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Raúl Gómez Jattin: Lo bello y lo terrible

El pasado 22 de mayo se cumplieron 13 años de la muerte trágica del poeta Raúl Gómez Jattin (1945-1997) y el 31 de mayo, 65 años de su natalicio. Una semblanza crítica sobre su legado.

Mucha gente pensó que estaba loco y de hecho lo estaba, pero su locura era una locura frágil, muy parecida a la de Ofelia, que se enamoró de la locura que Hamlet no tenía y terminó arrojándose al lago para que siglos después John Everet Millais la inmortalizara en un cuadro majestuoso. Raúl sufría de alucinaciones y la marihuana lo ayudaba.
Era un ángel perturbado y descargaba sus delirios en el teatro y en la poesía. Practicaba un lenguaje muy auténtico. Era grandote, tenía ojos alucinados y andaba en sandalias, cuando no descalzo. Parecía un enorme muñeco de trapo. Su imagen y su personalidad eran perfectas para una novela de Kennedy Toole, quién también sufrió estragos reales e irreales en su vida de escritor. Porque en realidad Raúl era un niño grande con problemas de adulto.
Nació en Cereté, Córdoba, en 1945 y murió en Cartagena en 1997, le faltaron 9 días para cumplir 52 años. Dicen que lo atropelló una buseta llamada Colombia. En esa buseta seguramente iban el rencor y la envidia desmesurada de muchos que lo trataron mal cuando vivió en Bogotá. Algunos que se creen poetas lo despreciaron en los bares, y en las calles, porque andaba de un lado para otro, desamparado, con su libro “Hijos del Tiempo” en la mano. Y los poetastros que han ganado cierto reconocimiento más por política o por familia que por talento, escribieron en diarios con desprecio y con veneno sobre este hombre portentoso, queriendo así opacar esa luz maravillosa que lo seguía a todas partes, ya que su estatura vital y su estatura poética los opacaba, los disminuía. Y aún lo sigue haciendo.
Era hijo de una mujer que para él era un mito, Lola Jattin, quien murió y lo dejó pataleando solo en este mundo intrincado con su corazón en llamas y su Edipo a cuestas. También era hijo del lenguaje, que lo adoptó. Desgarrado, con la sangre hirviendo, Raúl descargaba su soledad y su sufrimiento sobre el papel, casi como con una navaja, y era su único mecanismo de defensa. Era desmesurado con la literatura, en la vida, en los alucinógenos y en todas sus emociones.
María Mercedes Carranza le pagó un hotelito para que dejara de caminar por las calles asfaltadas y sucias de Bogotá con los pies descalzos y Raúl, al igual que Johnny Carter, protagonista de El perseguidor de Cortázar, le prendió fuego al colchón.
Mucha tinta ha corrido sobre él y muy poco realmente se ha dicho, pues siempre se han quedado en su malditismo, en su vida menesterosa y disipada, pero nunca se ha ahondado sobre el misterio de su poesía tan original como sus raíces. Por eso dice en su poema “Pequeña elegía” : Ya para que seguir siendo árbol / si el verano de los años / me arrancó las hojas y las flores / Ya para qué seguir siendo árbol / si el viento no canta en mi follaje / si mis pájaros migraron a otros lugares / Ya para qué seguir siendo árbol / sin habitantes/ a no ser esos ahorcados que Penden / de mis ramas / como frutas podridas en otoño

Más allá de su locura y de sus detractores, Raúl Gómez Jattin es un clásico moderno, uno de los pocos escritores que al igual que Rimbaud, Cavafis, Porfirio Barba Jacob, entre otros, han logrado crear una memoria y un lenguaje: y eso es precisamente lo que debemos rescatar, la sensibilidad desgarradora con la que trasmutó el infierno de muchos años de incomprensión y de rechazo, viviendo para siempre en la metáfora, creando y prodigando belleza en una sociedad donde los otros sólo veían sombras, aunque, como escribió Rilke en el castillo de Duino, “lo bello no es más que el comienzo de lo terrible”.

elavedenis@hotmail.com

* Fernando Denis (Ciénaga (Magdalena), 1068), es el autor del poemario “Geometría del agua”, que fue considerado por la crítica el mejor libro de poemas de Colombia en 2009. Este texto fue cedido especialmente por su autor.

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CONOCI A RAUL EN EL HOSPITAL

CONOCI A RAUL EN EL HOSPITAL SAN PABLO DONDE ESTUBE INTERNADO, EN LA MISMA SALA DE EL, POR UN TRANSTORNO BIPOLAR. CANTABA LAS CANCIONES DE ADOLFO PACHECO Y ME DIJO QUE LO HABIA CONOCIDO EN EL COLEGIO FERNANDEZ BAENA O BUSTAMANTE, RECUEDO QUE SIEMPRE ME PEDIA UVAS, UNA VEZ SE ME DECLARO DICIENDOME QUE ERA M.A.R.I.C.A. YO NO LE CREI. CONSERVO DE EL UNA RECOMENDACION Y SU NOMBRE ESCRITO DE SU PUÑO Y LETRA, EL LELLO UN CUENTO QUE ESCRIBI Y ME RECOMENDO. AUN ESTA INEDITO, ESO FUE EN 1996.