Piedad Bonnett “Lo que no tiene nombre”

07 de abril de 2013 12:01 AM

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Cuando escribió el poema “Dolores”, uno de los 70 textos que componen el libro “Explicaciones no pedidas”, Piedad Bonnett no imaginaba que el anuncio del Premio de poesía americana Casa de América 2011 le llegaría acompañado de la peor noticia que había recibido en toda su vida: el suicidio de su hijo Daniel, un hecho trágico de los que se sufren sin poder darles un nombre y “donde no cabe el llanto: el llanto es blando para sus espinas”. Desde entonces se le podría imaginar repitiendo para sí misma:
“Yo pulso mi dolor cada mañana
cuando el día me rasga con su astilla.
Lo llamo por su nombre, le limo los colmillos
para que no devore a media tarde
la carne maternal que lo ha parido”.

Ese es el universo de “Lo que no tiene nombre”, una singular confesión personal, distinta de otros testimonios de naturaleza similar por el tratamiento que la autora le da con las herramientas de la literatura más pura, las que también le han servido para asumir la escritura dentro del género poético y de la ficción novelada. Con un ritmo que no decae, Bonnett nos va involucrando en una intima experiencia familiar, desde cuando Daniel enferma hasta que se lanza al vacío desde la azotea del edificio donde reside en New York.  Pero así de cruda no es la historia; tampoco es melodramática ni sensiblera. Al contrario; basta comenzar a leer para notar que en su tono de intimidad no hay un solo asomo de pretensión exhibicionista sino que es la confidencia más decente que una madre puede hacer de la patología mental de su amado hijo y del itinerario de los tratamientos ordenados en los muchos consultorios psiquiátricos.
“Lo que no tiene nombre” confirma la sospecha de que el suicidio no es morir simplemente. Debe ser el infierno, se piensa al llegar a su última página. No ese infierno surgido de los presagios de las religiones o el que, según estas, nos aguarda a los pecadores de esta tierra. Basta asomarse a la historia del inolvidable Daniel para comprender su inocencia frente una tortura involuntaria.
Su propia madre intenta descifrar en su libro las claves: “Siento, por un instante, que profanamos con nuestra presencia un espacio íntimo, ajeno; pero también, atrozmente, que estamos en un escenario. Me pregunto qué sucedió aquí en los últimos veinte minutos de vida de Daniel. ¿Acaso sostuvo consigo mismo un último diálogo ansioso, desesperado, dolorido? ¿O tal vez su lucidez fue oscurecida por un ejército de sombras?” No hay lector inconmovible frente a esta historia de la vida real, contada por una escritora   no silenciada por el dolor de madre.“Es triste lo que este libro despierta, pero no puede ser de otro modo”. Me escribe la escritora desde Boston. “La vida esta llena de penas, Glenda, y nos exige mucho...”
vergaraglenda@hotmail.com

NOMBRAR LO INNOMBRABLE
“¿Hasta dónde puede llegar la literatura?- se pregunta Luis García Montero, a propósito de esta novela demoledora de Piedad Bonnett, “Lo que no tiene nombre” (2013), publicada por Alfaguara, sobre el suicidio de su hijo el artista Daniel Segura Bonnett.
“En este libro dedicado a la vida y la muerte de su hijo Daniel, Piedad Bonnett alcanza con las palabras los lugares más extremos de la existencia”, precisa García Montero.
Quien entra en estas 130 páginas no sale librado del impacto del espanto existencial y la devoción amorosa con que la madre descifra la decisión fatal de su hijo y sobre su cadáver reconstruye y vivifica los instantes supremos como si lo volviera a partir para entregárnoslo a cada uno de los lectores como una criatura forjada con todas nuestras entrañas. Piedad nos hace partícipes de su duelo y su tragedia y nos vuelve miembros dolientes de su propia familia.
“Una idea absurda me persigue: jamás el universo producirá otro Daniel. Siempre vendrá quien me diga que nos queda la memoria, que nuestro hijo vive de una manera distinta dentro de nosotros, que nos consolemos con los recuerdos felices, que dejó una obra... Pero la verdadera vida es física, y lo que la muerte se lleva es un cuerpo y un rostro irrepetibles; el alma que es el cuerpo”.
“Yo he vuelto a parirte, con el mismo dolor, para que vivas un poco más, para que no desaparezcas de la memoria. Y lo he hecho con palabras, porque ellas, que son móviles, que hablan siempre de manera distinta, no petrifican, no hacen las veces de tumba. Son la poca sangre que puedo darte, que puedo darme”, dice Piedad Bonnett en su extraordinaria novela.
Daniel legó una bella y estremecedora obra pictórica que acaba de ser recogida en un libro y algunas de sus pinturas pueden verse en:
www.danielsegurabonnett.blogspot.com

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