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Me quito el sombrero

No me referiré a Alejo Durán y su famosa costumbre de andar todo el tiempo con un sombrero vueltiao alón  sin el que no permitía lo fotografiaran en las entrevistas que concedió.

Tampoco lo haré sobre la costumbre cortesana de hacer reverencias mientras la connotada prenda es agitada en la mano del caballero de turno. Me referiré a la costumbre cartagenera de tener la cabeza cubierta que perduró hasta aproximadamente los años sesenta del pasado siglo, y que hoy veo renacer en determinados círculos.

Al examinar los testimonios fotográficos de ayer encontramos que la ciudad tiene la imagen de un pueblo grande, con calles destapadas, pocos carros y muchas personas deambulando con la cabeza cubierta. En cierta forma era lógico: se andaba mucho a pie y las inclemencias del sol cobraban su cuota. Por otra parte, era muy cercana la relación de los habitantes de entonces con las poblaciones de la provincia de fuerte presencia campesina, en donde el uso de sombrero es un hábito que aún perdura.  En las fotos se ve gente de extracción humilde a la que no le falta su sombrero de paja, otros mejor ataviados con sombrero de tartarita, joven y niños también lucen su correspondiente prenda, lo mismo sucede con las damas. Hacia 1950 las modas habían cambiado pero persistía la costumbre. Era usual el sombrero tipo Panamá o el de fieltro  de ala corta y plumita incluida, las damas con pavas de amplias alas y adornos floridos y los más jóvenes con cachuchas. Era muy frecuente que los varones de clases populares usaran gorra de beisbolista permanentemente. Con el furor del movimiento Hippie se pusieron de moda gorros de formas y colores muy variados que desaparecieron de escena al despuntar la década de 1980.  Para esas calendas usar sombrero era extraño, visto como algo obsoleto y medio corroncho.

Hace corto tiempo ha reaparecido la costumbre. Es in usar gorras de los equipos de Grandes Ligas, y se han vuelto prendas de lujo, adornadas con taches, lentejuelas y otros elementos, y con ellas se puede asistir a festejos y ceremonias de todo género. Una gorra de marca puede valer una fortuna. Por otra parte, el reconocimiento del sombrero vueltiao como símbolo nacional abrió las puertas para ser mostrado en homenajes nacionales e internacionales, y usarlo y regalarlo con orgullo. Impulsado por artistas de la farándula nacional y modistos de prestigio, el sombrero ha subido de categoría, llevarlo es señal de distinción. La costumbre ha prosperado, en principio entre los calvos para defenderse del inclemente sol, y luego por señores de copiosa cabellera con la misma intención de hacerle quite al sol y mostrarse a la moda. Lo usan indistintamente mujeres y hombres. Las calles están llenas de vendedores que los ofrecen a los turistas y propios, se exponen de diversos tamaños, materiales y estilos. El sombrero se volvió a poner de moda. Qué bueno reconocer las condiciones de nuestro entorno climático y las bondades que trae la adecuada cobertura.



La Fototeca Histórica de Cartagena  -  Getsemaní Calle del Guerrero Nº 29-02

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