Hace diez años murió Héctor Rojas Herazo (1921-2002) y por eso sus lectores debemos decir que su muerte no ha interrumpido el diálogo constante con sus poemas y novelas. Estas ya se han convertido en un gran monumento de la cultura colombiana que espera la mirada de las nuevas generaciones. Se trata de obras definidas a partir de un discurso mental que pone en evidencia la intimidad de sus personajes y en el cual se muestra de qué manera es el fundador de un estilo y un lenguaje literario. Considero que Celia se pudre (1986), es la novela más ambiciosa que se ha escrito en la literatura colombiana. Se halla formada a manera de memorias muy cercano al yo joyciano, y a ese capítulo de Ulysses que se llama el monólogo de Molly Bloom. Sus novelas crean entre nosotros una narrativa como reflejo del mundo Caribe. Es uno de los autores más representativos por lo que significa como desarrollo moderno de nuestras letras. Pero sobre todo, tiene el mérito de iniciar el gran movimiento de renovación que seguirían Mutis, García Márquez, Cepeda Samudio, Gómez Valderrama. Aparece en sus obras la necesidad de soñar con un país y un mundo sin fronteras. En medio de la nación provinciana de entonces, él y ellos forjaron esa nueva realidad. Además, Ítalo Calvino afirma que el verdadero sentido de la literatura moderna es la inevitalidad de la muerte. Por eso los libros del citado autor colombiano, poseen gran vigencia porque desean hacerse de la transitoriedad del ser humano. Nació en Tolú, Sucre, Colombia y su obra posee un sentido muy personal y entrañable porque habla de su país y como si fuera parte de sí mismo. Por esto en uno de sus libros, Signos y garabatos del habitante (1976), afirma. La prueba de fuego para quien pretenda considerarse escritor, es escribir sobre sí mismo. En este mismo libro, y antes de su tercera novela Celia se pudre, dice: He escrito dos alaridos confesionales en forma de novela. Y ya había dicho Bernard Shaw que toda verdadera literatura es una confesión. El autor primero publica poesía y la novela aparece como un segundo paso, consciente de la necesidad de formar un estilo narrativo fundamentado en elementos poéticos. Entres sus libros de poesía mencionamos Desde la luz preguntan por nosotros (1956) Las úlceras de Adán (1995), Candiles en la niebla (2006). Sus demás novelas Respirando el verano (1962), En noviembre llega el arzobispo (1967). Esta en particular, quiere recuperar la memoria del pueblo como arcadia del sueño. De las obras del autor me parece la más joyciana por su carácter de imágenes que rinden culto al recuerdo de ese lugar ideal. Se trata de uno de los escritores que representan en su propia condición la realidad de la literatura colombiana. Muestra el oficio y el trabajo constante en la soledad del creador que primer escribe para sí mismo más allá del reconocimiento o la circulación editorial. No obstante, el Ministerio de Cultura hizo en 1998 una nueva edición de Celia se pudre y varias de sus demás se publicaron en España con el reconocimiento de autores importantes como Luis Rosales.
* Tomado de Magazín del Caribe, Edición 31 de Junio de 2012.

