Vestida con un traje negro de cola y con volantes, Lolita Flores abrió su concierto con “Amor, amor”, una canción de autoproclamación, que fue en 1975 la más escuchada en España y en América Latina.
Vino a Bogotá en diciembre de 2012 luego de tres décadas de su último viaje a Colombia. Se presentó en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, en su girael “De Lolita a Lola”, un espectáculo musical autobiográfico, con el cual celebró sus 35 años de carrera artística, y a la vez rindió un homenaje a sus padres (Lola Flores y Antonio González “El Pescailla”) y a su hermano Antonio (q.e.p.d.). Por eso el show lo dividió en cuatro partes.
A finales de abril de 1977 y con 18 años de edad, vino por primera vez a Bogotá, después de triunfar en Argentina y en México con el disco “Amor, amor”. El estudio número cinco de la televisión colombiana casi que reventaba porque estaba encantado con la idea de ver a la hija de Lola Flores. Muchos curiosos habían esperado varias semanas para conseguir una boleta y poder asistir al estudio de grabación. Ser la hija de una leyenda es una de las más agobiantes responsabilidades que puede tener alguien con talento. Esa leyenda, cuando apenas se estaba formando, visitó por primera vez la capital colombiana el 16 de agosto de 1953, dando a conocer la canción “Pena, penita, pena”.
A mediados de ese año (1977), Lolita fue una de las figuras más populares de la canción pop y la favorita por mayor número de discos vendidos con el tema “No renunciaré”. De igual manera, su mamá, en 1956, se impuso en el mercado discográfico colombiano como la número uno entre once artistas internacionales en un Disco de oro con la canción “Limosna de amores”, producido por el sello Seeco.
Dos años más tarde regresó a la capital colombiana, y sus fans escribieron a las revistas solicitando la publicación de fotos de su cantante favorita Lolita. En 1981, nuevamente visitó al país y el público quería ver en ella el reflejo de su mamá, ese era el precio que tenía que pagar por revelar una personalidad distinta de la de su madre, una etiqueta que siempre la torturó, tanto que ella ha confesado: “murió Lola Flores y me liberé”.
Madre e hija tuvieron la pasión por la pintura naif. Lola pintó muchos dibujos, los cuales llegó a vender y tenían una clara inspiración flamenca, mientras que, Lolita ha realizado varias exposiciones con sus cuadros de gitanas e indios.
La hija primogénita de la reconocida artista Lola Flores “La Faraona”, de la que decían “que eran sus ojos sus manos que echaban chispas sus piernas”, esa misma que dio a conocer a España en el mundo más que sus políticos, que presentó a Celia Cruz a los españoles en su Restaurante “Caripen” de la Plaza marina española y nunca renegó de su origen modesto pero que era descendiente de los reyes Califas, prometió no esperar tanto tiempo para regresar a Colombia.
La parte más lúdica del flamenco, acompañado no solo de un viaje musical a través del tiempo, de baile, cante y toque de guitarra y proyecciones de imágenes familiares, sino también de un repertorio anecdótico familiar se convirtieron en el lado más vistoso del espectáculo. Nos contó que, en el núcleo familiar ella no es ni Lola, ni Lolita, sino “Loli”, que cumplió los dos años de edad en Argentina, que se crió tras bambalinas de los teatros donde actuaba su madre, a quien recuerda con un moño, una bata rosa y cantando la “Zarzamora”, por lo tanto es esa la canción de su infancia, la que mejor resume su historia, la melodía de su vida. Su propia alma.
Una Lolita que se despliega en el tiempo y en el espacio, a partir de la realidad cambiante, mostrando al público su intimidad, en un acto libre de la conciencia que, expresa irremediablemente su historia. Como una “polvareda” de instantes y sobre la coherencia de sus recuerdos va creando una trama, la cual da sentido a su identidad. A medida que el espectáculo avanza ella va construyendo su propia esencia, se descubre a sí misma y por esto ella es capaz de mostrarnos su mundo y el de su familia. Con el simple dato empezamos a soñar, a imaginar, y a valorar, por ejemplo, como sería una presentación en vivo de Lolita con Rosario cantando “A tu vera”.
Por hora y media el Teatro Mayor junto con el público se convirtieron en el refugio de Lolita para ordenar sus recuerdos, cantar y construir su intimidad, un encuentro natural de felicidad. De esta manera ella alcanzó su verdadera imagen artística.
Entre alusivas picardías eróticas y mostrando su arte gestual con las manos compartió sus éxitos de la década del setenta: “No renunciaré”, “Estúpido”, “Lo voy a dividir”. El ritmo del espectáculo se avivó y el público empezó a pedir canciones.
Reapareció en el escenario con mantilla blanca y el cabello recogido en un moño con peineta cantando “Limosna de amores”, en homenaje a su madre. Al terminar de cantar “Pena, penita pena”, el auditorio la acompañó a capela entonando la misma melodía.
