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La noche en Cartagena de Indias

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La vieja y tormentosa calle de la Medialuna hoy está convertida en la Zona Rosa de Cartagena de Indias. Donde antes estaban los burdeles de la mala muerte y los refugios del amor fugaz, hoy existen cafés con aires antillanos y europeos, con mesitas a la calle y rincones para el disfrute de la música en vivo: soneros, salseros y jazzistas. Pero no todo del pasado ha sido erradicado por supuesto. Conviven en el sofisticamiento, el reciclaje artístico y la innovación funcional, los rezagos del rebusque y la prostitución callejera.

Los primeros en medírsele a esta nueva opción de usos urbanos de la calle estereotipada, fueron los artífices del Café Bar La Habana, que además de promover la música cubana en un inmenso salón que es una fototeca de los grandes cantantes y músicos de Cuba, ha sido lugar de conciertos en vivo con la presencia de artistas internacionales como Alfredo de  la Fe, Chocolate Armenteros, José Alberto Justiniano Andújar, conocido en el mundo como El Canario, y artistas cartageneros como Víctor “El Nene” del Real, Hugo Alandete, entre otros.

Luego, en uno de los frentes desolados y solitarios del Parque Centenario, surgió la iniciativa de crear el Bar Bazurto, con un diseño emulador de la cultura popular del mercado público de la ciudad, con los colores estridentes de los letreros y los dibujos de los buses y la música champeta y africana que se escucha dentro y fuera del mercado.  Un poco más allá, un grupo de muchachos de la Universidad de Cartagena, egresados de Filosofía, se aliaron con  un grupo de extranjeros residenciados en la ciudad y sacaron adelante el más riesgoso y singular proyecto cultural dentro de un café bar: Ciudad Móvil, en la Calle del Espíritu Santo en Getsemaní. Cuando uno entra allí todo parece indicar que eso no es un café ni un bar sino un centro cultural en plena ebullición. Primero se atraviesa el salón de baile todas las tardes y todas las noches de la semana hasta llegar al bar. Bailadores profesionales y aficionados e incluso gente europea que jamás ha movido el esqueleto para bailar salsa, se matriculan en ese experimento cultural suigéneris en Cartagena de Indias. El bar está en un patio sombreado de plátanos y allí en la cocina se prepara una de las mejores  y baratas pizzas de la ciudad, con  albahaca y yerbabuena y todo lo demás.

A pocas cuadras nos encontraremos en la Plaza de la Trinidad con una de las plazas más vivas y activas de Cartagena de Indias. La barriada viva de los conversadores eternos de música y béisbol: extranjeros y nativos compartiendo el mismo escenario, sentados en los escaños. No ocurrió como en San Diego que se volvió plaza elitizada y de veraneantes fantasmales. Los sandieganos se dispersaron hacia otros sectores cuando vieron la imposibilidad de seguir pagando el alto costo de los servicios públicos. Los extranjeros que se quedaron en Getsemaní sencillamente se adaptaron a la barriada y se getsemanizaron. Hoy los italianos y los franceses que viven en Getsemaní, son otros vecinos que no se cambian por nada del mundo.  En San Diego, el confort del jet set internacional amuralló a los nativos. Como ha venido ocurriendo en el corazón amurallado, cada vez más se muda el mundo a la ciudad y cada vez menos se quedan los cartageneros en sus lugares de origen.

Si salimos de Getsemaní, encontraremos otras sorpresas en la noche cartagenera: Las cinco plazas del Centro amurallado son una danza móvil e itinerante, lo que hace creer al viajero que la ciudad está en perpetua fiesta. El bailoteo empieza al final del atardecer y culmina a la medianoche. Son niños y niñas de las barriadas de la Zona Suroriental que casi cinco siglos después, descendientes de Benkos Biohó, han vuelto a recorrer con su danza extraordinaria los mismos lugares pervertidos donde miles de africanos fueron esclavizados en la ciudad para erigir sus murallas y baluartes. Verlos ahora conmueve y arruga el alma. Son unos artistas del hambre de la ciudad, desamparados en la dura tarea de hacer felices a los efímeros viajeros de la Ciudad Amurallada. La Plaza de San Pedro es la más discreta de todas las plazas, frente a la luz mercurial del santuario cuyas puertas enormes parecen agigantar el misterio de la noche. A pocas cuadras, está la Plaza de los Coches y el Portal de los Dulces, en donde Fidel Lottau ha sostenido uno de los lugares emblemáticos de la salsa en la ciudad. Allí no solo tiene una fototeca con todos los músicos célebres  de la salsa sino que se ha dado el lujo de llevarlos hasta su lugar y filmarles un video en la que ellos mismos invitan a los cartageneros a ver los videos musicales en catorce horas seguidas cada sábado. Allí han llegado toda El Gran Combo de Puerto Rico, Orquesta Aragón, Los Hermanos Lebrón, Johnny Pacheco, Óscar De León, Ricardo Ray, Andy Montañez, Polo Montañez, Joe Arroyo, entre otros. La Plaza de Santo Domingo, frente a la  torre torcida de la iglesia de Santo Domingo (los cartageneros de hace trescientos años creyeron que fue el diablo y el viento quienes torcieron esa torre), es la plaza más intensa de la noche cartagenera. Siempre y a toda hora hay alguien dispuesto a una serenata, hay alguien ofreciendo unas gafas oscuras y un collar de perlas, hay alguien vendiendo acuarelas callejeras, hay alguna mujer prepago que no necesita hablar para decir que está ofertando su cuerpo, en fin,  es el comercio informal más aturdidor y abrumador de la noche, en medio del contrapunto del sofisticamiento, la riqueza y la miseria. Más allá, está el Parque San Diego, discreto e intenso para los conversadores y los comensales, y el Parque de Bolívar que es un remanso de solitarios y enamorados pero también para las familias. Y el parque Fernández de Madrid que ha tenido un resurgimiento de cafés, restaurantes y lugares de encuentros al aire libre. El Arsenal que tuvo su protagonismo en otras décadas, ha dado paso a nuevas aperturas en el disfrute nocturno.

Los milagros de la noche convidan a los cinco sentidos en Cartagena de Indias.

A luz y sombra, la tentación afina su música para el cuerpo y el alma.



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* Este texto fue publicado en le revista Welcome, de San Andrés Islas.

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Comentarios

muy buen articulo

mas que un articulo es una película que no omite detalles y donde sin ambigüedades nos va narrando lo que es esa parte lite de Cartagena, rogando que eso sucediera no solo en el centro si no en gran parte de esta geografía cartagenera. hace mucho tiempo leí en una revista muy importante un articulo donde un tipo muy importante o esos que llaman del jet set internacional decía que Cartagena era una ciudad muy bonita pero que le faltaban sitios buenos de diversión, pues bueno eso ahora le sobra a la ciudad.