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Rubén Blades: confesiones de un artista

Desde hace tres años, el “Grupo Bladiano de Cartagena” (G.B.C.) viene trabajando en el rodaje de un documental televisivo llamado “De Getsemaní a San Felipe: la ruta bladiana”, en donde se muestra la afición de los coleccionistas de música salsa —y de algunos neófitos— cartageneros por los planteamientos que el cantante panameño Rubén Blades ha venido haciendo en sus canciones desde hace más de 30 años.

En este 2010, cuando el autor de “Pedro Navaja” y “Maestra vida” se constituye en la noticia cultural y farandulera, debido al concierto que brindará el próximo 30 de diciembre en la Ciudad Heroica; y por ser el invitado para la apertura del “Hay Festival” el 27 de enero de 2011, el G.B.C. aprovechó para enviarle el cuestionario del documental, el cual muy gentilmente el cantautor respondió, respecto a los variados aspectos de su vida pública.

El G.B.C., conformado fundamentalmente por el abogado y coleccionista Heriberto Martínez Britton; el periodista y realizador Rodrigo Ramírez; el investigador Nicolás Contreras y el periodista Rubén Darío Álvarez, entregan hoy a los lectores del Magazín Dominical la conversación virtual que sostuvieron con el bardo panameño. Salsa y aché.

Literatura y periodismo

—Háblenos de las influencias músico-literarias que le permitieron crear una obra con sentido estético-poético y, al mismo tiempo, popular.

—Estoy leyendo desde que era muy joven. Leo de todo. Desde Miguel de Zevaco a Balzac, los clásicos, Quiroga, Borges, Cortázar, Fuentes, Paz, García Márquez, Benedetti, Galeano, Dumas, Hugo, y todo lo de Camus. Camus me impactó mucho por su implacable honestidad.

—¿Qué papel desempeñó su familia en su formación humanística?

—Mi abuela me enseñó a leer en la casa. Era una mujer especial, vegetariana, practicaba el yoga, escribía poesía, pintaba. Mi madre cantaba, era pianista, escuchaba opera y música clásica. Mi padre era deportista y músico bongosero. Su hermano, Roque Javier Laurenza, es uno de los poetas de vanguardia más importantes de Panamá.

—Cuando se encontró, por primera vez, con Willy Colón en Panamá, ¿qué aspectos cree que fueron los más decisivos para la carrera de ambos durante esas primeras conversaciones?

—Cuando nos encontramos por primera vez en Panamá, en 1969, creo que ambos sentimos curiosidad por lo que hacíamos. Eso creo que dio la base para futuros encuentros. No sé de su parte qué lo animó. Especulo solamente. Me pareció un músico cuya banda y repertorio proyectaban una fuerza y un poder de barrio espectacular.

—Muchos de sus admiradores consideran a “Maestra Vida” como el “Cien Años de Soledad” de Rubén Blades. ¿Qué tiene que decir?

—Aunque no considero prudente comentar sobre comentarios ajenos, se lo agradezco por el cumplido que encuentro en que comparen eso con una obra tan berraca como la del Gabo.

—Sus canciones lo revelan como un poeta y narrador promisorio. ¿Piensa escribir novelas, cuentos y poemas en el futuro?

—Estoy en proceso de redactar una serie de escritos, "poesías" o comentarios. Además, pienso escribir sobre mis experiencias como músico, actor y en la política.

—En canciones como “Adán García”, “Pedro Navaja” y “Juan González” usted se muestra como un periodista de crónicas. ¿Qué papel le da al periodismo en su obra musical?

—Es una crónica urbana, comentario social, documenta y enfrenta. Creo que el arte no sólo plantea escape: también reflexión y propuesta.

—Personajes como “Juana Mayo”, “María Lionza”, “Pablo Pueblo”, “Juan Pachanga” y “Obalúe” recrean estampas filosóficas del ethos caribeño. ¿Qué estampas le faltan o cree que ya las ha trabajado todas?

—Faltan muchas. Apenas hemos comenzado. Otros seguirán agregando y mejorando esas imágenes con el tiempo.

—Usted sale a la palestra cuando la literatura latinoamericana tenía como escenario lo rural. ¿Qué lo hace tomar el espacio urbano (específicamente el barrio) como escenario de sus historias?

—En New York, muchos de los americanos de descendencia latina no identificaban realmente la posibilidad de su música, la llamada "salsa", como un medio de explicar su existencia y documentarla dentro del marco de la interacción social urbana. Cuando se inclinaron por la música afrocubana al principio, trataron simplemente de imitar lo que había hecho Cuba; y de eso surgen muchas canciones que hablan del campo y de una experiencia “guajira”. A mí me pareció siempre raro eso en Panamá, aunque también sucumbí a ese romanticismo y escribí una canción titulada "El Bravo", en el álbum "De Panamá a New York". Después comprendí que era absurdo hablar de algo que no conocía y que no definía mi entorno real. A mí no me despierta un gallo; me despierta un despertador eléctrico, probablemente de marca japonesa. Esa comprensión me llevó a ubicarme en la ciudad como protagonista y testigo de su diario existir.

