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Javier Castillo se alejó de 'la camita' y cambió la manera de bailar champeta

Debajo de su uniforme del SENA, Javier guardaba una sudadera y unos tenis. Era casi un niño y se despedía en su casa todas las mañanas, como si de verdad fuera al centro de aprendizaje a recibir clases, sin embargo su ruta era otra.

Se desviaba al Centro Histórico, específicamente a Bellas Artes y ahí permanecía horas y horas bailando. Mientras, se imaginaba su futuro: luces destellantes moviéndose a lado y lado del escenario... una entrada impredecible... un gran artista moviéndose según sus pasos... un público tratando de imitar su coreografía y al final (y no por arte de magia) las felicitaciones.

El baile era su pasión y su padre no podía entenderlo. Su madre, sin embargo, fue su primera “alcahueta” y quien lo impulsó a hacer lo que le dictaba su cuerpo.
Criado en el barrio Zaragocilla, Javier Castillo es uno de los más solicitados coreógrafos de Colombia y más importante aún, la primera persona que le dio la vuelta a la forma de bailar champeta en la ciudad, cuando empezó a surgir el término “champeta urbana”.

A ´La camita´, ´el perrito´, ´el golpe´ y algunos otros pasos de champeta, los transformaron o mejor dicho, los reemplazaron.

“Pensé que si había que cambiar la lírica, los videos y el beat, había que cambiar el baile porque normalmente la champeta es predecible. Tres cuatro pasos y ya.. Para ser competencia en el mundo hay que enriquecer la puesta en escena”, explica. Su respiración pausada oculta que minutos antes estuvo ensayando.
El exitoso cartagenero cuenta su historia con la misma gracia que le imprime a sus pasos y es que vive de la danza desde que decidió que no quería ser un trabajador común.. quería ser libre. Además, sintió que debía ser agradecido con Dios, porque fue quien le dio el don.
“En la champeta”, continúa, “incluimos pasos de coupé decalé, un ritmo de Costa de Marfil muy parecido a la champeta... digamos que es su hermano. Y es la evolución de la champeta africana.”.

Aprendió de los más grandes artistas del baile y eso es por mucho, una educación inigualable. Ha estado en talleres al lado de Marty Kudelka, coreógrafo de Justin timberlake y del reconocido Shane Sparks, de Cincinnati, Estados Unidos, quien ha trabajado con programas como So You Think You Can Dance.
Como la considerada champeta urbana integra ritmos de dance hall, hip hop, y reguetón, Javier busco una adaptación que marcara la diferencia. “El cambio de la champeta contribuyó a internacionalizarla y es que no podíamos salir con pasos que de entrada  a la gente no les gustaran. El coupé decalé tiene más que todo movimientos pélvicos y bastante afros”.

Javier ha representando a Colombia dos veces en la competencia Hip hop International, en Las Vegas junto a ABC (bailarines oficiales de J Balvin) y es el coreógrafo de cabecera de Kevin Flórez. Ha trabajado con Maluma, Karoll Márquez, Proyecto Uno, Adriana Tono, entre muchos otros.

Un mochilero con una pasión
En 2001, Javier creó el movimiento Los buenos muchachos, donde había bailarines, cantantes, grafiteros y productores. Desde allí entabló una sólida amistad con Kevin Flórez y “Farra” Flórez.

Luego de eso, se fue a vivir a Bogotá, luego a El Salvador y después a Marruecos. “El último es el lugar que más me ha gustado. Hacía parte de un ballet y trabajábamos con presentaciones contratadas para hoteles”, explica, mientras se amarra sus zapatillas amarillo neón.
“¿Cómo van?”, les pregunta a Shaleh y a José Blanco, dos bailarines que practican de fondo con la canción Fin de semana.

“Uno, dos, tres... salto”. Se aprenden los pasos con una facilidad envidiable y aunque obedecen, tratan a su profesor como un amigo más.
Javier empezó bailando en Comfenalco junto a Lucho Jiménez. Pasó al Colegio del cuerpo con Álvaro Restrepo y tomó clases de ballet en la Academia Ana Pavlova en Bogotá.
Viajó y experimentó alrededor del mundo, nutriéndose de ritmos de otras culturas. Debido a su experiencia, lo buscan para impartir talleres de champeta en Europa, así que viaja recurrentemente Francia, Alemania y Bélgica. Quienes asisten, en su mayoría, son descendientes de familias colombianas, que buscan conocer la cultura Caribe contemporánea colombiana.

El talento es para tí, Cartagena
Javier volvió a Cartagena con una “revelación”: hay niños que necesitan escuchar al músico, al bailarín que está triunfando para decirles “¡sí se puede, sigue luchando!”.
“Hay muchos bailarines locales exitosos fuera del país, pero no dan su testimonio. Ellos vienen en diciembre y enero. Están con su familia y eso está bien, pero hay niños aquí que necesitan conocer esas historias. Por crianza quizá, escuchan que el baile no da para vivir y en realidad no es así”.

Javier se embarca en una iniciativa para llevar el baile a los rincones más deprimidos de Cartagena. Hace pocos días, en Olaya Herrera se hizo un video en el que participó el grupo de bailarines ABC, como estrategia para desviar a la comunidad joven por un momento, de ese ambiente de pandillismo y drogas.
Después de todo, finaliza, los  bailarines originales de champeta nacen aquí en Cartagena, puesto que “tienen un ´tumbao´ que les sale natural, sin necesidad de imitar”.

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