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Relato nacional

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La caída de las torres gemelas en 2001 unieron social y políticamente a los Estados Unidos de América. Si uno mira un documental como “Farenheit 9-11” de Michael Moore, es fácil capturar la sugerencia: antes de la caída, Bush sabía lo que iba a pasar.

Era cuestión de capitalizar políticamente los hechos, construyendo un relato capaz de congregar, capaz de generar cohesión social, capaz de convocar la moral de la unión para acabar con el enemigo. Todos los índices señalaron a Irak.
Así fue. El relato nacional gringo se organizó alrededor del terrorismo, musulmán para más señas. Un relato que se replicó en casi todo el mundo occidental, en sus versiones nacionales. Aquí, por ejemplo, se acuñó el concepto de narcoterrorismo mediante el cual se señala el mal, aquello que obstaculiza el avance y el progreso de la nación. Se trata de un discurso muy vigente y muy usado por políticos en campaña y políticos instalados y atornillados al poder. Un relato nacional que seduce y homogeniza a la gran mayoría de la gente, a los habitantes de este país y de muchos países como este.
Los relatos nacionales resultan indispensables para convocar y convocarnos. Son fuente clave de la llamada autoestima colectiva. Es un asunto de suplir la necesidad de reconocimiento social y ello se logra muchas veces estableciendo diferencias radicales, y muchas veces irreconciliables, contra el otro. Como cuando Hitler estigmatizó a los judíos y los culpó de la desgracia económica alemana. De manera pues, que resulta parte sustancial de la historia, la construcción de referentes que dan una idea de nación. En Colombia, por ejemplo, fue clave la guerra contra el Perú en 1932 para que sus gentes comprendieran las dimensiones del territorio y lo que significaba la nación, en diferencia con el otro. Los medios de comunicación hicieron su parte al facilitar un repertorio amplio de estos referentes para que su público se hiciera una idea de lo que significaba ser colombiano o qué significaba ser costeño, paisa, cachaco, llanero etc. En este proceso, ocurrió una disputa simbólica entre la cumbia y el bambuco con miras a identificar la nación colombiana, de otras naciones y sus culturas.
De otra parte, el deporte se constituyó en otra importante fuente de imaginarios nacionales y que es usado como referente simbólico por los proyectos políticos de nación. Los nazis se llevaron un chasco mundial, cuando en las olimpíadas de Berlín en 1933, el atleta negro estadounidense Jesse Owens se coronó como el hombre más rápido de la tierra. Por supuesto Hitler no le puso la medalla. Las selecciones de fútbol, según su rendimiento y ranking global tienen conexión directa con la construcción de cultura y relatos nacionales que convocan el orgullo colectivo. Es por eso que celebramos de cuando en vez aquel glorioso cinco – cero con Argentina.
“Invictus” la última película de Clint Eastwood, es sobre el modo como Nelson Mandela aprovechó el rugby –hasta entonces el deporte de la raza blanca en Sudáfrica- para unificar el país. No tumbó torres, no estigmatizó a los otros ni les echó la culpa de nada, no se declaró superior a nadie, ni salió a matar a ninguno. Mandela habló con Francois Pienaar, el capitán del equipo, y lo convenció de que lograra lo imposible en el campeonato mundial de rugby en 1995. Entonces los surafricanos de todos los colores creyeron. Por supuesto que los relatos nacionales son delicados e intangibles y se desvanecen si no se saben o no se pueden sostener.
En otras palabras, “Invictus” es la historia de la puesta en escena de la nacionalidad surafricana en el ámbito deportivo. Pero, eso sí, las puestas en escenas jamás serán suficientes: resulta medular demostrar en el plano concreto de la vida, las premisas que subyacen en los relatos. Y la demostración es con hechos: pisar la luna, inventar el i – pod, construir aviones, disponer de un sistema de seguridad social serio etc. ¿Qué nos convoca a los cartageneros? ¿Qué nos congrega como colombianos? ¿Con cuáles referentes nos distinguen en el mundo? Tenemos una tarea larga, compleja y difícil por delante. No se pierdan “Invictus”.
ricardo_chica@hotmail.com

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