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Magangué abre una ventana

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Entre los titulares de los distintos medios que abordaron a Marcelo Torres cuando ganó la Alcaldía de Magangué estuvieron “Marcelo Torres, el alcalde que derrotó el aparato político de ‘La Gata’ y “Habla Marcelo Torres, el que derrotó a ‘La Gata’”. Con los años, los encabezados cambiaron: “Alcalde de Magangué, amenazado por ‘los Rastrojos’”, “Pánico en casa de Alcalde de Magangué”, “Exigimos seguridad para Marcelo Torres”. Pero a ver ¿Por qué se metió en esto?
Marcelo Torres Benavides es un político de izquierda, que cofundó el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR, junto con Francisco Mosquera para la época de 1971 (Lo dejó porque ya los idelaes no se acoplaban a los suyos). Sindicalista y líder estudiantil, su primera lucha la libró en el Liceo Joaquín Fernando Pérez de Magangué, cuando apenas tenía 17 años.

Torres pasó por Periodismo y Derecho, pero culminó estudios de Sociología en la Universidad Nacional de Bogotá. Allí hizo parte de una gran manifestación universitaria que lo llevó a ser encarcelado por 180 días debido a los delitos de asonada y obstrucción a la vía pública. Apoyó diversas causas sindicalistas con las que logró aspirar a puestos políticos, llegando a ser concejal de Sopó, Cundinamarca y Senador de la República.

Los casi 70 años de Marcelo Torres le confieren una voz pausada. Casi siempre se le ve con el ceño fruncido y pensando para sí. Su efusividad al saludar no va más allá de un buen apretón de mano y una media sonrisa que, sin embargo, torna su rostro mucho más joven. Este político magangueleño podría  estar en un puesto en el interior del país, o en Bogotá donde cultivó su carrera... podría alejarse de los casi 40 grados que hacen que Magangué arda al lado del río Magdalena... podría dejar a un lado a sus detractores (partidarios de Enilce López) y vivir tranquilo logrando mejores cosas para otro lugar, pero no, decidió meterse a la boca del lobo, decidió empezar una batalla por su natal Magangué y esperar el cambio.

Como en el Viejo Oeste
Junto a varios compañeros, sonando fuerte la bocina del carro para que las cientos de mototaxis nos dejaran pasar, llegamos a la Alcaldía de Magangué. Está tan deteriorada que me dio vergüenza ajena. Tiene las paredes descascaradas y los baños no funcionan. En el piso de arriba se ven algunas mejoras, hay una oficina que están adecuando para atender a las visitas y bueno... el paso del tiempo se ve demasiado marcado en esta enorme casona.

Mientras el sudor dañaba mi peinado, varias personas se acercaron a preguntar qué hacíamos allá … parece que a como diera lugar querían atemorizarnos. No me sentí muy cómoda con ello, pero ya me habían contado que eso pasaría. Algunos fueron muy amables, “al menos ahora hablan”, me dijo alguien.

Es hora de almuerzo y Marcelo se ha tomado tres vasos repletos de Kola Román. Concede la entrevista esbozando una media sonrisa.

¿Por qué regresar a Magangué?
- Un buen día me dijeron que Magangué estaba muy oprimido, martirizado y sometido, que había gente  pensando que yo podría ayudar a que saliera de ese estado. Vine a la muerte de mi madre  y entonces tomé la decisión. Aun cuando no me vine del todo, empecé a practicar la política aquí, me lancé a la Alcaldía en dos ocasiones...en una enorme desproporción de fuerzas, bueno, hasta que la gente se dio cuenta.

Me ayudaron muchas personas a llegar hasta aquí, pero menciono dos, (a riesgo de que me hagan reclamos quienes no mencione) Anuar Arana y Dionisio Alandete. Aquí estuvo Gustavo Petro, y aunque no ganamos, se que eso sirvió muchísimo.
¿Sí cree que la gente despertó? porque allá afuera hay quienes no están conformes con su gestión.

- Hay una natural impaciencia y un descontento inmediatista porque la gente ha padecido mucho tiempo y con toda la razón quiere y necesita que hayan resultados.

Es muy difícil que la rueda en Magangué se eche hacia atrás, hay mucha opinión y por supuesto aquí está una práctica arraigada en toda la región Caribe que se basa en la necesidad y hay mucha pobreza,  y la compra de votos naturalmente va a operar también ahora, seguramente, pero a la hora de que la gente haga sus balances, el resultado va a ser reafirmar el rumbo que Magangué tomó, no devolverlo hacia atrás.

