventas, la mayoría de clientes que compraban sus libros estaban ahí. Y desde ahí fui testigo de la debacle: buena parte de los obreros comenzaron a comprar taxis chevrolitos. El tío Edgar, fue uno de ellos. La ciudad, de manera inusitada, se inundó de una mancha amarilla de carros vacíos que circulaban por todas partes. También me acuerdo cuando cerraron el Terminal de Manga. Ahí cayeron varios primos y un tío que eran operadores y estibadores. Sólo uno de ellos logró pensionarse. Los otros quedaron al garete y se lanzaron a la calle, como cientos de miles, a ganarse la vida como viniera.
Pienso en los años noventa porque, para entonces, el Distrito de Cartagena desperdició la oportunidad de ser el accionista principal de la actual Sociedad Portuaria y nos privó de un activo estratégico para el desarrollo social y económico para todos. Lo mismo pasó con la privatización de las empresas públicas, en especial, cuando se compara con procesos como el de las empresas públicas de Medellín o de Bogotá, que tuvieron mejor fortuna tanto empresarial, como social. En Cartagena, por lo menos, el servicio de luz es malo y caro: pensar que tuvimos la opción de comprar energía directa con EPM y no con un intermediario como Electricaribe.

El cambio económico en Cartagena tiene efectos en las prácticas culturales colectivas e individuales. Las nuevas condiciones económicas inciden en nuestra mentalidad. Además, llegaron los desplazados y engrosaron los barrios por miles. Su presencia agudizó la desigualdad en una ciudad que no está preparada para recibirlos. De otra parte, la influencia de los llamados señores de la guerra se hace sentir en muchas actividades económicas y urbanas. Ahora, desplazados y violentos son factores internos. En los años noventa las violencias urbanas se integraron con las violencias rurales y reforzaron una poderosa fuente imaginaria: el miedo. Se trata de una fuente de odio. No se quiere a nadie. El miedo es un obstáculo mayúsculo para construir lo público que es el habitar juntos y pacíficamente. La cultura del miedo consiste en encerrarse en la casa. El miedo ya no es exclusivo de ciertos sectores, pues, ocurre en Bocagrande o el Centro Histórico. El miedo ya no es sólo de noche, sino de medio día. Una mañana de hace cuatro años iba en el chicamóvil por Bazurto y, de la manera más insospechada, todo estaba lleno de motocicletas: ya van cincuenta mil.
Junto con el cambio económico de los noventa vino la cultura mafiosa que es socialmente aceptada. Ahora, lo malo es ser bueno. De manera que la gente por plata hace lo que sea. Personalmente creo que no todo vale. Creo que el buen ejemplo tiene que recuperar todo su prestigio social. Los niños y los jóvenes, ahora más que nunca, deben tener muy clara la diferencia entre lo debido y lo indebido. No se puede permitir un novio traqueto en la casa, ni cosas por el estilo, por una simple razón: gallina que sigue a pato muere ahogada.

ricardo_chica@hotmail.com

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