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Padre Linero, sin pelos en la lengua

Nadie sabe en qué instantes de la madrugada el sacerdote eudista Alberto Linero (Santa Marta, 1968), ha escrito este par de libros que ha publicado la editorial Planeta, en menos de noventa días. Se trata de ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Cómo vencer a la amante de tu marido (2012) y “Señor, ahoga mi dolor: El llamado a ser felices (2013).

Por supuesto, los dos libros son el resultado de muchos años de reflexiones y lectura cuidadosa de La Biblia. No hay nada improvisado. Sus devocionales mensuales que desaparecen la semana antes de empezar cada mes, en las manos de más de trescientas mil personas, son hijas de la misma práctica de escritor y orante.

Para el primer libro que reseñamos, la pregunta no se escapa de los lectores: ¿Cómo un sacerdote puede escribir un libro sobre infidelidades y hacer recomendaciones a las parejas víctimas de la infidelidad? El padre ha explicado que además de ser hijo de una pareja que tiene cuarenta y cinco años de matrimonio, ha brindado asesoría espiritual a incontables parejas en conflicto. De esa búsqueda de alternativas ha surgido su primer libro que bien valdría  la pena leyeran creyentes o no creyentes, parejas unidas y a punto de separarse. En todo ello no hay fórmulas que valgan, sino experiencias que se enriquecen con las interpretaciones psicológicas, y existenciales, sin ninguna ortodoxia religiosa ni teológica. No hay fórmulas mágicas. El narrador en primera o tercera persona que cuenta su caso personal, tiene la visión espiritual de quien se vuelve testigo de la experiencia en diez capítulos en donde el sacerdote prueba sus dotes de narrador y ensayista su gran sentido del humor.

En el capítulo siete el autor se pregunta sin pelos en la lengua: ¿Si están tan contentos con la amante ¿por qué no se marchan? ¿Por qué no se van de la casa? En el capítulo diez propone una reflexión desde la espiritualidad cristiana.

Dice el padre: “Para el hombre el sexo es algo puntual, para ellas es significativo. Para el hombre es una disposición frecuente, para las mujeres se necesita una serie de estimulantes que hagan posible el deseo sexual”. Esta aseveración está complementada con un testimonio: “Recuerdo aquí a una amiga, cuyo matrimonio terminó en separación y anulación eclesiástica, diciendo: Es que ustedes los hombres creen que esto es de animales, de tener contacto físico y se les olvida que esto es poético, trascendente... Quiero ser amada, no simplemente deseada”. (pág. 78). El asunto queda resuelto así:  “El hombre es como un fogón a gas, las mujeres, como un horno eléctrico, mientras ellos se encienden y apagan fácilmente ellas necesitan un tiempo largo para una y otra cosa”. La conclusión del padre es que “no existimos solos y que nuestra felicidad depende de otros también, “de la profundidad de nuestras relaciones y de los encuentros que tengamos”. El padre cuenta que una de sus sorpresas al hablar con algunas prostitutas es cuando ellas “me cuentan que muchos hombres solo van a pagarles para que los escuche, que se desnudan, se acuestan pero no hacen el amor sino que ella lo escucha a él, que le cuenta todo lo que siente y rodea sus pensamientos. Es como si se desahogaran con ella”. Y propone: “Hay que procurar relaciones de pareja en la que nadie se sienta solo, en las que se compartan las cosas verdaderamente importantes de la vida, y que suelen ser dejadas a un lado debido a los compromisos y situaciones que conlleva la convivencia y que deben ser resueltos día a día”.

El libro reafirma su convicción de que el matrimonio no es una cruz llamada a fracasar y mucho menos, una experiencia con fecha de vencimiento. Sugiere juzgar al otro desde su intención y no solo desde los hechos. Recuerda que lo que se pone en juego además de una relación de pareja, es la familia toda. Y por ella  vale la pena emprender todas las batallas. Vale la pena intentar el perdón, como un camino para recuperar la paz. Explica que él como sacerdote eligió el celibato como opción de vida, pero que su realidad le genera límites para abordar la vida de pareja. El libro recoge diversas experiencias de parejas que lo han consultado. Y la colaboración especial de Hollman Javier Varela Altahona, su asistente, quien está casado y tiene tres hijos, y ha aportado visiones personales y académicas a los borradores. Ya en el año 2001 el padre Linero había publicado el libro “Orando y viviendo vivencias”, en el que plantea algunos de los interrogantes que desarrolla en sus nuevos libros.

Pero antes de entrar al segundo libro, dejar como reflexión una frase del padre expresada el 21 de marzo de 2013: “El hueco del corazón del hombre es del tamaño de Dios”. Y me pregunto: ¿Cómo recuperar la plenitud ante ese vacío?

El perdón es según el padre Linero, la herramienta “que tenemos los creyentes para ser felices”, así lo expresa en la introducción de su libro sobre el llamado a ser felices. Y precisa que la gran mayoría de las enfermedades emocionales y espirituales, son hijas de la carencia de perdón, tanto de darlo como de pedirlo. La escasez del perdón en la vida humana deteriora el corazón y la existencia cotidiana. Si es bien complejo perdonar a otro ser, resulta difícil perdonarse a sí mismo, reconociendo la imperfección y el error. Es un acto liberador. Nuestra existencia no es un azar de espermatozoides, sino una elección y una decisión divina, plantea el autor. No estamos aquí por casualidad. Su libro son doscientas páginas de reflexiones teológicas y espirituales sobre el dolor, la soledad, el sentido de la vida, la alabanza y las bendiciones y el legado espiritual de Jesús.

Concluye que nada en la vida de un ser humano sucederá como por arte de magia, sino cambian sus realidades internas y externas. Si no toma una decisión que transforme su vida. Y remata diciendo que no existe la resurrección sin la muerte, ni la tierra sin el desierto. “Ambas realidades indeseables se presentan como la puerta de entrada a la bendición”. La resurrección empieza siempre dentro de nosotros para que se encarne.

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