¿Hay una lucha con la gente de Enilce López?
- Hay fuerzas, intereses que están en el plan de desviar de nuevo el camino, pero me parece que el rumbo de una población emancipada ya no lo tuerce nadie.

El padre de Marcelo Torres fue un modesto boticario de la región, liberal, gaitanista y líder social. Su madre, de raíces humildes, fue comerciante y en tiempos difíciles “lavó ajeno”. En este seno se crió y moldeó su personalidad.

¿Cómo surgió ese impulso de izquierda?
- Soy de la generación de la segunda posguerra y pues mi carácter lo moldeó la práctica de conocer las necesidades, la injusticia y la opresión... el anhelo de la gente de que las cosas sean mejores, y la necesidad de adelantar una acción para realizarlo o por lo menos para dejar sentado que se libró una lucha por eso.

¿Siempre creyó en su triunfo?
- Claro, perdí en dos ocasiones y aprendí que los procesos son acumulativos , de que nunca se pierde completamente el tiempo en una experiencia y que cuando se dan las condiciones (y aquí se dieron) la gente asimila lo que estás planteando y te respalda, y eso es lo que nos mantiene vivos.

Con todo esto que tiene a sus espaldas, ¿qué lo hace reír?
- Mi hijo pequeño... de cinco años.

Fanático de Robert De Niro, de las películas de Clint Eastwood, Sam Peckinpah y del británico Ridley Scott, no es que tenga mucho tiempo para el ocio, aunque dice que el humor es una “nota sanadora”.

¿Cómo es vivir bajo tanta vigilancia? (Le habían quitado los escoltas, pero hace menos de un mes y gracias a su insistencia logró retomarla)
- No es fácil, imponen muchas limitantes, es un problema tanto para uno como para las personas que tienen que hacer esa labor, impone limitantes en su vida privada.

¿Qué sacrificios personales ha hecho debido a su carrera?
- En lo que se refiere a las corrientes democráticas de izquierda, hay sacrificios económicos, digamos del modo de vivir, personales que bueno... solamente tu convicción te lleva hacia adelante. A mi me hubiera gustado mucho ayudar más a mis padres, específicamente a mi madre, y en realidad por mi dedicación a una política democrática de izquierda pues no pude cumplir a cabalidad este deber... ellos murieron ambos.

¿Qué se siente al vivir con ese peso de ser un “líder anticorrupción” en Magangué?
- Este es un gobierno sitiado, un gobierno cercado, que tiene que dedicar casi la mitad de su tiempo a defenderse. Efectivamente hay una carga diaria grande, que siento que bueno, me reafirmó lo que he escogido y pues voy a seguir.

¿Cómo encontró y cómo dejará a Magangué?
- A Magangué lo encontré muy deteriorado, política, social , físicamente, con una deuda enorme, que le sustrae buena parte de los recursos que se necesitan hoy para pagar deudas viejas a otra gente. Estaba descertificado en agua y saneamiento básico, con el programa Familias en Acción cerrado,  con una ausencia de obras civiles desde hacía 10 años, y con un deterioro de los criterios, de las prácticas y de las costumbres.

Esta administración renegoció la deuda que tenía el pueblo, rebajé las cuotas que hay que pagar,  de manera que al municipio le pueden liberar cierta parte. De cada 100 pesos le teníamos que dar 75 a los acreedores. En vez de eso ahora les debo dar 60 pesos de cada 100 y así quedan 40 puntos, es decir que gané 15 puntos. Aquí se movió la aguja en educación, certifiqué el municipio en agua y saneamiento. Aquí pusimos en marcha el control interno porque cualquier administración moderna debe tener control interno y aquí no había, entramos en el camino de la digitalización y del gobierno en línea, de una conservación de documentos en sistema, aquí nada de eso existía.

En Magangué  no se construían obras civiles desde hace más de 10 años, están en ejecución 3 vías que son cruciales, un parque que es el central y vienen varias vías más. Llevamos agua potable a 22 corregimientos, construimos pozos profundos. Es el resurgimiento de la democratización después de un periodo  de mucha opresión... así están las cosas hoy.

En realidad falta mucho en Magangué, pero es contraproducente retroceder. “Ni pa coger impulso”, reza el dicho popular, claro, que eso es cuestión de su gente y lo que de verdad quieren...  pueden escoger ….¿miedo o libertad?

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