“A tu vera”, la cantó con Lola y Rosario gracias a efectos tecnológicos que nos permitieron escuchar las voces de su mamá y su hermana con imágenes en el fondo del escenario. Es el sentimiento que la misma Lola plasmó en una de sus pinturas titulada “Las tres flores”, como el deseo de dejar un testimonio de alegría, fruto de la intuición personal cuyas protagonistas son Lola, Lolita y Rosario, retomado ahora en la melodía que intenta plasmar la esencia del flamenco. Una canción reinventada en “los trazos y líneas” de identidad de las flores. Una fuerte empatía que se genera cada vez que ellas la interpretan.
Mientras Lolita cantaba era sorprendente ver a Lola bailar a través de las imágenes en el fondo del escenario, con sus movimientos de caderas, torsiones del cuerpo y sus espectaculares vueltas en su propio estilo pero a la vez ligado con los bailes ancestrales del flamenco.
Lolita también sacó las viejas esencias dormidas, desplazándose hacia un espacio del escenario o sin moverse del sitio sus movimientos a veces rápidos y vivarachos, otros más elásticos, lentos y tiernos preparaban el momento más álgido de expresividad con un ejercicio de zapateo en sincronía con las palmas.
Ella retornó al escenario vestida ahora de rojo, con un conjunto de pantalón y blusa y con flequillos del mismo color para homenajear a su papá y a su hermano. Para recordar al patriarca de la familia recurrió a las delicias del bolero, pues fue él quien le enseñó a cantar este género. “Mía”, fue uno de los boleros que interpretó del mexicano Armando Manzanero.
A su hermano Antonio le decía “Cara de pájaro”, por la forma de la nariz. Era su poeta. Dejó un montón de canciones, “No dudaría” es la más conocida. Cantó “Alba”, una canción escrita por él para su única hija. También “Mediterráneo”, de Joan Manuel Serrat, hizo parte de su repertorio porque es el cantautor catalán que ella más admira.
Antes del concierto del 19 de diciembre de 2012 conversamos con esta estrella de la música española.
Llegas a Bogotá, cuando tenías 18 años de edad, eso fue en abril de 1977 y medio Bogotá te esperaba con los brazos abiertos ¿Qué recuerdas de aquella experiencia?
Bajé del avión y había un mogollón de gente esperándome en el aeropuerto. Aquí pegó mucho mi primer disco “Amor, amor”, después “Lo vas a ver”, y “No renunciaré”.
A medidos del mismo año (1977) apareces como la favorita por mayor discos vendidos, con la canción “No renunciaré”. ¿Cuál de tus canciones es la preferida?
No podría quedarme con una sola. En cada época tienes un hit y es como un hijo, porque todos tienen una parte de mí, y todos tienen su momento, su historia. Entonces, no podría quedarme con una.
¿De la indisciplina de los primeros años de carrera que queda?
Nada. Era indisciplinada porque lo que quería era divertirme y pasarlo bien. Levantarme temprano no me gustaba y sigue sin gustarme. Cuando eres una niña no tienes las cosas tan claras.
¿Se dijo en algún momento que habías tenido un amorío con Serrat?
Nunca
¿Cuál es tu relación con él?
Tenemos una amistad muy grande. He cantado “Mediterráneo”, una de sus canciones, en la película “Rencor” donde actúo y me he ganado el premio “Goya” como actriz revelación y le he dicho que “Mediterráneo” ya no le pertenece, que ya es mía.
Cambiando de tema. ¿Es cierto que Lola Flores, también pintaba?
Si, ella pintaba. Su estilo era muy naif. Las pinturas las vendió. Mi hermana y yo conservamos algunas de ellas.
¿Hay alguien en España que haya igualado a Lola Flores en popularidad?
En popularidad tal vez si, podría mencionarte a Isabel Pantoja o Rocío Jurado. Pero como artista, todavía en España no ha salido quien pueda desbancar a Lola Flores.
¿Qué artistas pasaron por “Caripen” el restaurante que se convirtió en el tablao de tus padres?.
Pasaron desde Kirk Douglas, Yul Brynner, Audry Hepburn, Sofía Loren. Todos los artistas españoles de aquel momento. El Puma, Celia Cruz, Olga Guillot, entre muchos otros.
Hay un programa radial en Colombia que se llama “Mi banda sonora”. ¿Cómo estaría conformada tu banda sonora?.
En mi banda sonora no faltaría algún tema de Luis Miguel de principio a fin, mi hermano Antonio, Frank Sinatra, Rosario, Alejandro Sanz, Juanes y muchos más.
¿A quién prefieres a Don Quijote o a Sancho?.
Para algunas cosas a Don Quijote, como para tener una conversación intelectual, interesante, en el sentido de ver esa magia que él tenía en su cabeza, esa fantasía que a veces las personas necesitamos y otras veces me quedaría con Sancho porque él representa los pies en la tierra.
Has dicho que no te gustan los planes a largo plazo.
No me gustan porque nunca sabes dónde puede cambiar la vida, entonces, para que hacer planes a largo plazo.

