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Shakira y yo

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De pronto alguien que come escorpiones vivos sube a Youtube un video y el contador de visitas se dispara como un cohete.

De pronto el mundo descubre la voz de oro de una cantante gorda y cuarentona en un pueblo olvidado o de un vagabundo que ya había perdido toda esperanza, y los contadores de sus videos se infartan. La gorda se pone bonita y graba su voz maravillosa y nos estremece hasta los huesos. Y en cuanto al vagabundo, ahora bien vestido y recién salido de la peluquería, hasta Jack Nickolson le ofrece trabajo. Uno se pregunta cómo pudo caer tan bajo como para mendigar en los semáforos, con semejante vozarrón, pero cosas así pasan en el mundo, cosas locas, inesperadas y casi siempre conmovedoras. Los cuentos de hadas todavía son posibles.

Con Shakira el cuento es otro. La sólida carrera de la cantante colombiana, fruto de su tesón e inteligencia, conjugados con el talento y la belleza, es motivo de orgullo y admiración de propios y extraños. García Márquez interrumpió su obra hace más de una década para deshacerse en elogios ante tal prodigio y Jaime Bayly rememoró su frustrada pasión de otros tiempos, cuando Shakira acababa de llegar a Miami, no era rubia ni hablaba inglés. Entonces ni siquiera su nariz era tan delicada. El escritor peruano estaba dispuesto a cambiar de peinado y de bando por la linda fuereña, pero no pasó nada, y cada quien por su lado.

A Shakira Mebarak Ripoll la hemos visto año tras año desde que era una mocosa de pie descalzos, perfeccionándose, alcanzando meta tras meta, dominando los mercados más esquivos y llegando literalmente donde ningún cantante latino había llegado, desde cuando preguntaba “dónde están los ladrones” hasta ahora que no se sabe qué demonios dice. Los ladrones siguen donde mismo haciendo de las suyas, y Shakira en todas partes. En Moscú, en Tokio, en El Cairo, en Estambul, en todos los rincones de Europa, en toda América, en todos los continentes recién descubiertos y en otros por descubrir, se escucha su voz, y todos han contemplado el meneo de sus caderas. Cada vez es más rica, cada año compra una nueva residencia en alguna parte del planeta y cada vez tiene más dinero para donar. Porque cada vez su música se adapta más al mercado, y vende, y vende, y vende. “Chequera, Chequera”, le cantan ahora. Por eso mismo no sorprende, aunque emociona, la noticia que siguió a la ruptura de su relación con su antiguo novio, el pobre Antonio: el record en Youtube, el billón de visitas.

Ciertamente, señoras y señores, según informa Yahoo, Shakira superó las mil millones de visitas en Youtube. Un número inimaginable, como bien comenta la cantante. Un sueño. “Waka-Waka”, himno oficial del mundial de fútbol de Sudáfrica 2010, superó la bonita suma de 300 millones de visitas. “Loca”, en cambio, apenas alcanza miserables 250 millones de visitas. “Suerte”, para qué mencionarlo: 47 millones. “Hips don’t lie”, 45 millones, qué vergüenza, y “Loba”, 35 millones, quién diría.

Todo este sinuoso preámbulo para anunciar a mis contactos de Facebook y los lectores de Letralia este blog, “Ficciones”, que ha superado las 500 visitas, una cifra difícil de creer. Necesito estrategias, atiendo sugerencias. Necesito crear tantos blogs como videos de canciones de Shakira navegan en la red. Tengo uno solo repartido en tres cabezas, como un cerbero, el perro que vigilaba las puertas del inframundo griego. En “Ficciones” van mis asuntos, en “De otros mundos” las delicias que voy encontrando por el camino, ya sean cuentos o poemas, entrevistas, comentarios de libros, de pronto fragmentos de mi diario o crónicas de viaje, canciones bellas o fotografías, pues no quiero ceñirme estrictamente al marco literario, y en “Mester de brevería”, recién iniciado, pretendo recoger textos cortos o minicuentos o minificciones o microrrelatos de todas partes del mundo con la única condición de que sean maravillosos, geniales, pequeñas joyas o pequeñas obras maestras. Diría que van de una frase a una cuartilla. Encuentro el texto, busco una ilustración o una foto que se le ajuste y subo todo al blog. Si hay datos sobre el autor, qué maravilla, y si se consigue la tapa del libro, mucho mejor. Se trata de un abrebocas a la obra de cada escritor. Por una sola línea fascinante alguien terminará leyendo a un maravilloso autor el resto de su vida.

