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La Casa Grande Cincuenta años de soledad

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La memoria histórica es protagonista.

En Colombia, la literatura irrumpe a veces como la oportuna herramienta, cuando el olvido de sucesos trascendentales se convierte en una sistemática tendencia oficial.

Logra esa literatura abordar y recrear momentos de la historia y recuperarlos para un sitio privilegiado de la memoria individual y colectiva.

Eso es La Casa Grande, novela de Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972), que cumple 50 años de publicada y que por fin, se le ha concedido la gracia de una edición destacada en el Áncora Editores, con prefacio de García Márquez, introducción de Jacques Gilard,  y un tiraje significativo.

Se habla más del ser de Álvaro Cepeda Samudio que de su obra. De la arrolladora personalidad de quien fue uno de los promotores del Grupo de Barranquilla de los años cuarenta, líder entre los otros creadores que lo conformaban, por ser un poseído de ideas geniales, un trotamundos repleto de anécdotas, un loco y desenfrenado, un aventurero de la vida y del oficio, para quien el cine constituía el compendio  más completo de todas las artes.

Ese atrevimiento y osadía lo indujo a imprimirle al periodismo nacional en su tribuna opinión de El Heraldo denomina "La brújula de la cultura", lo que se imponía como una práctica nueva en las rotativas de la prensa norteamericana.

Con su estadía en New York, mucho también de la literatura del país del norte  influyó en su primer libro de relatos "Todos estábamos a la espera", el pionero  de una renovación en la narrativa parroquiana, aunque injustamente su segunda edición se le hubiera hecho veintisiete años más tarde.   Sobre el círculo cultural que se forjó  en la mítica La Cueva se ha hablado  más desde que García Márquez, uno de sus miembros, universalizó su discurso literario con la aldea geográfica de Macondo. 

De La Casa Grande, novela cuyo argumento  gira alrededor de la historia olvidada de los obreros de la United Fruit Company masacrados en 1928, concebida de manera varguandista, muy poco se ha dicho para que sea mas leída, difundida y estudiada, y ni siquiera un premio la salvó del olvido, a pesar de que el pretexto de las luchas sociales haya sido el origen de una obra cuya profundidad de contenido va a la par del uso de técnicas que hasta la mitad del siglo pasado eran absolutamente novedosas en esta parte del continente.

Faulkner,  Theodore Dreiser, Capote, Dos Passos, Saroyan, Erskine Caldwell, Kafka, Virginia Woolf y Hemingway, fueron lecturas obligadas para este escritor del Caribe colombiano que tocó la masacre de las Bananeras tragedia ocurrida lugar en el municipio colombiano de Ciénaga, departamento del Magdalena, el 6 de diciembre de 1928, cuando un batallón de las Fuerzas Armadas del estado abrió fuego contra un número indeterminado de manifestantes que protestaban por las precarias condiciones de trabajo en la United Fruit Company, evento que también nutrió más tarde la temática de sus contemporáneos, con tan mala suerte que el reconocimiento internacional  a su amigo García Márquez por el éxito de Cien años de soledad (1967)  opacó el brillo de su extraordinaria novela,  desviando la atención de la crítica, los intereses del mercado editorial y la fiebre de lectores que hicieron del Nobel el único paradigma de la literatura colombiana.

En “La Casa Grande”, una familia constituida por El padre y La Hermana se convierte en objeto de un odio colectivo que pretende vengar la masacre que ha lacerado al pueblo. En  esta breve novela, con un lenguaje altamente poético y  personajes que van tomando la palabra y configurándose como seres con identidad propia, como son los soldados, el pueblo, la hermana,  y el padre, Cepeda Samudio refleja la violencia que ha estado presente en la historia de Colombia.

“La Casa Grande” cumple cincuenta años de soledad, y para que no sea  condenada ni desterrada de la memoria como la estirpe de los Buendía, debe tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

vergaraglenda@hotmail.com

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