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San Jacinto en una mochila

San Jacinto, modesto y austero, está en el corazón de los Montes de María.

Este núcleo musical y artesanal de Bolívar, trata de surgir esquivando a los malos alcaldes y el desdén incluso de muchos de sus habitantes. La juventud siente cómo el pueblo se pierde entre el polvorín que deja el verano y es necesario que empiecen a asomar alternativas frescas para exaltar la labor primordial de los pequeños artesanos.

Así empezó la iniciativa de Gladys Cecilia González Martínez, cuyo proyecto tomó forma hace dos años, mientras trabajó con la Gobernación de Bolívar, pero se materializó hace menos de 5 meses dándole resultados inesperados.

El proyecto
La empresaria de 22 años, recorrió diversos municipios de la Costa Caribe, impregnándose de su artesanía.

Hay algo en común en todos estos pueblos y es el poco valor monetario que se obtiene a raíz de este oficio, en contraste con el gran valor cultural que poseen. “Mi abuelita (Magola Leones) es artesana en San Jacinto y toda su vida ha tejido. Yo me daba cuenta de que era muy mal remunerado lo que hacía. El trabajo en estos pueblos debe ser reconocido y bien pago, tenemos mucho potencial y recursos y que lástima que no lo demos a conocer”, dice Gladys.

Tomó tanto como pudo del legado artesanal de su San Jacinto y de lugares como Usiacurí, Atlántico; Morroa, Sucre; Tuchín, Córdoba e incluso de La Guajira. “Tuve la oportunidad de observar las artesanías de cada lugar, para tratar de hacer piezas únicas, buscando romper los imaginarios de que la artesanía solo es para el turista”, explica.

Ciertas piezas en la colección de la joven empresaria, como las mochilas que promociona, son elaboradas en San Jacinto, pero algunos bolsos tienen un proceso diferente. “Algunas piezas empiezan en Tuchín, ahí cogemos la fibra de la cañaflecha y con eso formamos bases. Entonces cuando ya está completa la llevamos a San Jacinto y allí montan el diseño. Luego pasan a Cartagena donde me encargo de la parte decorativa”. De cada pueblo extrae texturas, materiales y colores, para darle variedad a los productos.

“Al principio la marca se llamaba Nativa, pero luego cambió cuando le di mi identidad (ahora se llama Gladys González). Hasta el momento he manejado dos colecciones. La primera fue alusiva al Carnaval de Barranquilla. Había mochilas con marimondas, negritas puloy, toritos y mochilas con colores fuertes. Gracias a Dios me fue muy bien”.

En la recién lanzada segunda colección de la joven diseñadora, donde las mochilas también se incluyeron, hay además carteras, brazaletes, collares y cuellos. “La idea es ir incorporando cosas como sombreros, vestidos de baño, sandalitas  y salidas de baño tejidas, cien por ciento tejidas a mano”, me adelanta.
Sus coloridas piezas expresan el arte de los pueblos de la Costa, adornadas con maxipiedras, cristales swarovski, cuarzos, turmalinas y demás piedras semipreciosas. Todo el trabajo es manual.

En total, el grupo de trabajo de Gladys es de 25 personas, y es para destacar, que una artesana gasta al menos una semana entera para añadirle bisutería a las piezas.

Para aprender más sobre esta nueva faceta, dado que su marca cada día crece más, Gladys alternará sus estudios en Administración de empresas con Diseño. “Esto es algo con lo que nací siempre. Voy a estudiar Diseño de modas en Bogotá, ya en junio me voy. Recientemente abrí tienda en Bocagrande en Waveflow, y pues la idea es posicionar mi mercado en la Costa y luego llegar al interior del país. En noviembre estaré en una feria de arte y artesanías en Europa, específicamente en Munich, Alemania”.

Apoyo total
Los padres de Gladys, Dagoberto González Carranza y Cecilia Martínez, le apostaron al talento de su hija para asumir nuevos retos, pero no imaginaron que siendo tan joven, se atrevería a tener una empresa y abandonaría un trabajo estable para seguir sus sueños.

“Gladys me enredaba todo el hilo cuando yo me ponía a tejer, pero nunca logró hacer una mochila. (risas). A ella le ha gustado todo esto desde niña, le gustaban las piedras y ahora que veo todo lo que está haciendo me quedo admirada, le digo “Gladys muuuchacha””, comenta la orgullosa mamá.

Desde pequeña, la nueva empresaria estuvo en permanente contacto con el folclor sanjacintero, perteneciendo al grupo de danza “Fantasía”, con el que viajó desde muy pequeña a Bucaramanga e incluso a Tokio, Japón (aunque poco se acuerda).

Su inspiración
La señora Magola, de 71 años, sonrisa tierna y cabello blanco, es la abuela de Gladys. En una mesa ha puesto un sobrecama tejido de color amarillo pastel que más bien es una obra de arte.

“Hay gente que dice “ombe qué voy a usar yo hilo”, por eso digo que lo de Gladys es de admirar, porque la gente de aquí del pueblo no veo que le da realce a lo de uno”, comenta con un tono de voz muy bajo.

Para tratar de cambiar ese “imaginario” negativo, Gladys, está presentando en sus redes sociales cortos videos donde le muestra a la gente cómo combinar las mochilas con distinta ropa, sea elegante o cotidiana. “He ido a matrimonios con mochilas y se ve bien, se ve hermoso”, cuenta mientras me muestra algunas fotos de la noche.

La abuela de Gladys, tiene dispuesto en su patio un telar de madera entrelazado con cientos de hilos escarlata, para comenzar a hacer una hamaca. Al igual que las señoras mayores que en San Jacinto aún se dedican a este oficio, Magola conserva esta tradición más por costumbre que por dinero.
“Quiero mostrarle al mundo la parte bonita de nuestros pueblos”, dice Gladys.

Ella, sorprendida y con decenas de pedidos pendientes, confiesa que aún no puede creer el rumbo que tomó su pequeña idea de negocio, resultado de una clase de Emprendimiento e Innovación en la Universidad de Cartagena

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Comentarios

BIEN POR ELLA

y muy mal por los artesanos de estos pueblos especialmente LA GUAJIRA que elaboran bellas artesanias y sin embargo los grandes empresarios se las compran a precio de huevo para venderlas en la ciudad a precios exagerados.o lo peor les roban las ideas de como hacerlas y con que, aqui deberia haber una ley para el plagio o por lo menos quien venda este tipo de artesanias autoctonas de un pueblo pague un impuesto que vaya directo para el beneficio de los mas pobres de estos pueblos