—¿Las grabaciones con Boby Valentín y con Spanish Harlem pueden considerarse como una vuelta al barrio y a la salsa dura?

—Ensayo distintas expresiones. "Cantares del Subdesarrollo" es un álbum de sones urbanos, como los entiendo. Nadie ha comentado el que toque tres cubano, bongó y campana en ese disco. Tengo muy claro el argumento “salsero”. Pero yo no vivo de eso solamente, como medio de expresión y de satisfacción musical: hay otras cosas que también me interesan. Tanto Bobby Valentín como Oscar Hernández son amigos míos de hace décadas y los respeto enormemente, como músicos y como personas. Me siento muy honrado de que me invitaran a participar en sus proyectos.

—Dentro sus proyectos anunciados de grabaciones ya no figura el que grabaría con su hermano Roberto. ¿Qué pasó?

—Quizás ese resulte un futuro proyecto. Ahora mismo la urgencia de terminar lo que empecé, o no hice durante los cinco años de servicio público político que cumplí en Panamá, me lleva a establecer otras prioridades. El álbum de Cheo tengo que terminarlo; el de tangos con Carlos Franzetti, el de Boca Livre de Brasil, etc. Pero lo haré en algún momento.

—¿Qué otro cantante, fuera de Cheo Feliciano, le gustaría tener de compañero de una producción suya, para cumplir un sueño?

—Me hubiese gustado grabar con Ismael Rivera, con Frank Sinatra, con John Lennon, Ella Fitzgerald, Pedro Infante, con muchos más. Espero hacer algo con Ednita Nazario un día.

Cine

—De todos los papeles que ha caracterizado en cine, y de acuerdo con su ideología político-musical, ¿con cuál se ha sentido más a gusto? ¿Por qué?

—"Dead Man Out" fue la primera película en la que tuve que de verdad enterrarme en un personaje. Fue una experiencia difícil. Filmamos en una cárcel en Montreal, aún ocupada por presos; y era un mano a mano entre Danny Glover, que actuaba de psiquiatra; y yo, un condenado a muerte. Por esa película, hecha para la industria del cable cuando apenas comenzaba HBO, me nominaron como mejor actor, junto a Ben Kingsley, John Lithgow, Richard Thomas y Jason Robards Jr. Gané ese premio, cosa que me llena aún de orgullo. Fui el primer latino en ganarlo, el "ACE" Award, como mejor actor principal. No pensé que podría contra Kingsley, que venia de ganar el Oscar por "Gandhi". Pero así fue.

—¿Qué cree que le falta al cine latinoamericano para que amplíe su audiencia?

—1. Distribución efectiva de las películas.

2. Teatros que las exhiban.

3. Dejar el complejo de que lo que se hace en inglés o en francés es mejor que lo de nosotros.

—De lo que ha hecho en el cine hasta ahora, ¿qué cosas lo llenan más y qué le falta por hacer?

—Empecemos hablando claro: el actor trabaja para no estar desempleado. El primer argumento es: necesito un trabajo. Por otro lado, no me interesan papeles que denigren al latino o a una etnia por puro racismo; o para crear villanos unidimensionales o estereotipados. Esos roles los rechazo. He dicho más no que sí en Hollywood. Por otro lado, siempre me interesa un libreto en donde pueda agregar algo a lo escrito, tratar de encontrar una dimensión nueva al personaje. Me falta todo, porque uno aprende cada vez mas con cada experiencia. Me llena una película inteligente, con sutilezas, bien escrita, con temas que no estén manoseados.

—¿Qué le hizo dar el salto de la música al cine?

—Hubo un periodo de mucha dificultad para mí por la censura sobre mis temas en radios de Estados Unidos. En Hollywood no tenían influencia esos grupos. Así que hacer cine me brindó una oportunidad de trabajar y evadir su cerco y la censura estúpida. Tiene que haber existido, además, un grado de vanidad personal, de interés por verme en el cine. Era también un reto. No habíamos muchos latinos en el cine por entonces. Olmos, Julia, Elizondo, Montalbán a veces, Cheech Marin, Smitts. No éramos muchos. García no aparecía aún. Ahora somos más, pero todavía faltan más latinos y latinas en el cine.

—¿Considera éste un salto cualitativo o simplemente un cambio de escenario?

—Una película la ven en el mundo entero de forma instantánea, y genera publicidad y reconocimiento a un nivel que no produce un disco.

