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Memorias de mi Colombia

La cartagenera residente en los Estados Unidos, Valentina Arango, de 18 años, ganó el “International Latino Book Award” en la categoría de Mejor Libro Juvenil de No-ficción en inglés, con su texto “Memories of my Colombia.

1. La luz de Cartagena Toda esta historia comienza con escenas y recuerdos del lugar donde nací. Cartagena de Indias, Colombia, es el lugar que llamo mío con orgullo. Cuando me siento y trato de buscar los recuerdos más lejanos posibles, Cartagena es el lugar adonde llega mi memoria. Este lugar inmenso está rodeado por tales bellezas que consiguen atraparte incluso cuando eres demasiado joven para poder apreciarlas. Las Murallas son parte de esas maravillas. Son unas paredes de piedra que rodean la parte de Cartagena que mira hacia el mar, y mientras estoy en ellas puedo ver un vasto océano donde mis pensamientos se pierden. Lo que más me llama la atención sobre el océano es que puedes pasar horas mirándolo, y perderte en sus olas y su vastedad. Cuando regresas todo se ve mejor, todo parece estar bien. Después de visitar las murallas descendemos, tomamos un taxi y nos dirigimos a la playa. Cuando llegamos, la playa está llena de toda clase de gente. Pero lo que de veras me interesa es la enorme inundación de tonos de azul llegando hasta la arena menuda como polvo. Algunos niños chapoteando en la orilla, con sus padres cerca de ellos. Lo único que quiero es unirme a su baile y su alegría. Cuando ya me dispongo a correr, “splash”, mi madre me está cubriendo con crema bloqueadora, su olor agridulce aleja mi atención de las sonrisas brillantes. Sé lo que viene luego, toda una historia sobre lo peligroso que es el mar, y sobre los cuidados que debo tener. Finalmente estoy lista para recibir el hermoso color turquesa, para abrazarlo como si pudiera tenerlo para siempre. Aquello ocurre por un buen rato y, al final, el cielo empieza a cambiar, el azul se transforma en naranja y en rojo; el turquesa se oscurece y pierdo mi interés en abrazarlo. En ese momento empiezo a secarme, mientras mantengo la vista en el torrente de colores y veo el corazón amarillo del cielo empezar a sumergirse en el agua; mis padres me hablan y me visten, pero sus palabras no me interesan. Estoy perdida en la belleza y la luminosidad de Cartagena. 2. Diciendo adiós “Vamos a un lugar nuevo; está lleno de muchas cosas que te van a gustar”. Mi padre me habló con palabras que me prometían felicidad, pero que no conseguían convencerme. “Si logramos adaptarnos a ese lugar, nos quedaremos allá”. Esas palabras que yo no quería escuchar. “No. No quiero ir”, Mi decisión estaba tomada, pero el hecho era que nos marchábamos. Seguí mintiéndome y convenciéndome de que no iríamos a ninguna parte, mientras las cosas hermosas que había dentro de mi casa empiezan a desaparecer. Los estantes, los sofás, las camas, todo se desvanece. Yo trato de ignorar lo que pasa y sigo viviendo por encima de los cambios visibles que ocurren en mi santuario, que parece haberse vuelto en contra mía. Cuando la realidad de verdad me golpea es cuando tengo que empezar a regalar mis juguetes. Ese montón de juguetes que eran mi fantasía cuando todas las demás cosas me fallaban. Mis juguetes me alejan de la realidad, me conducen a un sitio brillante y colorido donde todos son felices, y donde la infelicidad no es bienvenida. Cuando les entrego estos juguetes a mis amigas, y a otros niños menos afortunados que yo, veo el brillo en sus rostros y su felicidad. El único brillo que hay en mí es el de mis ojos, aferrados a ese mar de de tristeza, a ese mar azul. Casi todas nuestras cosas están empacadas. Ya todo está arreglado: la escuela, los pasaportes y nosotros. Mientras nos preparamos para salir, tengo que decir adiós a mis amigas. En mis pensamientos, todavía no estoy