Se me hace agua la boca al pensar en las maravillas que recogeré, frutos luminosos para pasar la noche o jugosas presas para aliviar el escándalo de las tripas del cancerbero. Me fascina este perpetuo estado de cacería, el susto de ladrón en casa ajena y la certeza de que volveré con el tesoro o al menos una muestra, una moneda reluciente, insoportable para la codicia del lector.

Las tres cabezas del cancerbero están conectadas por hipervínculos. Con un click el visitante puede navegar a su antojo, sin permiso alguno y absolutamente gratis. Ciertos temas pueden llevarlo a otras partes del mismo blog o de pronto a Youtube o a Letralia, esta maravillosa revista, casa de los escritores latinoamericanos.

Le agarré el tiro al blog, que en otros años hacía conmigo lo que se le daba la gana. Subo un texto en dos o tres minutos si todos los materiales están preparados de antemano. Darle de comer a este feroz animal de tres cabezas tiene sus ventajas porque, entre otras cosas, practico una lectura minuciosa, muy analítica, aprovecho mis fotografías y las ajenas, practico el photoshop y desempolvo mi fascinación por los idiomas. Uno esculca el texto y las fotos con ojo de entomólogo antes de subirlos. Uno empieza a descubrir en todas partes materiales que quisiera compartir de inmediato. Se entabla una deliciosa conversación con una criatura sin nombre ni rostro: me refiero a los lectores que van encontrando el blog y que constituyen una extraña presencia y sin duda alguna el sentido de todos estos bellos afanes. Uno sabe que ese alguien está ahí, al otro lado, en la habitación contigua y en el mismo hotel de paso de este mundo que todos compartimos. En momentos de lucidez puedo percibir su respiración y hasta el ritmo de sus sueños.

Belleza es lo que ofrezco, algo de fascinación, un bradburiano remedio para melancólicos, un exquisito puerto para los bebedores de relámpagos. Conjugación de palabras e imágenes, arquitectura del lenguaje para los ojos y traba para la mente. Y como diría Nabokov, que no disfrutó de estos universos, una poderosa corriente recorre la columna vertebral.

Los escritores no llenamos estadios ni arrastramos multitudes, no nos acosan para pedirnos autógrafos, no nos reproducen en afiches ni nos buscan para negocios de publicidad. Ni siquiera nos acusan de violación. Nuestro pan de cada día depende de la generosidad de los lectores, de las miserables regalías. Mejor dicho, dependemos de otra cosa: el magisterio, el periodismo, la publicidad, lo que a bien se nos haya atravesado en la vida, algo que nos permita comer y pagar el alquiler y demás servicios mientras practicamos, casi a escondidas y en tiempos robados, los altos oficios de la magia.

Ya no fuimos otra cosa. Ni estrellas de cine o del deporte, ni una cara famosa de la tele. Destinados al encierro, a la soledad de la escritura, parimos libros que ojalá recorran el mundo y consigan amigos y consuelen a muchos.

Me falta poco, creo, para alcanzar a Shakira. Como unas 500 mil vidas. Seguiré creyendo. Y ahora que me falta poco, muchísimo menos que ayer o antier, pues el contador de visitas se disparó a 666, ¡demonios!, veo la cara de preocupación de la cantante, veo que se muerde el dedo, veo que se escribe los asuntos pendientes en el dedo. Supongo que los nervios alteran su memoria y temo que, de seguir así o empeorar, terminará escribiendo en toda su piel la letra de sus canciones, y será una delicia verla leer en sus conciertos.



* Triunfo Arciniegas (Pamplona, 1958, autor de más de veinte libros de cuentos para niños y jóvenes, es uno de los mejores escritores contemporáneos de Colombia, dotado de imaginación y extraodinaria sensilidad.

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