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Revista dominical

San Andrés Islas, el archipiélago mutilado

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La luna verde que perdimos
Kent Francis James me dice que está deshecho con la decisión de la Corte Internacional de la Haya, de cederle esa inmensa franja de mar que ellos llaman Luna Verde, a Nicaragua. Lloró en la mañana del lunes al saber la decisión que afecta a quinientas familias de pescadores y desmembra el territorio de San Andrés Isla. Los niños sanandreanos y colombianos en general, amanecieron con un mapa mutilado del país. ¿Cómo se puede rehacer esta sensación de pérdida? La voz de Kent es serena y profunda y nos revela con sentimiento que la isla es una inmensa desazón rodeada de lágrimas por todas partes.
“Lloré al escuchar a la esposa de uno de los pescadores de Providencia contando que ya no podrán seguir pescando a 3 millas de Santa Catalina, porque esas aguas no le pertenecen   ya a San Andrés ni a Colombia. Aquí todos los habitantes de Santa Catalina salen a pescar, el mar ha sido una fuente y forma de vida desde siempre, el mar con sus peces ha estado a la mano. Amanecer con la realidad de que ese mar ya no te pertenece es un hecho desestabilizador en todo sentido. Lo grave de todo es que ante la magnitud de los hechos, ante el impacto de esta irresponsabilidad política, nadie responde. Pasan las cosas más terribles y no hay juicios políticos.
Es un golpe directo al sentimiento de desamparo que se tiene y se percibe en San Andrés Isla”, dice Kent Francis, artífice del Green Moon Festival, quien además ha sido embajador de Belice y Jamaica. “Colombia ha sido poco capaz y efectiva e irresponsable a la hora de proteger su soberanía territorial. La historia está a la vista: hemos perdido siempre, aunque ganemos la guerra como en el Perú, no defendemos nuestros espacios territoriales. Nuestra riqueza en forma paradójica se convierte en una desventaja. Los raizales de San Andrés Isla no hemos sido incluidos ni consultados en la suerte y en el destino de lo que ahora lamenta Colombia. Hay sentimientos encontrados en San Andrés Isla: más allá de una visión independista y separatista, lo que hay es un profundo dolor, un enorme desamparo de país, una gigantesca desesperanza. No hubo en la decisión de la Haya y en el equipo defensor de Colombia, un referente  y un hijo de San Andrés Isla.
Lo que hemos perdido es inmenso. Es como si te dejaran la casa o el potrero sin los pastizales. O el pez fuera del mar”.
Kent vive en una pequeña montaña en San Luis, un barrio de San Andrés Isla, a 37metros sobre el nivel del mar. Desde su ventana ve nacer el sol, las nubes del atardecer y la llegada de los barcos. Pero sobre todo, desde allí contempla el inmenso silencio apenas sacudido por el aleteo de los pájaros.

El caballito de mar está desamparado
San Andrés parece un caballito de mar en la inmensidad del Caribe. Está a 197 kilómetros de Nicaragua. A 308 kilómetros de Costa Rica. A 744 kilómetros de Jamaica. A 715 kilómetros de Cartagena. A 1.120 kilómetros de Cuba. Desde el mirador del Jardín Botánico de la isla contemplo el más intenso y dramático de los atardeceres, en dorados y rojos delirantes. Desde allí el paisaje esplende  en azules profundos. Son ocho hectáreas de jardín bien conservados, gracias a la devoción de la Universidad Nacional de Colombia, que tiene su sede Caribe en San Andrés Isla.
Para el biólogo José Ernesto Mancera, “San Andrés es un paraíso altamente amenazado y vulnerable”.  Con cien mil habitantes, es uno de los destinos turísticos del país: Al año arriba medio millar de turistas.
“La isla depende cada vez más del turismo, pero nosotros no vemos el dinero que pagan esos quinientos mil turistas y el impuesto de la tarjeta turística que paga cada turista al llegar a San Andrés Isla”, me dice Johannie James, al frente de la Universidad Nacional de Colombia en la isla.
“A nosotros los isleños nos identifican tres aspectos que conforman al ser sanandresano: Una es la relación íntima e inseparable con el mar. Dos: la relación con el coco, símbolo de nuestra libertad, desde que los raizales empezaron a sembrarlo apenas lograron su libertad en 1814. Tres: el verde de la naturaleza”, me dice Kent Francis.