convencida de que nos quedaremos en ese lugar. “Nos veremos cuando regrese; mientras tanto, les escribiré lo más que pueda”. En mi voz hay sufrimiento; aunque quiero creer lo que digo, no logro persuadirme para hacerlo. Miro de nuevo la casa. Tengo la esperanza de volver a verla pronto. Todo es historia, todo son recuerdos, los buenos tiempos y los malos tiempos; valió la pena haberlos vivido. Significa mucho para mí haber vivido todo lo que viví en aquella casa en todos esos años. Le digo adiós a este lugar al que llamaba mi hogar. Muevo la mano para despedirme del único lugar donde de verdad me sentía segura. Estoy deseando que todo esto sea sólo un sueño y que en cualquier momento me despierte; pero entonces miró hacia atrás de nuevo y comprendo que ésta es la realidad. 9. El regreso Mientras miro por la ventana del avión que se acerca a mi país, veo lo que alguna vez fue mi refugio. Todo aquel tiempo en los Estados unidos parecía haber desaparecido, una parte de mí que era como un vacío. Con el sol entrando por la ventana, con sus rayos luminosos, poco a poco el vacío se fue llenando de claridad y belleza. Salgo del avión y “Swoosh’, una oleada de aire húmedo y caliente me golpea de cara. Al comienzo, ésta es una sensación extraña; pero la ciudad parece abrazarme y yo la recibo. Camino al terminal, hago el procedimiento de inmigración y salgo para ser recibida por mi padre. Lleva una camisa naranja, tal como le dije que hiciera; porque tenía miedo de no encontrarlo. Sonrió y me condujo hasta donde mi prima y mi tía. Sus caras redondas y alegres me hicieron sentir bienvenida. Las saludé y las abracé a ambas y, aunque difícilmente conseguía recordarlas, hablé con ellas como si las hubiera conocido toda la vida. Llegamos a la casa de un pariente. Todos me conocen, pero yo me limito a sonreír y responder preguntas, sin poder recordarlos. Todos hablan de lo mucho que he crecido, “Dios mío, cómo pasan los años”. Al día siguiente recorremos todos los rincones de mi Cartagena. Este lugar es más hermoso de lo que recordaba. Vamos a la playa, el agua es tan azul que Crayola ni siquiera puede acercarse a hacer un color como ése. La arena es tan fina que abraza los dedos de los pies dándoles un masaje sin igual. El sol dorado mostrándose al mundo, mientras recorre los maravillosos paisajes y le da volumen al mundo. Las palmeras orgullosas y ostentosas. Y finalmente la gente, bronceada, negra, blanca, pequeña, alta, gordita, delgada, la gente bendecida que hace de éste lugar un lugar donde todos se sienten bienvenidos. Haber viajado por tantos lugares, haber vivido las cosas que viví, y regresar a una belleza frente a la que todos los adjetivos del mundo tienen envidia, es la mejor manera de sentirse seguros. Al regresar a este sitio descubro que soy feliz. No necesito ir a un lugar o a otro para ser feliz. Mi país está en mi corazón, mi corazón está en mi ciudad. Cada vez que intento escapar de los problemas solo tengo que cerrar los ojos y pensar en ese lugar, perderme en sus maravillas. Entonces todo está en su sitio, y ese sitio es la felicidad. Roselle Park (New Jersey) Primavera de 2008 * Apartes del libro “Memories of my Colombia”, de Valentina Arango, ganadora del “International Latino Book Award” en la categoría de Mejor Libro Juvenil de No-ficción en inglés. Este texto traducido por Gustavo Arango, fue cedido a Dominical.

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Comentarios

SENCILLAMENTE HERMOSO ,QUE

SENCILLAMENTE HERMOSO ,QUE BONITA PERCEPCION , OJALA TODOS TUVIESEMOS EN ESE LUGAR RECONDITO DE NUESTRO CORAZON LOS RECUERDOS DEL BELLO LUGAR QUE NOS VIO NACER Y CRECER; FELICTACIONES A VALENTINA, SI SIGUE ESCRIBIENDO ASI DE LINDO Y REAL LLEGARA MUY LEJOS; PUES YO TAMBIEN VIVI MIS MEJORES ANOS EN ESE BELLO LUGAR Y AL LEER SOLO NECESITE TRANSPORTARME DE CORAZON Y VIVIR LO MISMO.