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La Loma del Tamarindo

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“Recuerdo que en mi niñez/ con mi viejo trabajaba/ y él a la vez me enseñaba/ cuanto valía la honradez.” Esa es la primera estrofa de la canción Jíbara “La Loma del tamarindo” de la que el Gran Combo de Puerto Rico tiene una versión en salsa. Tengo una apuesta: Cuando la música Jíbara llegó a Cartagena se asoció a los sectores sociales más marginados. Junto con otras músicas como la del caribe francés y holandés.

O, junto con el Soukus y la Makossa de África. Músicas que se grabaron, se prensaron y circularon por todas las esquinas y barrios de este lado del mundo que con su aparición contribuyeron a la identidad local, es decir, a pensarnos como caribeños, a darnos cuenta del sentido de la diáspora africana desperdigada por una compleja geografía de mar, montañas y llanuras.



Asumo que los primeros acetatos Jíbaros llegaron a Cartagena desde los años cincuenta, gracias a la vida de muelle de antaño, y conectó de inmediato con la cultura popular local. En mi caso, que soy más setentero y ochentero, la música Jíbara está más asociada a la navidad, lo que facilitó su apropiación social. Nos apropiamos del Jíbaro cuando se mezcla con la salsa por obra y gracia de La Fania y sus músicos. Un aspecto que me llama la atención, es que, al parecer en Cartagena la programación de esta música llegó hasta mediados de los ochenta. Es como si en Puerto Rico se hubiera acabado la creatividad y la cultura Jíbara. De un momento a otro no se conocieron las nuevas generaciones de músicos y temas Jíbaros en los medios locales, en especial, la radio. A mí me parece un hecho sociocultural desastroso. Primero porque nos desvinculamos del caribe y nos comienzan a reorientar la memoria hacia una versión caribeña hecha desde Bogotá. Es cuestión de ver a “Chepe Fortuna”. Y, segundo, vale preguntar: ¿Cuál es la alternativa? ¿Será aquella canción tan pegada en la radio que dice: “Quieres ver gotas o quieres ver gas”?

Quizás envejezco más rápido de lo que pensaba. Lo que me figuro es que el Jíbaro en Cartagena se salva por la navidad y, al revés, la navidad popular de Cartagena se salva por el Jíbaro. De otro lado, buena parte de aquellos viejos temas Jíbaros que se escuchan en Cartagena son de un corte crítico al estado de las cosas, como por ejemplo, “Igualdad” de Luis Morales Ramos; “La muerte del Senador” de Germán Rosario; o, “Un Jíbaro en San Juan” de Odilio González. También, como en todos los géneros de música popular, hay clásicos amorosos como “Mi jibarita mimada” del mismo González, entre muchos otros. Este diciembre escuché pocos Jíbaros navideños por las calles. O, por lo menos, no tantas veces como antes. “Aguinaldos” le llaman en Puerto Rico a este subgénero musical del Jíbaro. Con los “Aguinaldos” se hacen los “Asaltos” que es una práctica festiva muy parecida a la que hacen en México, cuando la gente sale a “pedir posada”, como una remembranza a lo acontecido con la familia del Niño Rey en el medio oriente. Willie Colón lo explica de esta forma: “Las cualidades de jíbaro de Héctor (Lavoe) me inspiran a intentar un experimento loco. Visito a Jerry Masucci, presidente y dueño de la Fania, que ahora cree que tengo el toque del rey Midas, para proponerle un disco navideño. Empiezo a explicarle que será un disco de navidad jíbaro, cuando Jerry me interrumpe. "Yeah, yeah yeah", me dice. "Tráeme el disco. No necesito saber nada más". Yo estoy feliz, y comienzo la preproducción de Asalto Navideño. Asalto era una palabra perfecta para nosotros, que habíamos adoptado una imagen cómica de malandrines. El asalto es una tradición puertorriqueña en la que los cantantes de villancicos van de visita a las casas. Si el dueño no tiene nada para ofrecerles, los asaltantes le cantan insultos por ser tan tacaño”. Era 1971 en el Bronx y desde entonces, la banda sonora barrial de nuestros diciembres, está marcada por “Esta navidad” o “Aires de navidad”. Se destaca también lo prensado por El Gran Combo con “Navidad en Puerto Rico” entre otros.

“Y yo no olvido con cuanto afán/mi buen viejo trabajaba/ que día y noche se fajaba/ para conseguir el pan/’Las cosas buenas no están’/decía, ‘pero no me rindo’/y yo tampoco prescindo/de los días de mi infancia/aunque perdió su elegancia/ la loma del tamarindo”. Esta es la última estrofa de un Jíbaro que, aunque no es navideño, encierra ética de la tenacidad y mucha esperanza. Precisamente, un mensaje esencial para este diciembre poco afortunado. Vamos pa´lante. Feliz Navidad.



ricardo_chica@hotmail.com

 

 

 

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Comentarios

Muy buen escrito. Lastima que

Muy buen escrito. Lastima que hayas olvidado a Miguelito, pero el articulo despierta buenos recuerdos. Saludos