El sabor de un robalo en zumo de coco
“Nuestra vida es el mar”, dice J. Robinson, uno de los pescadores de la Cooperativa de San Andrés Isla, quien me sirve un robalo en zumo de coco en el restaurante Fisherman Place,  que los mismos pescadores han construido a pocos pasos del aeropuerto.
“Ya quisiera que los pescadores de Cartagena tuvieran un restaurante así”, le digo, mientras alabo el paisaje que está cerca de nuestras manos. Los pescadores tienen allí un depósito sistematizado de la pesca diaria y en el restaurante ofrecen todos los manjares que nos depara el mar.
J. Robinson me cuenta que un día el presidente Uribe llegó allí y quedó impactado por la diligencia y el empeño laboral de los pescadores y les propuso mejorarles el restaurante del gremio. Le echaron baldosas al piso de tierra, mejoraron las puertas y distribuyeron mejor el espacio. Desde allí puede verse una panorámica del mar, unas playas blancas y un mar con todos los matices de azules. Debajo de los cocos, juegan dominó a las dos de la tarde,  algunos pescadores.
Hoy ellos reconocen que gracias a la gestión presidencial, los pescadores sanandresanos tienen un restaurante espacioso, confortable y funcional. “Los pequeños milagros no ocurren siempre en la isla”, me dice con cierto desencanto J. Robinson. “Tuvimos suerte con el presidente”, me dice. Pero no lo dice duro, porque la isla no ha tenido suerte con los presidentes. “Es así”, me dice con desenfado el taxista que me lleva al hotel. “Estamos abandonados a la suerte de Dios”.
“Hasta ahora nos está yendo bien”, me dice J. Robinson. “Lo peor que nos puede pasar a los pescadores es que nos quiten el mar”.
¿Qué hacemos con 12 metros de agua?
Hay mucha desilusión en la mirada del líder bautista Mitchell Dulph, quien ha impulsado en San Andrés Isla uno de los movimientos  de resistencia, y desde hace años reprende al gobierno colombiano por desatender el destino de San Andrés Isla. Está sentado ahora en una de las bancas de la antigua iglesia Bautista del barrio tradicional de La Loma, en San Andrés Islas, y mira la partitura de una canción gospel, mientras anota en una pequeña libreta algunos de sus pensamientos.
Mitchell nació hace 78 años en San Andrés Isla, y a lo largo de varios años viajó a las antiguas colonias británicas en el Caribe. Dice que pese a la Constitución de 1991, que reconoce la diversidad étnica del pueblo colombiano, la nación parece haber excluido a San Andrés Isla. Con  respecto a la suerte del archipiélago, “Colombia se ha hecho la ignorante y no decide ante Nicaragua. El primer–presidente que nos visitó fue Gustavo Rojas Pinilla en 1953, y de allí hasta 2012, sobran dedos de la mano para decir quiénes han tenido proyectos para San Andrés Isla”.
Conversar dentro de una antigua Iglesia Bautista, me parece un privilegio. La sola arquitectura en madera y las imágenes de los pastores me remiten a una atmósfera intemporal. Entré a la iglesia a escuchar a las estrellas del canto gospel, preludio del Green Moon Festival, y a la primera persona que vi fue a Mitchell, en cuyo silencio percibí su  aura y su fortaleza espiritual. Me pareció uno de esos seres entrañables que con solo verlo uno se siente hermanado. Me senté a su lado y le dije que venía de Cartagena. Mitchell estaba sediento de poder contar su secreto a alguien. Mi sorpresa en la noche es  que además de líder de uno de los movimientos de resistencia en la isla, es un ser espiritual con una bellísima voz para interpretar cantos gospel. Tiene un marcapazos pero nada le disminuye su vocación de servicios. “Es como si tuviera dos corazones”, me dice sonriente.  En esa banca empezó nuestra conversación que no cesa más allá de la isla. De la iglesia Bautista seguimos al correo electrónico y a la llamada por celular. Poco antes de la decisión de la Corte Internacional de la Haya, me llegó su mensaje:
“Estamos preparando una marcha masiva en protesta de la forma como Colombia manejó la disputa con Nicaragua, sin consulta previa, libre e informada con nosotros y sin nuestra participación y además contra el despojo sistemático de nuestro territorio por ejemplo con la pretensión actual de llevar a cambio un proyecto de ampliación del aeropuerto que implica remover miembros del Pueblo Raizal de sus hábitat ancestrales”.
Mitchell me reenvía el mensaje de César Augusto Pizarro Barcasnegras, sobre el impacto de esta decisión: “En ese contexto debemos notificarle el mismo 19 de Noviembre al Estado Colombiano que no debe acatar un fallo adverso por que el tema lo llevaremos los isleños a la CIDH. Insisto en el desacato y la desobediencia civil, no solo del Pueblo Raizal, no hagan odiosas exclusiones, debe haber una inclusión tambien de quienes no siendo raizales somos isleños por derecho civil legalmente adquirido, pero además por orgullo con la patria chica y por sentimiento y adopción que llevamos toda una vida ligados a San Andres. Es que además de la supervivencia del pueblo raizal es también la supervivencia del otro conglomerado poblacional. Si se quiere un respaldo colectivo de toda la población que habitan las islas, es bueno ir cambiando el lenguaje excluyente. Es que la decisión adversa que tome La Haya afectará a todo el conglomerado, por eso todos estamos indignados. Obviamente es bueno que sea relevante el pueblo raizal en la contextualización y planteamiento del problema, pero hay que dimensionar el impacto no solo contra los 30 mil raizales, si no contra los 90 mil pobladores cuya seguridad alimentaria, desarrollo de actividades económicas como la pesca y el turismo; y medio ambiente, se verán perjudicadas por cuenta de un fallo adverso y el control y las exploraciones petroleras que seguramente empezará a ejercer Nicaragua en aguas adyacentes al archipiélago”.
Lo llamo para saber qué piensa de la decisión de la Corte Internacional de la Haya. “No me sorprendió”, me dice, “porque Colombia nos ignoró por completo, a pesar de que en 2001, uno de nuestros representantes había hecho una proposición que había sido aprobada de que en la comisión colombiana estuviera una voz raizal de San Andrés Isla. Es increíble que Colombia se haya alegrado con los Cayos y no haya pensado que para qué pueden servir los Cayos sin el mar. Esos son 12 metros de agua y para qué sirven 12 metros de agua de mar? Lo insólito y aberrante es que para llegar a los Cayos tengamos que entrar a aguas nicaragüenses”.

“San Andrés es un paraíso altamente amenazado y vulnerable”, dice el biólogo José Ernesto Mancera.
“San Andrés es un paraíso altamente amenazado y vulnerable”, dice el biólogo José Ernesto Mancera.
Atardecer en la isla de San Andrés. Fotos de Gustavo Tatis Guerra
Atardecer en la isla de San Andrés. Fotos de Gustavo Tatis Guerra
Hay sentimientos encontrados en San Andrés Isla: más allá de una visión independista y separatista, lo que hay es un profundo dolor, un enorme desamparo de país, una gigantesca desesperanza.
Hay sentimientos encontrados en San Andrés Isla: más allá de una visión independista y separatista, lo que hay es un profundo dolor, un enorme desamparo de país, una gigantesca desesperanza.
Kent Francis James.
Kent Francis James.
Mitchell Dulph.
Mitchell Dulph.
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