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Panamá derriba los malos recuerdos

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En la punta de la playa de Farallón, a unos 100 metros de la antigua base militar norteamericana construida a principio de los 40’s para proteger el Canal de Panamá y que ahora es un beach resort, se levantan las ruinas de una de las casas de descanso del ex dictador, Manuel Antonio Noriega.

Desde ese punto, sí se mira de frente, hacia el mar, se ve el islote rocoso que da nombre a la zona. La casa de Noriega, personaje tantas veces presentado en libros y en películas como uno de los peores y más viles personajes de la historia Latinoamericana del siglo XX, tiene la mejor vista de la playa. Sin embargo, poca gente disfruta de esta vista y mucho menos tiene curiosidad por conocer los escombros de aquel viejo palacete.

Farallón es una comunidad de pescadores, en el corregimiento de Río Hato, en el distrito de Antón, que a su vez hace parte de la provincia de Coclé, en todo el centro de Panamá.

La zona coclesana es fundamentalmente agropecuaria con tradición terrateniente. A pesar de ser parte de una provincia que data del año 1855, los mitos de la playa de Farallón, y sus alrededores, obedecen a la historia reciente, la historia de Noriega y el ejercito gringo habitando la zona.

Adonis, joven pescador de 28 años, que tiene la piel marrón como el caramelo, rasgos indígenas y contextura delgada, dice que Noriega usaba la pequeña isla para guardar sus tesoros y que incluso, dentro de las cuevas de aquel islote rocoso y volcánico de color amarilloso oscuro, alcanzó a guardarle bombas al gobierno estadounidense en la época de Reagan. Cuenta que la roca antes era parte de tierra firme, pero que en busca de garantizar más seguridad a sus objetos preciados, Noriega bombardeó el pedazo de tierra que la unía con el continente y así la aisló de cualquier acercamiento terrestre. “Si yo tuviera toda la plata que tenía Noriega también haría lo mismo, ¿me entendei?. Así nadie podría robarme lo que es mío”.

Adonis mira el mar a las 4:30 de la tarde desde el muro que da inicio a un restaurante de mariscos, cerrado en este viernes santo. Lo mira, habla de la marea que sube rápido y dice que a él le gusta pescar peces grandes.  Hace silencio por unos segundos, aún mirando ese mar gris parco que se ilumina con la luz del atardecer del Pacífico. Con los ojos pequeños y casi cubiertos debajo de la visera blanca que lo protege durante el día del sol, dice: “El mar es mi cajero”.  Y es de eso viven él y toda su familia. Desde algunos años es también el cajero de un amplio grupo de hoteleros que ven en aquel lugar un punto estratégico de turismo. Es considerado el cuarto destino turístico en el territorio panameño, según la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), entidad que señala que para que una zona pueda ser llamada turística, debe contar con más de 20 atractivos para los turistas.

La panameñidad
Sobre el terreno que alguna vez fue la casa de verano de Omar Torrijos, en el extremo opuesto de la casa de Noriega sobre la playa de Farallón, ahora está construido uno de los dos grandes edificios de lujosos apartamentos que son, en general, de propietarios capitalinos que los usan como lugar de descanso. Adonis y sus compañeros de pesca señalan que Coclé es tierra de presidentes, aunque Torrijos, en realidad, era oriundo de Santiago, Veraguas, otra provincia.

Con el pasar del tiempo, la historia de la época de dictadores y golpes de Estado en Latinoamérica ha ido mutando y los espacios se trasforman al mismo ritmo. Los escenarios de ahora se parecen cada vez menos a los de aquellos años y los locales han hecho un gran esfuerzo por olvidar y construir una nueva historia.

Así lo asegura Nitzia, mujer de piel blanca y grandes ojos, que tiene alrededor de 70 años y trabaja en el sector público panameño. Habla casi con todo el cuerpo, le brillan los dos anillos que tiene en cada mano y el reloj dorado que lleva  en la muñeca derecha: “Creían que no íbamos a poder, pero míranos. Han pasado 15 años desde el traspaso del Canal y somos una economía estable y fuerte”, habla con la seguridad que le da el orgullo de ser panameña. Pero cuando se le pregunta por la época de Noriega, hace silencio y recomienda no escribir nada que tenga que ver con esa época. “Hay mejores cosas que decir de Panamá”.

