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Marcial Alegría: Pintor primitivista Zenú

San Sebastián, corregimiento de Lorica, en el departamento de Córdoba, es un pequeño caserío donde nació y ha vivido siempre Marcial Alegría Garcés, pintor primitivista de origen zenú.

Nunca asistió a la escuela por lo que no aprendió a leer ni a escribir, manteniéndose en una condición que lamenta: “Ojalá supiera leer y escribir, estaría en Estados Unidos”, dice. Pero firma sus cuadros. ¿Cómo lo hace? Malicia indígena: “Yo mando a hacer mi nombre en un cuaderno en letra de imprenta y lo copio, lo dibujo”. También su visión incontaminada del mundo le ha permitido expresarse a través de la pintura en que recoge la vida elemental que lo rodea.



Muchas de las cosas que dice las escuchó, no siempre de parte de personas ilustradas, por eso alguna información histórica no es correcta como la de la participación del ejército japonés en la Guerra de los mil días y otras que fueron surgiendo en la amplia conversación que tuvimos en el Centro Cultural Primitivista, su casa, que tiene las paredes adornadas con sus pinturas para la venta, una foto grande matrimonial donde sonríe al lado de Rita, su mujer, algunas figuras de arcilla que también vende y un aviso con letras negras que llama la atención porque sobresale en ese archipiélago de colores, en el que informa a los visitantes que “Por favor colabore con la entrevista. Marcial A.G.” Nos metimos la mano al dril antes de empezar a preguntarle sobre su nacimiento.



“Nací en 1936, el 20 de marzo, a las 4 de la mañana, me anotó mi mamá, sin ropa y sin camisa cuando el padre daba misa”. Con esa chispa que hace honor a su apellido iba a responder todas las preguntas, contagiándonos una gran confianza.



Le contaron que a finales del siglo XIX un grupo de japoneses llegó al puerto de Coveñas donde “un Japonés se enamoró de una india zenú y la india se enamoró del japonés. O sea que se entendieron, hicieron el amor (sic) y quedó encinta. Estuvieron juntos un mes, y como tuvo que irse a su país, ella bautizó su hijo y le puso José de los Santos Alegría, mi abuelo, que se casó con Anita Gaspar y tuvieron ocho hijos, cinco mujeres y tres varones, uno de ellos, mi padre Gabriel Alegría Gaspar, se casó con mi madre Adriana García Morelos”.



¿Cómo se llamaba el japonés?



No se sabe, porque son otra clase de nombres, diferentes a los nuestros; pero a mí me han dicho que en Japón hay muchos Alegría.

¿Tus inicios en pintura cómo fueron?



Lo mío es que yo era un triste jornalero, un triste agricultor, un triste pescador. Qué no hacía yo para ganarme la vida, entonces una vez en Lorica vi una película en el teatro Marta, llamada Quinto patio . Es sobre la vida de una señora pobre que pasaba lavando ropa y sacando carbón para sostener a sus hijos. Tenía un hijo que pintaba murales con carbón hasta que un día le regalaron unas acuarelas y lo pusieron a pintar. Hicieron una exposición colectiva y el niño se ganó el primer premio. El niño dormía en el suelo como yo, se tapaba con cartoncitos para no mojarse cuando llovía. Yo dije entonces que debía escoger una carrera de esas. Vine a mi posada y le dije a la señora que me comprara diez cartulinas y unos tarritos de pintura, que costaron dos centavos, y me puse a pintar, pinte y pinte. Ni siquiera sabía yo cómo se llamaba esa pintura que hacía. Un día llegó un gringo buscando guacas en el cerro de El Mohan de Momil y como no encontró nada, le dijeron que viniera a San Sebastián porque este fue un resguardo indígena, que aquí podría conseguir lo que buscaba. Y viene y ve mi pintura y dice: ¡Futuro primitivista! ¿Quién es el maestro? Fue el primero que me dio el nombre de maestro. Y preguntó a mi hijo si vendía las pinturas. Mi hijo me llamó y el gringo, ¿Maestro, vende las pinturas? Sí las vendo, le dije, a 50 centavos cada una, cuando eso era plata. Se las bajé de donde estaban colgadas, las envolví, y me dice: No tengo plata colombiana, pero tengo dólares, y me dio 200 dólares que cambié en Lorica donde El Chapiao, fueron $6.000, que eran como seis millones, y con eso compré este solarcito con la casita donde vivo. Me dice el gringo antes de irse: Maestro, siga pintando que con esto se hará famoso aquí y fuera de Colombia. Yo lo escuché como si no hubiera creído. Hoy me conocen en 18 países.



¿Has recibido clases de pintura?



No; esta pintura es innata, porque no es estudiada, es puro talento, de ahí aprendí a pintar.



¿Y cómo aprendiste a combinar los colones?



Solo; yo salí como el llanero solitario, no tuve ayuda de nadie, ni que nadie viniera a decirme cómo pintar.



¿Cómo haces los pinceles?



Yo empecé a pintar con pinceles de trapo pero eso no me daba, no  servía.  Cogí entonces la cola de un perro y tampoco funcionó,  seguí con  pelos de conejo,  pelos de ardilla y nada. Un día me pasó un gatico por aquí entre las piernas, sobándome, lo empecé a acariciar y terminé quitándole unos pocos pelos de la cola. Eso sí funcionó, desde entonces hago mis pinceles con pelos de gato y empecé a criar gatos.



¿Has salido alguna vez de Lorica?



Estuve en Alemania patrocinado por Artesanías de Colombia, de Bogotá, que me llevaron; pero me dijeron que tenía que reunir la mitad del pasaje en Córdoba para que en Bogotá me dieran el resto. Y entré a pedir limosna en el municipio y en el departamento y no conseguí nada. Llamé entonces para decirles que no iba para ninguna parte porque no había conseguido nada aquí.



¿La alcaldía de Lorica no dio nada?



Nada; aquí no ayudan a nadie. El día de las elecciones todos ofrecen hacer la casa artesanal de San Sebastián porque se la merece. Pasan las elecciones y no cumplen las promesas.



¿Cómo viajaste entonces a Alemania?



Porque Artesanías de Colombia pagó todo, ellos querían que viajara. Allá estuve exponiendo en la Galería Renta Correa. No he salido más.



¿El departamento de Córdoba y el Ministerio de Cultura te han ayudado?



Nadie me ha dado nada y como yo no ando limosneando. Juancho López fue el único político que me compró un cuadro que está en la gobernación de Córdoba.



¿Cuántos cuadros has pintado?



Como ocho mil. Yo pinto a toda hora.



¿Los vendes en el puesto que tienes en el mercado público de Lorica?



No, ese puesto es para vender alfarería. La gente que viene de afuera llega hasta aquí, a la misma posada. En Lorica no vendo nada. Me han comprado cuadros en 18 países.



¿Dónde has hecho exposiciones?



En el mercado de Lorica y en la Ronda de Sinú de Montería. Ah, y en Alemania.



¿En la familia hay otros artistas?



De mis hermanos uno es alfarero y el otro está ciego. Han muerto tres. Tengo un hijo que pinta, Mauricio Alegría. Yo he vendido cuadros de él. Lo han entrevistado en los noticieros de televisión.



¿Qué puedes decir la pintura?



La pintura habla por sí sola porque la pintura es poesía. Si le pones otro color ya está hablando.





* Roberto Montes Mathieu es cuentista, novelista y crítico literario. Es el editor del Magazín del Caribe, órgano de la Asociación de Escritores de la Costa.

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