—Usted ha dicho que el cine y la T.V. son medios de mayor divulgación que la producción discográfica. ¿Cree que su aporte y representación como actor ha llegado más lejos y/o ha sido mayor que como cantautor?

—Como cantautor he tenido más control y más responsabilidad por el producto que hago. En el cine soy parte del proyecto de otro. No lo controlo, solo contribuyo. Por eso en la música siempre me he sentido mejor en cuanto al aporte y al impacto de lo que hago. Obvio, agradeciendo y reconociendo a mis compañeros músicos, sin los cuales no hubiese logrado el éxito.

—¿Aún tiene el sueño de hacer una película en su país con actores de la región?

—Absolutamente. Pero necesitamos fondos para eso y distribución del producto. Tengo pendiente un trabajo con Luis Franco, de Panamá; y espero también trabajar en un futuro no muy lejano con Abner Benaim, también mi paisano.

—¿Lo veremos en un futuro con mayor presencia en el cine que se hace en nuestros países, con sus historias y su idioma?

—Depende de si me llaman Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Iñarritu, Almodóvar. Nunca me han invitado a sus filmes.

Política

—En este momento el mundo anda de derecha, pero en Hispanoamérica comienza a reverdecer un bloque socialista. ¿Era esto lo que usted venía planteando en sus canciones, respecto al futuro de América Latina?

—Lo que planteo son respuestas posibles e inteligentes para producir una propuesta social más justa. No creo en soluciones ideológicas: nacen deformes. El argumento socialista de oportunidad, manifestado e incorporado incluso por las sociedades capitalistas a través de argumentos político-administrativos como el seguro social, educación y vivienda publica, vacaciones, salario mínimo, etc., sigue poseyendo importancia internacional. Se ha dado una evolución, a consecuencia de la mediocridad y la corrupción de gobiernos de corte oligárquico o tradicional. Eso produjo el espacio para la izquierda. El mejor ejemplo es el de Funes en El Salvador, del Farabundo Martí. Le deseo la mejor de las suertes en su tarea.

—¿Cree que el periodismo latinoamericano ha estado a la altura de nuestras circunstancias históricas actuales?

—En muchas latitudes el periodista no puede escribir lo que desea, porque muchos medios existen sólo para apoyar la dirección política del dueño del medio, de sus accionistas y de sus anunciantes. En otras instancias, los periodistas son perseguidos, censurados y hasta agredidos o asesinados por sus informes. Creo que existen muchos periodistas con un valor admirable en Latinoamérica. Valga como ejemplo actual los de Ciudad Juárez, los de México. Pero hay periodistas que escriben lo que les pagan por escribir. Apoyan lo que les dice el patrón y no tienen escrúpulos. Ahora con la internet y el anonimato que ofrece, "periodistas" calumnian, insultan y enredan a voluntad, todo bajo el cuento de "la libertad de expresión".

—Se conocieron unas encuestas en Panamá, según las cuales sus compatriotas lo descalifican como ministro. ¿Quiere decir eso que usted no encaja con la política tradicional de su país?

—No sé cuál encuesta fue esa, ni en que año fue hecha, ni con cuál propósito. Vayan a Panamá y consulten los números, no las lenguas. Durante mis cinco años allí, se creó la primera ley nacional de turismo, se creó un plan nacional de turismo, se produjo un plan a largo plazo de publicidad, se crearon oficinas profesionales y Panamá vio aumentar sus ingresos en turismo a un nivel antes no visto. El efecto del trabajo que hicimos, no sólo yo, los que laboraron con nosotros y el sector de la industria nacional del sector privado, lo hizo posible. Que existan quienes pretendan negar eso, no me sorprende. Pero los hechos están allí, para que gente objetiva los examine, con honestidad.

—¿Todavía está en el tapete su aspiración a la presidencia de Panamá?

—Cualquiera persona que asuma el riesgo de ganar una elección presidencial, en cualquier país, mejor es que:

1. Tenga claro qué va a plantear, que va a reformar, y lo explique antes de la elección.

2. Tenga claro cuál será el equipo administrativo que necesita (factor humano).

3. Tenga claro si ese pueblo de verdad quiere el cambio que dice desear; o si lo que quiere es que le hagan un omelette, pero sin que se rompan los huevos.

Es muy fácil el "aspirar" a lo que sea. Es una estupidez pretender crear realidades de imposibles.

Sobre el futuro, planeo ir a la Universidad de Columbia en el 2012, a optar por un doctorado. Plantearía un argumento político administrativo nuevo, distinto a lo que hoy existe.

No descarto un futuro regreso al plano político administrativo. No tiene que ser como candidato a puesto de elección.



 

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Rubén: gracias!!

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