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estado
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3 - 4
Taxis
9 - 0 - [object Object]
Motos
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Todos con todo

Si hay algo que caracteriza la relación actual entre comunicación y sociedad, es que estamos conectados todos con todos.

Cuando digo “actual” estoy hablando de principios de los años noventa para acá. Fueron ocho décadas en que la comunicación era de uno para todos. Es decir, el mensaje era producido por un poderoso emisor y consumido por los distintos grupos sociales. Todavía es así, la diferencia es que, hoy, es posible seleccionar libremente los contenidos que se van a consumir.

Cada quien programa los mensajes a su propio e individual gusto a la hora que quiera y en el lugar que desee. La tecnología logró que la comunicación sea instantánea y flexible: se ajusta a las necesidades de consumo de cada quien.

Antes teníamos que juntarnos para consumir los mensajes. El cine, por ejemplo, siempre fue un espectáculo colectivo. No se podía concebir de otra manera. Hoy se ve cine en Internet, en privado. En ese sentido estamos experimentando un cambio social de fondo. De hecho, la historiadora Luisa Fernanda Acosta de la Universidad de Los Andes, propone estudiar el desarrollo de la comunicación en Colombia de acuerdo a cuatro etapas. La primera se llama etapa de inserción de los medios y ocupa los primeros treinta años del siglo XX. La segunda es la etapa de consolidación de los medios, que va de 1930 hasta 1960. La tercera etapa es de desarrollo de los medios y va de 1960 a 1980. La cuarta etapa es la de reconfiguración de los medios y va de los años ochenta a nuestros días. Durante las tres primeras etapas aparecen, se difunden y consolidan el consumo masivo de prensa, producción discográfica, cine, radio y televisión. Dichos medios, a su vez, fueron ventanas mediante los cuales, la gente en Colombia se asomaba al mundo y se iba formando una idea del lugar que ocupamos en él; es decir ver, oír, leer los medios era someterse a un moldeamiento de la conciencia donde cada grupo social era designado a cierto lugar social. De ahí que popularmente se diga que, en Colombia, la clase alta quiere parecerse a los ingleses; la clase media se quiere parecer a los de Miami; y la clase popular se quiere parecer a los mexicanos.

Durante las tres primeras etapas del desarrollo de la comunicación en Colombia se fue formando la idea de lo que significa ser colombiano. En virtud de la producción discográfica, una industria que nació en Cartagena y Barranquilla, se proyectó la imagen internacional del país de la mano de la cumbia, el porro, el merecumbé y la música de acordeón. Fueron músicas que, a mediados del siglo XX, conquistaron el gusto internacional, lo que facilitó su aceptación en las élites capitalinas. Élites que siempre proyectaron a Colombia como país andino, pero, según el repertorio discográfico de entonces la audiencia internacional, nos ubicó en el caribe.

Sin embargo, la gran producción de mensajes fue pasando de la costa a Medellín y de ahí a Bogotá. Es desde la capital del país que se van proponiendo (e imponiendo en las mentes de millones y millones de espectadores nacionales) las imágenes regionales, los estereotipos y perfiles, los modos de ser esquemáticos y parciales. En el colegio uno aprende –en abstracto- qué son las regiones de Colombia y, en los medios, uno aprende referentes concretos de esas mismas regiones; lo cual, genera una aberración, una distorsión en la imagen que tenemos de las regiones y subregiones distintas a la nuestra. ¿Cuál es la idea que tenemos de los guajiros, de los araucanos, de los pastusos, de los tunjanos, de los quibdoceños, de los sabaneros? La imagen que nos ofrezcan los medios hechos desde Bogotá. Es decir, conocemos a los pastusos y a los chocoanos gracias a los chistes de “Sábados Felices”. Cuando uno dice en Bogotá que es de Cartagena, mucha gente piensa de una en el reinado nacional, en la rumba y en la playa; creen que no tenemos problemas. Cuando programan nuevas versiones de “Factor X” vemos el país juvenil de las regiones, haciendo largas y humillantes filas, para ganarse un pase a Bogotá. Algo igual pasa con “La guerra de las regiones”, donde distintos “representantes” regionales disputan metas abstractas.

Hoy existen más de cuarenta millones de celulares en nuestro país. Colombia es, quizás, el país con mejor interconexión de datos, imagen y voz de América Latina por encima de Argentina y México. La tecnología de la comunicación hizo posible que nos conectáramos todos con todos. Y sin embargo, no nos conocemos. O peor, nos desconocemos.

ricardo_chica@hotmail.com

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