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Paolo Buggiani: Un artista del fuego

El arte siempre es premonitorio: El artista italiano Paolo Buggiani se elevó con unas cuerdas en una de sus acciones de fuego que acostumbra hacer en los lugares más impredecibles del mundo y soñó sobre la soledad de las Torres Gemelas en Nueva York en 1979 una bocanada de fuego que salió de su boca.

La imagen de sí mismo en ese instante estético, arriesgado y vertiginoso lo hizo él mismo con una cámara puesta en un extremo de la calle: la cámara captó la inmensidad de las torres y su cuerpo horizontal suspendido en las cuerdas y el cielo brillante y azul, con pocas nubes deshilvanadas. El fuego de su acción artística fue una premonición histórica: las torres serían arrasadas por el fuego veintidós años después. Queda para la eternidad el desafío de un artista que utiliza su cuerpo cercano de cumplir 77 años, pero que aún mantiene la agilidad y la vitalidad prodigiosa de un muchacho convencido y dispuesto a la batalla bella e irracional de su arte.
Ahora, en el Hotel Bellavista, donde se aloja, se prepara para pedalear su Bicicleta de Fuego en una nueva acción artística frente al viejo y desolado caño que atraviesa la zona. Tiene listas dos botellas de gasolina, unas máscaras de hojalata que él mismo ha diseñado y recuerdan a antiguos guerreros romanos. Bajo la sombra de los viejos árboles que están sembrados en el patio del hotel ha terminado de forjar una colección de pequeños y medianos dinosaurios que pinta con soplete con colores vivaces. Parecería que allí está la dinastía de estas criaturas que parecen mirarnos desde su insondable soledad de lo arrasado y nos consolamos imaginando que la mamá del dinosaurio baja de lo alto de una montaña mientras abajo lo espera su pequeño dinosaurio. Está terminando de hacer unas alas enormes que instalará en la parrilla de su bicicleta. Humedece los bordes de las alas con gasolina. Me enseña uno de sus últimos catálogos en el que aparecen algunas de sus pinturas abstractas en las que predomina el amarillo, el verde, el naranja, son trazos que recuerdan un instante maravilloso del arte de su país del cual Buggiani es parte de su historia. Su obra está en el Museo de Arte Moderno de Roma y se encuentra en colecciones privadas en el mundo. No recordaba que el hombre del fuego en los inolvidables Festivales de Música del Caribe en Cartagena era Paolo Buggiani. Ahora presencio la acción y me sorprende que el fuego está en las alas enormes de su bicicleta que pedalea en plena vía mientras los buses se detienen y el carro de la policía observa desconcertada y le hacemos señal de que se trata de una obra de arte, todo con una señal de manos y el agente parece entenderlo sólo al final cuando el fuego empieza a apagarse. Se enciende un fuego en la jaula simultáneamente con el fuego de las alas, en este acto en el que participan Alcides Figueroa con un fuego pendular y Jaquelin Char con una máscara que se enciende. El fuego se convierte en la alegoría de la libertad y la opresión, del ensueño, la fantasía y el cautiverio. Buggiani pedalea en círculo con sus alas de fuego con su enorme máscara de guerrero romano. Sus manos dibujan, pintan, instalan, esculpen, convierten la sombra en luz y arriesga su cuerpo en la fantasía de inventar un fuego para sus delirios creativos. De ese aparente arte efímero que es una acción en espacio público, queda la imagen perpetua de una foto y un video que él vuelve a mirar, utilizar, intervenir, incorporar en su obra artística.
Es Paolo Buggiani, un artista integral para quien los elementos son pretextos para forjar una obra de arte. La policía ha visto apagar el fuego mientras Paolo pedalea su último círculo. Eufórico y vibrante, dispuesto a empezar una nueva batalla.

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