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La carreta de Vargas Llosa

Salió al encuentro de Martín Murillo, quien empuja esa carreta desde hace seis años y el escritor se ubicó detrás de la carreta para empujarla. Eso ocurrió la primera vez. Pero en la última vez, en la despedida, se detuvo a conversar con el entrañable conductor de la carreta de libros. El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa le dijo:

“Esta es una de las pocas ciudades en el mundo en donde puedo caminar por sus calles y donde además encuentro en la vía, una carreta lleno de libros”.  Vargas Llosa caminó algunas calles del centro amurallado hasta el Teatro Adolfo Mejía, en medio de la ebullición humana de sus plazas y esquinas,  la belleza intemporal de sus caserones antiguos y la calidez humana de sus gentes. En su travesía era saludado por niños y jóvenes y señoras interesadas en hacerse una foto. Mi comadre Astrid me dijo que lo vio más joven y revitalizado que en 2010. “¿Quién no se rejuvenece con un Nobel de literatura?, se preguntó riéndose. Una de ellas, buscó su cámara y se dispuso a hacerse la foto pero la cámara no funcionó. El escritor tuvo la paciencia de esperar y preguntar: ¿Se arregló? La mujer hizo todo lo posible para salir en la foto, hasta que encontró al mejor de los fotógrafos de los escritores a Daniel Mordzinski, para que se la hiciera. Pero Daniel que es un ser prudente le explicó que él tiene mucho cuidado de no abrumar ni perseguir a sus amigos escritores. Mientras la mujer persuadía a Daniel y a Vargas Llosa para la foto, pasó el hijo del escritor con su esposa. Así que el escritor se hizo la foto con la señora insistente. El asedio público no le ha hecho perder el buen humor al escritor. Por el contrario, parece sospechar quien está a punto de abordarlo.

La poeta Bella Clara Ventura al ver de cerca de Vargas Llosa, dijo: “Estoy que le digo que no permita que la vida y la historia legue a la humanidad una discordia entre escritores como la que ha tenido por tantos años con García Márquez, aunque en este Hay Festival Vargas Llosa tuvo palabras hermosas para su compadre. Creo que una lección de humanidad es que se reconcilien antes que uno de los dos falte”. Le dije que hay demasiadas señales de parte de Vargas Llosa desde 2007 en que se celebraron los ochenta años de García Márquez, al ceder para la edición conmemorativa de Cien años de soledad, un capítulo de su libro Historia de un deicidio, de 1971, el mejor ensayo escrito hasta hoy sobre los orígenes de Cien años de soledad.

Muchas cosas empezaran a cambiar cuando el ensayista inglés Gerald Martin escriba la biografía de Vargas Llosa y se despejen  dudas, prejuicios, tergiversaciones y exageraciones entre los dos escritores.

Vargas Llosa se detuvo en la carreta y le preguntó a Martín por su oficio de sembrar lectores en las plazas de Cartagena, y él le contó que era un proyecto que involucraba a las escuelas y universidades y transeúntes.  Martín presta sus libros a los lectores callejeros y los guía en la lectura. Hay quienes se han devorado a Vargas Llosa en la espera en un parque. Algunos han quedado insatisfechos porque Martín tiene que irse, pero él ha llegado al colmo de prestarle el libro apuntando la dirección de la casa y advirtiéndole que un libro perdido rompe la cadena del proyecto. No expone los libros firmados por Vargas Llosa, García Márquez, Jon Lee Anderson, William Ospina, Óscar Collazos, entre otros. Los libros han viajado en esa carreta a las ferias internacionales del libro de Bogotá, Guadalajara, Caracas. Vargas Llosa recordó haber visto la carreta en Guadalajara y espera volverla a ver en cualquier lugar del mundo. Martín traía a bordo en su carreta el libro Fonchito y la luna, de Vargas Llosa, pero le dio pudor pedirle que se lo firmara.

“Ya era demasiado con que él se acercara e intentara empujar esta carreta”.

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