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Torices, breve relato

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El barrio que en su retina plasmó por primera vez las iniciales imágenes de Álvaro Delgado y quedó impresionada por los inicios pictóricos de  Cogollo,  fue signado con el apellido del abogado y periodista  cartagenero Manuel Rodríguez Torices, quien firmó el acta de Independencia, luego sacrificado por el terror de Pablo Morillo en Santa Fé de Bogotá.

Torices se extendía desde los olores magistrales de las recetas de Víctor Barrio y los sones musicales envueltos en los rones de la cantina Rata Muerta de Roque Suazo, con melodías interrumpidas de Boyeyo, hasta las cercanías del campo de Santa Rita, pasando pr el frontis del Teatro Caribe, sin olvidar los anuncios de la cartelera del Variedades, donde todavía se apreciaba la imagen de Arturo de Córdova en la película: “Dios se lo Pague”.

Por esa vía de línea recta, se asomaban las diferentes bocas de las calles del barrio, con el anuncio del pregón de voces aplatanadas  al acorde de los golpes de la carretilla, tenían la aprobación del periodista Alfredo Pernett Morales, quien consideraba que en ese su barrio, había sido la cuna celestial del Niño Dios, donde todavía se hallaba enterrado el diamante que había sido escondido por uno de los descendientes del cacique Canapote, donde las nubes se dejaban acariciar por el pincel primario de Heriberto Cogollo, en premonición de la pictórica que recorrería el mundo. Ese barrio de Torices, con su aroma de vinos añejados, se apropiaba del trabalenguas cantarino de Eliseo Herrera  en acorde  de la guitarra de los hermanos  Gilberto y Saúl Marrugo, en las alegrías beisboleras  por los triunfos  de los hermanos García. En las tiendas del Campesino, La Costeñita y Quintana, quedaba flotando en la atmósfera del barrio el aroma salida de los frascos cilíndricos con anchas bocas  que guardaban los confites de múltiples colores y sabores. Todo se brindaba en una fiesta de ñapas que se maritaban con el platanito manzano. Los pretiles de brisas que se extendían en el suave embaldosado de la Clínica Vargas, recibían con entusiasmo las  repetidas y trasnochadas  lecciones, con interrupción por la oración del orate Moré, en la víspera del matinal examen, las conversaciones se alimentaban con las provisiones de las horchatas que hacían más animados los comentarios de los partidos de béisbol realizados por el equipo Torices del Flaco Alcázar ante el  aguerrido Indios. Desde el mes de julio los cantos de golpe de tambor, animaban los compases en la Danza de los Gallinazos, sin importar los suspiro del adolescente por los  trasnochos de Loncha  y las citas no logradas en las oraciones de Ana Te, todo aquello se podía permutar por los sabores de las paletas de leche de la calle Real del Espinal, sin importar que no se lograra recibir el descanso en el bus  conducido por Agujita o  “El Chesman” o  “El Carita”. Sabíamos que los buses ANA, permitían  la espera un poco pretenciosa, ya que era poco el afán sin el “esparrin “ acosador.

El Barrio, con sus casas de tipo Republicano de mampostería, con alero volado de tejas pesadas que  forman un techo erizado, donde se detiene la lluvia para caer en gruesos chorros que permitían el deslizamiento de los muchachos o las casa de madera en macho y hembra, con surcos horizontales    que dejan oír el canto de las brisas, cuando se cuelan por los calados de madera  puestos  sobre el dintel de las puertas.

Quedan  las improntas de Neftalí Frías con las plegarias de los buenos días, los versos interminables de Adriano Barro Palomino, el perfil serio e inteligente de Sebastián Herrera, las voces alegres y festivas de Carlos Feliz, El Papa Torres y los hermanos Cuesta, por ls geometrizados pases en la danza bolerística del Pindo Sánchez, sin que el eco del bullerenque cantado por Estefanía Caicedo en el barrio De los Paticos, nublara aquel acto de sublime expresión, acompañado de los rezos itinerantes del padre Luchi, guiado por El Niño Jesús de Praga. En este Barrio de inspiración celestial para los editoriales de El Universal por Alfredo Pernet Morales, sentía y debe seguir sensibilizándose por los acordes del piano de la Seño           Puello, que dejaba escuchar las voces de las niñas del Colegio Eucarístico, en las Procesiones de San José en  los 19 de marzo.

Por su extendida carretera, se han recogido las lecciones neurales de los hermanos Yarzagaray Cogollo, que cuelgan en el imaginario de los viejos toricenses, al lado de las humanísticas disertaciones de  Carlos Cruz y sus hermanos, sin llegar a ser interrumpidos por las voces de los viajantes en el bus de Macario   

Todo el barrio de Torices, se adornaba con las filigranas doradas del troquel del orfebre Crizón, genético del Niño Bueno del béisbol colombiano y las preseas alcanzadas por el brazo de El Dago

en el lanzamiento del disco. Estaba el ojo avizor del peluquero Periñán, adivinando las jugadas en la bola de caucho. Ya se abría la tertulia con los cuentos del viejo Zabaleta, sin la aprobación de la escuela de banco de las Guanguá de la Loma del Diamante

Aún escucho los suaves aleteos de los boleros nacidos del pretil de la casa del Señor Thorrens, sin llegar a nublarse por la algazara de la lúdica del Campo de la Salle en el Paseo Bolívar.

Transitan las voces por la calle de las Carretas, hoy residencia de Fortunato Escandón, donde quedaban espectantes los hermanos Solano Barboza, que marchaban al Liceo de Bolívar, después de grabar las lecciones aprendidas en el colegio Rueda Linero, un monumento al abecedario de los toricenses en comunión académica con el Instituto Antonio Nariño, del maestro Buendía y las voces del  maestro Caraballo.

Ese Barrio, donde el Quique Muñoz, diagramó los iniciales silogismos de la Filosofía Brauliana, para el diálogo permanente con su amigo Alfonso, están prensados en los carteles de la nostalgia.



Aún sigue siendo un barrio

  Se brinda la tertulia en la esquina

Se golpea la ficha bulliciosa del dominó,

aún queda la tienda con cita de comadres

aún se oyen las campanas de la Iglesia,

aún juegan con las voces de los vecinos

aún es un barrio de piñatas y cumpleaños

donde  podemos volver a la esquina …

de las calles . Callejón Colombia,

Bogotá, Guillermo Posada,

Abadía Méndez, Rafael Uribe Uribe,

Jorge Isaac, y otras y otras.





_______________________

* Este texto fue leído el 17 de junio del presente año, en el  Primer Encuentro de Toricenses, organizado por la familia del beisbolista Orlando García(El Caballo García ), en la calle Pasos Abadía - Torices

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