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Sophia Vari: Una escultura viviente en Cartagena

Sus esculturas abstractas semejan pájaros, delfines, abrazos, criaturas a punto de dar un salto juguetón en medio de las plazas de Cartagena de Indias. Logra incorporar el color a sus esculturas. Un color radical: Blanco, negro, amarillo, rojo, azul, que enriquece el silencio de la piedra. Nada de eso es gratuito.Son quince esculturas en gran formato, en bronce y policromado, estratégicamente instaladas por su color, forma y volumen en las plazas de Cartagena de Indias. Luego de tres días de instalación en medio de las lluvias, los transeúntes pueden admirar la obra de la escultora Sophia Vari, quien expone por primera en Colombia.

El diálogo se realizó en la galería NH que propuso su exposición en la ciudad.  Luego de las preguntas de rigor, me adentré en la cotidianidad de la artista. Me confesó que no celebra sus cumpleaños. Alguien como ella que se ha detenido espléndidamente en el tiempo, celebra la fantasía de la existencia. “Cada cumpleaños es un año menos que vives. ¿Para qué celebrarlo? Odio los cumpleaños y todo lo que intente programar la vida como las navidades”. Me dijo que sus abstracciones no tienen nada que ver con Picasso.



Luego de inaugurar su exposición en Cartagena de Indias, qué impresión tiene de la ciudad y de sus habitantes?

—Conmovida con todo lo que me está pasando en Cartagena de Indias. Que me hayan dado las llaves de la ciudad y que me hayan declarado Hija Adoptiva de Cartagena de Indias, es un inmenso honor. Agradezco ese gesto de la alcaldesa Judith Pinedo Flórez y  la galerista Nora Haime, quien me propuso exponer aquí. Cartagena de Indias no solo es una de las ciudades más bellas del mundo, sino que esa verdad ya está en la mente y en el corazón del mundo. Cuando venía para acá me preguntaban dónde iba a exponer y ya todos sabían que era en Cartagena de Indias. Porque la ciudad tiene una importancia cultural y una resonancia maravillosa a nivel internacional. A mí me conmueve la belleza de la ciudad y el alma de sus habitantes.  Es un espectáculo ver la manera artística como se ha mantenido y embellecido el centro histórico de manera impecable. De veras, que gracias a Fernando Botero, yo me siento muy colombiana.

Volvamos a su infancia en Grecia. ¿Hay artistas en su familia?

—No. Soy la única que pinta y esculpe en mi familia. Al principio, cuando tenía 13 años, creí que podía elegir entre la literatura y la pintura, pero me dí cuenta que lo mío no era contar ni escribir sino pintar o esculpir.  Siempre me atrajo la composición y el espacio y el color incorporado a la escultura. En Grecia hay que detenerse a ver la Acrópolis y descubrir el mármol pintado. Durante muchos años yo trabajé el color, el collage, el relieve y el relleno cerca de las esculturas. Hice acuarelas dos o tres años y regresé a la escultura.



¿Qué es lo más difícil a la hora de concebir una escultura?

—Trabajo la precisión de las formas pero es esencial el ritmo de la escultura. Hay obras que se resuelven de una manera barroca, con una composición compleja y otras con gran valor en la síntesis. Le consagro 8 ó 9 horas a mi trabajo artístico. Resuelvo los detalles cotidianos a lo largo de la mañana y me sumerjo en la escultura. Para mí es básico el sentido de la precisión y el ritmo. A medida que hago una escultura, elimino elementos que no aportan al conjunto. El color es muy importante. Lo mismo el blanco, el amarillo y el rojo. Me apasiona la composición en el espacio. Si usted mira la escultura de la bailarina en San Pedro, en Cartagena, hay una armonía y un ritmo de la escultura que se hermana con el entorno.



Es casi imposible no preguntarle por Fernando Botero, su esposo. ¿Qué le impactó al conocerlo?

—Muchas cosas descubrí en él que aún siguen vigentes después de 36 años de estar unidos. Una, es el carisma increíble de Fernando Botero. Sus convicciones radicales. Su alma apasionada por lo que hace y cree. Es el mismo que conocí pero ahora trabaja con más pasión. Su fortaleza en saber y defender lo que quiere, sus ideas propias, su inmensa generosidad, su amor a Colombia, que él me transmitió. Su espíritu divertido.



¿Permite que su esposo Fernando Botero vea el proceso de su obra en su taller?

—No. El taller de un artista es más íntimo que el baño de la casa. Una sola mirada, un solo gesto, puede ser grave en el instante en que se gesta una obra. Nunca Fernando entra a mi estudio sin mi permiso, como nunca entro a su taller sin su permiso. Es imposible que sea de otra manera. Requerimos de un silencio total. En ese silencio en que uno escuche su propia voz interior. Y concentración total.





De las quince esculturas que usted exhibe en las plazas de Cartagena de Indias, hay una de ellas que va a regalar a la ciudad. ¿Cuál es?

— Es la escultura La chiquita, que está en la Playa de la Artillería, frente a la galería NH. Cuando culmine la exposición, esa escultura quedará instaurada en la pequeña placita que está frente al restaurante La Vitrola. No quise que estuviera en una plaza grande, sino que se integrara discreta y armónicamente a la ciudad.





¿Qué riesgos cree asumir usted cada ve que hace una escultura?

—Todo el tiempo se asumen riesgos de vida y muerte en cada obra. Son los riesgos artísticos. El intuir que puedes quitar o agregar o definir que la obra está en su punto. En catorce exposiciones grandes que he hecho por el mundo, descubro lecciones para la próxima. Es una cadena.



Nacida en Atenas, Grecia, Sophia Vari estudió en L'École des Beaux Arts, en París, donde se graduó en 1958.

Su obra ha sido expuesta en todo el mundo en más de 100 exposiciones individuales, incluso en el Palazzo Vecchio de Florencia, el Palazzo Bricherassio en Turín, y el Museo Ludwig en Kombletz, entre otros museos.

Ella ha tenido además, exposiciones al aire libre en solitario en París, Montecarlo, Baden Baden, Ginebra, Pietrasanta (Italia), Atenas, y, más recientemente, Madrid.

Su obra está en colecciones como la Ciudad de París, la Galería de Arte Nacional de Atenas, y el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Vari vive y trabaja entre París y Pietrasanta; y este año ha expuesto en París, Londres y Nueva York.

La exposición que exhibe en Cartagena de Indias es organizada por la Alcaldía de Cartagena y el Instituto de Patrimonio y Cultura en colaboración con NH Gallery. Estará abierta hasta finales de febrero de 2012.

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