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Gerald Martin: La hazaña de un biógrafo

Una sensación amarga e iluminada me depara la lectura de “Gabriel García Márquez: Una vida”, la monstruosa y gigantesca semblanza biográfica de 762 páginas del inglés Gerald Martin, publicada en este octubre de 2009 por Random House Mondadori.

Es un libro avasallante y minucioso sobre los ochenta años de existencia fecunda y compleja de García Márquez, que no se limita al ciclo humano entre 1927 – 2007, sino que delinea la historia secreta de la aldea natal y del país entre 1800-1899. En tres inmensos capítulos, Martin resuelve casi un siglo de historia.
En primer lugar, parece en verdad la hazaña editorial de un biógrafo que se adentra en los intersticios humanos, oscuros, sórdidos muchas veces, para descubrir contrastes y privilegios, de la familia paterna y materna del escritor, y orígenes también oscuros y pervertidos de una nación que no termina por reconciliarse. Parece de veras, más allá de todos sus logros evidentes, un libro sobre alguien que murió hace mucho tiempo. Tal vez por eso, un escritor como García Márquez se resista a ser biografiado.
Es una tarea descomunal, desolada en sí misma, que pone en la balanza los hallazgos deslumbrantes e implacables de una vida y una obra, pero también la confianza, las infidencias, las contradicciones y el sentido riguroso de un biógrafo inglés, al que pareciera no bastarle trescientas entrevistas en dieciocho años de investigación para acometer semejante empresa y prometer un segundo tomo sobre la biografía de la familia. Hay en todo ello, desmesura y desafío, y un contrapunto cultural y de traducción que cuestionan muchos momentos de la vida del biografiado. Fue tal la intensidad de esta investigación que Gerald Martin se iba enfermando casi al mismo tiempo en que se enfermaba su biografiado.
La conclusión al leerla es que García Márquez es a pesar de provenir de un Caribe de tramas complejísimas: el origen guajiro de su madre y de sus ancestros maternos, la permanencia breve y fugaz en Aracataca y el contrapunto del Sincé de su padre Gabriel Eligio García y sus ancestros paternos, los contrastes temperamentales y humanos entre su abuelo materno, el Coronel Nicolás Márquez y su abuelo paterno, Gabriel Martínez Garrido, su abuela materna Tranquilina Iguarán y su abuela paterna Argemira García Paternina, los retratos de dos núcleos familiares distintos pero en esencia con rasgos comunes y contradictorios. La visión de Martin es polémica y discutible: el escritor proviene de “esta mescolanza caótica de raza y clase, con tantas posibilidades de ilegitimidad y un único camino, recto y estrecho, a la verdadera respetabilidad, es el mismo mundo en el que muchos años después crecería el pequeño García Márquez, y de cuyas perplejidades e hipocresías participaría”. Es probable que su enfoque cultural y su traducción puedan generar equívocos a la hora de cuestionar las vidas del coronel y del padre del escritor y las dos abuelas, pero en esencia, lo perdurable y lo consistente es que el escritor es y será a pesar de cualquier hallazgo infidente de su genealogía.
Mi conclusión es que nada pudo impedir el destino de uno de los mejores escritores del mundo, nada, ni siquiera la pobreza, los amores contrariados, los conflictos sociales, la adversidad, la eterna batalla contra la pobreza de su padre, los oscuros orígenes de la nación, la tendencia colombiana a la fatalidad, nada pudo impedir que surgiera el escritor que es Gabriel García Márquez. El enfoque familiar puede ser cuestionable pero desde mi perspectiva, los rasgos temperamentales del escritor son una suma afortunada y sintética de su padre y su abuelo, sus dos abuelas: la guajira y la sucreña: el poderío de la imaginación verbal, la desmesura de vivir y amar, la inclinación a mitificar la existencia, ser la hoja y el fruto de un árbol cuyas ramas abrumadoras iluminan las historias personales y colectivas en las que se retrata el Caribe colombiano. Tuve el gran honor de conocer de cerca a su padre y a su madre y vi en ellos muchos rasgos humanos y espirituales que engrandecen a García Márquez. Ante la avalancha descomunal del acervo de Martin y la hipérbole vital y literaria de García Márquez, hay el riesgo de contar con el rigor despiadado del cronista o historiador, una vida fascinante y triunfal en medio de las más dolorosas y espléndidas paradojas.
La advertencia y el regaño del primer maestro de periodismo que tuvo García Márquez, el primer jefe de redacción de El Universal, Clemente Manuel Zabala, cobran hoy otra dimensión en la historia: “Dime una vaina, Gabriel: ¿en medio de tantas pendejadas que haces has podido darte cuenta de que este país se está acabando?”. Esa pregunta tiene hoy sesenta y un año de haber sido formulada y depara a los lectores nuevas respuestas.
El libro se cierra en la mañana apoteósica de la celebración de sus ochenta años en Cartagena de Indias. Había mucha gente llorando, le dijo Martin. “Yo también estaba llorando”, dijo García Márquez. “Sólo que por dentro”.

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