El olvido a voluntad
Entre finales de los 60’s hasta el día de la muerte de Torrijos en el año 81, Noriega fue uno de sus hombres de confianza. En el 68, cuando la CIA intentó hacerle un golpe de Estado mientras estaba en una carrera de caballos en México, fue Noriega, desde Panamá, quien lo ayudó a regresar a su lugar de poder. Incluso, hacia el final de la década de los 70, cuando Noriega ejercía el puesto de Jefe de Inteligencia, Torrijos decía: “Noriega sabe dónde estamos nosotros, pero nosotros no sabemos dónde está él” porque para “El general”, como también lo llamaban, “el papel del Jefe de Inteligencia consistía en que nadie le viera”. Así lo señala Kempe en su libro “Noriega, toda la verdad”, edición del 91 que descansa en la biblioteca de un intelectual en Cartagena. A pesar del papel decisivo que jugó Torrijos en la historia panameña, la mayoría de las personas menores de 35 años no recuerdan claramente que fue presidente del país, otros, ni siquiera pueden vincular su nombre con el de Noriega, quien si es altamente conocido por su régimen dictatorial entre los años 1982 y 1989, y como el agente de la CIA, nacido en El Chorrillo, que aún sigue pagando condena en Panamá.

Lupe, artista urbana que está en sus veintes, recuerda vagamente al presidente. “Torrijos fue un presidente… no, no fue presidente, pero ocupó un lugar importante en el gobierno, pero ahora no recuerdo cual fue”.

Miro es coclesana, negra y está en sus 30’s. Ella hace parte del equipo que se dedica a la documentación histórica del Programa de Ampliación del Canal, y trabaja las memorias de los proyectos iniciados en el 2007. Lleva trabajando en eso alrededor de 4 años. Para llegar a su trabajo hace un viaje de una hora de ida y otra de vuelta hasta Colón todos los días. Su oficina queda entre dos esclusas, la actual centenaria y la nueva, en construcción.

Cuenta que la forma de percibir a Torrijos dentro del país varía según tres segmentos generacionales: “Nuestros padres lo aman o lo odian. Si vas a mi generación, encontrarás opiniones más diluidas y menos radicales. Creen que de alguna manera benefició al país, “la dictadura con cariño”. En cambio, si preguntas entre los chicos mas jóvenes te encontrarás con miradas vacías".

El futuro próximo
Hace pocos días en Ciudad de Panamá se demolió la antigua casa de Noriega, y parece que el mismo destino tendrá la casa de Farallón. El gobierno justificó esta acción explicando que la casa se había convertido en un criadero de mosquitos y sin dar muchos avisos, borró del mapa un edificio cargado de acontecimientos que marcaron la vida del dictador en la capital del país. En realidad, es un comportamiento generalizado no solo del gobierno, sino del pueblo. “Es como si no quisiéramos recordar. Desdeñamos todo lo que huela a pasado. Estamos enfermos de olvido", dice Miro.

Una mañana como hoy, Adonis y sus compañeros de pesca se levantarán y encontrarán que la casa de Farallón se ha esfumado y así como las muchas historias no contadas y asumidas por la comunidad, nuevos mitos serán narrados y se dirán en voz baja en los alrededores. Los pescadores y sus familias contarán a los turistas curiosos en busca de historias de la playa, sobre aquella casa abandonada que estuvo en ruinas por 25 años en aquel lugar. Luego, los niños crecerán recordando esos viejos mitos que irán mutando, hasta que un día solo se recuerde de su tierra, la historia de los beach resorts que serán “el cajero” de sus familias.
Creían que no íbamos a poder, pero míranos. Han pasado 15 años desde el traspaso del Canal y somos una economía estable y fuerte”.

*Texto de Teresita Goyeneche.

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