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Lucesitas de Navidad

Los ví por el retrovisor del chicamóvil. Los ví cuando iban cogiendo la calle de La Moneda. Eran un poco de hombres negros, jóvenes y sudados. Desde la esquina miraban para todos lados.

De un momento a otro avanzaron decididos por la calle, los tenía justo detrás de mí, pues, adelante, dos taxis se habían detenido a preguntar qué pasaba. Otros corrían. Especialmente mujeres con niños. Otros cerraban hábilmente las cortinas de metal de sus negocios para evitar lo peor. Todos venían caminando, de frente y desplegados a lo ancho de la calle. Daban miedo. Se estaban metiendo con su comida en diciembre, que es un mes tan difícil para los descamisados de esta tierra.

Todos venían de frente y me figuré que así mismo debió verse Pedro Romero cuando venía caminando con la turba getsemanicense al centro de Cartagena para tratar de cambiar las cosas. Justo la semana anterior, un lunes de pico y placa, llegué a coger bus en Puerto Duro. A un costado de la Avenida Venezuela, cerca a la India Catalina, Edgar me ofreció un CD con un repertorio completo de toda la música caribeña que nos suena a navidad. “Coge” Me dijo. “África, salsa y jíbaro por tres lucas” hizo su oferta. “Pa’ vé” lo increpó un señor con cara de jubilado. Ambos negociaban bajo un sol de medio día, que nos guardaba la ilusión de ver un diciembre como el que sabemos. Con brisa, humo de incienso y aroma a pastel de cerdo con pollo.

Junto a Edgar se blandía un hombre ridículamente flaco, con un sombrerito de paja adornado por una plumita de pájaro. Camisa en pecho afuera, se trataba de un hombre viejo y fibroso que manipulaba una grabadora. Hundió un botón y apareció en el aire de aquel lunes, el himno de todos los tesos: “Descarga Caliente”. Pura poesía callejera: “Soy mi propio mayoral /no le rindo cuenta nadie/ y a quien trate de obligarme/conversa con mi puñal”. El hombre con pinta de muellero jubilado compró el CD en dos lucas.

Siempre he creído que se trata de un repertorio musical que nos trae al día de hoy, una Cartagena que ya no es. Más allá de una colección de canciones, se trata de un concepto sonoro de ciudad. ¿Cómo sonaba Cartagena en los años setenta? Parte de la respuesta está en el CD que Edgar vendía en la Avenida Venezuela, antes de que lo desalojaran por invasor del espacio público. Bueno, la verdad es que gente como él nació desalojada de la ciudad y del mundo. Miles y cientos de miles como él están tirados en la calle. Viendo a ver cómo resuelven.

Al respecto, Alfonso Múnera, el miércoles pasado, en este diario señaló: “Sólo el trabajo estable y decentemente remunerado les permite a los seres humanos superar el círculo vicioso de la miseria, buscar nuevos horizontes y rodearse de condiciones mínimas de una vida digna. Si seguimos con más de un 70 por ciento de la población sin empleo o con trabajos informales nada de fondo se resolverá. Tan sólo tendremos soluciones de emergencia, transitorias, coyunturales. Lo que el Caribe necesita es eso: trabajo productivo, el resto vendrá después”. Mientras esperaba un bus de Bosque en Puerto Duro, cierta estrofa de “Descarga Caliente” sentenciaba notas en el aire: “De mi tierra sale el sol/y por la noche la luna/y no existe lengua alguna/que me niegue la razón/que tengo el alma de aguas claras/y mano curtida en cuero...Oh oh oh”. En estos tiempos la idea y la práctica del empleo se acabó. Estamos en la era del post empleo, de la post miseria. Una era donde lo único que le queda a la gente digna, es el aguante curtido en cuero. La determinación de no dejarse quebrar el espíritu: cosa que, de por sí, es rara porque la gente por un poquito de plata hace lo que sea. Por eso Cartagena suena, hoy, como suena: puro perreo.

El viernes pasado por la mañana timbró mi celular. “Profe: tengo lucecitas de navidad, tengo las últimas películas, venga, por acá lo espero” Era Edgar. Ahí están y no se van a ir. Por el contrario, después de la tragedia invernal, van aparecer más descamisados y no habrá Avenida Venezuela para tanta gente. Lo que señala Múnera implica una mudanza sicosocial profunda en la estructura política de la ciudad, de la región. Y francamente, en la cultura apocalíptica de la post miseria, lo veo difícil.

ricardo_chica@hotmail.com

 

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