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Memoria musical del Caribe

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En abril próximo nos llega el Cartagena World Music Festival y, en ese sentido, me llama mucho la atención que las nuevas generaciones tengan una memoria musical desconectada del caribe.

La juventud y la infancia de la ciudad se asoman a la música del caribe a través de la ventana del consumo, es decir, según la programación musical en radio que, a mi juicio, es muy precaria. En la radio local se apuesta por lo seguro: vallenato, champeta, reguetón, covers de baladas en música salsa y mucha música vieja: salsa vieja y champeta africana de la vieja, principalmente.

Un antecedente del festival, arriba mencionado, es el Festival Internacional de Música del Caribe, el cual, se celebró entre 1983 y 1994. Se trató, a mi juicio, del evento cultural más importante de la ciudad –junto al festival de cine- en el siglo XX. Creo que es así porque dicho festival logró –como muy rara vez ocurre- congregar, aglutinar, convocar a toda la sociedad cartagenera sin distingo de ningún tipo. Allí, no solo asistió toda la ciudad, sino que se mezcló. Es decir, aquel festival, propició el intercambio en muchos sentidos. Había que ver los picós metidos dentro del palacete del Marqués de Valdehoyos. Una idea que hoy es, por lo menos, un atentado a la sacralidad neoliberalista del centro histórico. Fue durante los años del festival cuando se consolidó nuestra memoria musical del caribe cuyas coordenadas, como lo dijo el pensador cubano Antonio Benítez Rojo, van de Nueva York hasta el norte de Argentina, desde el Golfo de México hasta las costas africanas. Dichas coordenadas geográficas hechas de mar, privilegian la condición de puerto de todos los destinos ubicados en la cuenca caribeña. Eso quiere decir que, cuando Cartagena tenía vida de muelle, su gente se exponía a todo tipo de intercambios con las gentes de todos los pueblos del mar. A veces siento que antes éramos más caribeños que ahora. Es en ese contexto en que aparece el Festival, pues, a su llegada al Circo Teatro del barrio San Diego, la audiencia local conocía buena parte de los géneros y ritmos musicales del caribe desde los años cincuenta y a través de la música programada en picós y en la radio.

La música llegaba a los muelles de Cartagena, es decir, los acetatos; de ahí pasaban a los picós de barrios y esquinas para luego programarse en la radio. Se trataba de un saber musical que se formaba en los sectores populares, pues, allí se seleccionaron o descartaron las piezas musicales que llegaban a los medios de comunicación. Hoy el circuito de la música es muy distinto, porque, el mundo cambió. La vida de muelle desapareció, la música del caribe se produce en Bogotá y el Internet nos convirtió en un público muy fragmentado, cada quien programa música a la carta. La memoria musical del caribe, es decir, la que se formó en la generación setentera y ochentera sabe de compás haitiano, soca, reggae, Calypso, merengue, ska, mento, plena, bomba, jíbaro, son, chandé, zouk, makossa, rumba congolesa, salsa y muchos géneros más. Me acuerdo que la gente tenía una buena noción de geografía del caribe en virtud del saber musical. La gente sabía de Martinica, Guadalupe, Barbados, Trinidad y Tobago, Haití, Congo, Sudáfrica, Surinam, Cabo Verde entre muchos países de este gran sur que somos todos. Cuando se acaba el festival, se disuelve la memoria musical en Cartagena.

El Cartagena World Music es una oferta cultural que se instala en un mundo distinto y una ciudad distinta. No es lo mismo ser negro en El Pozón, que serlo en Torices. Hay que hablar de una Cartagena subterránea y esa es la que no se programa en la radio local y, muchas veces, tampoco en los picós. En el barrio Torices, por ejemplo, está “Son Ná” una banda de rock que mezcla el metal con champeta, les recomiendo que busquen su canción inédita “Champes Boys”: irreverencia y descreimiento que desnuda la hipocresía habitual. Lo mismo pasa con el grupo de hip - hop (un género muy despreciado por los medios locales y nacionales) “Mafia Music” del barrio Las Palmeras. Son jóvenes, adolescentes y niños que están jodidamente inconformes con esta puñetera ciudad: lo cantan, lo rapean, lo gritan y lo bailan; convirtiendo así la rabia barrial y callejera en un poder estético que relata con gran autoridad la injusticia cotidiana a la que viven condenados. El Cartagena World Music Festival nos interroga a todos ¿En qué consiste la memoria musical en la Cartagena actual?  Hay que ir.

ricardo_chica@hotmail.com

 

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