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Mira pero no toques

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Así las cosas, se perciben tres tipos de espacio público: alto, medio y bajo. Hago tres apuestas: en el primero está el mencionado centro histórico. En el segundo está lo que será la cultura Transcaribe; y en el tercero está Bazurto, aunque, me llama la atención, la inmensa región barrial de las pandillas. Sospecho que la gente siente que el Castillo de San Felipe no es nuestro. Lo mismo pasa con las playas. O con el convento de La Popa. O con las fortificaciones de Bocachica, que se sienten tan lejanas. Para mí, se viene operando un cambio silencioso en la apropiación social del espacio público del centro histórico.

Se trata de un escenario que exige la actuación de un comportamiento social correspondiente a su “alta” calidad. Un comportamiento escenificado que privilegia lo pintoresco, lo exótico, lo simpático, lo domesticado: de ahí la importancia de las palenqueras disfrazadas de ellas mismas; pasando por  bailarines y estatuas humanas; hasta llegar a bandos y cabildos llenos de colorido y manifestaciones de arte popular; y, también, eventos culturales de repercusión internacional. El centro es  una poderosa imagen y, por tanto, debe instalarse en el repertorio de imágenes globales; es importante posicionar la marca ciudad junto con las gaseosas, los zapatos o las hamburguesas. La aspiración es que, algún día, la gente se comporte igual que cuando va al mejor centro comercial. Todo el mundo se perfuma, se viste bien, cuida su imagen y buenas maneras y bota la basura en su lugar. Por eso, también, sospecho que al pueblo se le mira con desconfianza, en especial, si está rebuscándose en este magno escenario – museo.



Asumo que en Cartagena no existe espacio público “medio”, por eso, postulé la cultura Transcaribe; porque se trata de un dispositivo urbano que atraviesa la ciudad, sin integrarla. Falta ver en qué consistirán las prácticas cotidianas y la relación que construyamos con dicho proyecto, cuando esté en funcionamiento. En parte es una relación de venganzas, pues, es común escuchar gente deseando que la obra termine rápido para ver qué van a hacer los indeseables mototaxistas, buseteros,  colectivos, o los paleteros espontáneos que cruzan peatones en Bazurto. El espacio público “bajo” es el caos, el desorden, la violencia, lo anormal. Mejor dicho, casi todo aquello que rodea el centro histórico. Incluyendo los adefesios urbanos en que se convirtieron los sectores residenciales y su densificación fuera de control: Manga, Pie de la Popa, Bocagrande, Crespo etc. Siguen creciendo sin medir consecuencias ambientales o de ningún tipo. Olvidan que hemos vivido dos Tsunamis y el desplazamiento del eje del planeta. Eso debe tener algún efecto, sin contar lo que está por venir.

No podemos seguir entendiendo el espacio público así, como objetos concretos que se controlan o no. Otra mirada apunta a concebir el espacio público como un conjunto de minorías, todas, con derecho a la ciudad. En otros términos que un habitante de  Manga sienta que El Pozón es suyo. Y quien vive en Olaya, sienta que Castillo Grande es suyo. No estoy hablando de dos Cartagenas, porque no existen. Esta ciudad siempre ha sido una. Lo que pasa es que una parte de ella vive a expensas de la otra. La historia urbana de Cartagena es la historia de la improvisación, la miopía,  la hipocresía, pero, en especial, del abuso. Un buen ejercicio para obtener evidencias es seguir la historia de desplazamiento intra - urbano desde la aparición de los barrios al pie de la muralla –a fines del XIX- hasta la aparición de la ciudad del Bicentenario en el presente siglo. No es simple asunto espacial, sino político - económico y sus incontables intereses: acceso a un mercado, especulación de la tierra, licencias de todo tipo, etc. Hay que humanizar el debate del espacio público, para pensar el modelo en que está inmersa la ciudad. Aunque siento que esta columna no sirve de gran cosa porque esta, también, es la ciudad del silencio. Y ello es evidente en el mensaje cotidiano, progresivo y subyacente que refleja el centro histórico: mira, pero no toques.



ricardo_chica@hotmail.com




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