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Un creador en el horror de los espejos

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Es sorprendente ver la fecundidad creadora con que un narrador asume desde niño su vocación de narrar la vida y el mundo que le rodea. Óscar Collazos (Bahía Solano, 1942), sedujo a sus lectores desde que era un muchacho al escribir sus dos primeros libros de cuentos El verano también moja las espaldas (1966) y Son de máquina (1967), pero aún su pulso vital y embrujador ya estaba en su primera novela Los días de la paciencia, escrita entre 1967 y 1969.

Yo no dejo de leer un cuento suyo que me parece de una factura fantástica digna de cualquier antología del cuento universal:  Soledad al final del coche cama, un cuento que pudo haber escrito Julio Cortázar o Patricia Highsmith. La historia del hombre que compra dos tiquetes para cumplir un viaje prometido  con su mujer y en el viaje, de repente, siente que no está su mujer, y descubre horrorizado que su puesto está vacío… intuimos los lectores, al final, que el señor ha viajado solo con la memoria de su mujer fallecida, y ha dialogado con ella en la soledad del coche cama. La tensión de la trama es proverbial: los silencios con que el cuento está concebido revela al gran narrador que es Collazos en el panorama literario de Colombia y de habla hispana.

No nos hemos repuesto del impacto de su novela Rencor (2006) que tantas ediciones y lectores ha cautivado en todo el continente, haciendo visible la otra tragedia de la explotación sexual infantil y juvenil en Cartagena de Indias. Cuando uno lee una novela como Rencor se reencuentra con la paradoja sobrecogedora de una ciudad despiadada en sus contrastes: la niña que ha sido violada por su padre a sus once años y prostituida a los catorce, revela el círculo de degradación de las relaciones humanas y sociales en la capital turística del Caribe colombiano. Esa novela fue el fruto de una investigación periodística de Collazos y de su rastro como columnista de opinión y ensayista enjuiciador de las crueldades e infamias de la nación colombiana. En todos sus cuentos y novelas  hay siempre un ser que descubre matices profundos y misteriosos de la condición humana. Luego de esa novela, Collazos, nos entrega una novela sumergida en el espejo tormentoso de la tragedia  de una nación: Señor Sombra (2009), el universo pervertido y sanguinario de los paramilitares colombianos. Pero asombra además la conexión emocional del autor en sus lectores, y la sorpresa masiva de esa perplejidad en la mirada inocente y creativa de los estudiantes cartageneros que participan del programa Leer el Caribe, cuyo escritor invitado en 2011 es Óscar Collazos. Se ha leído en el aula como La ballena varada, algunos de sus cuentos y su novela Rencor. Un muchacho que contemplaba al escritor a la salida de un supermercado se le acercó tímidamente para preguntarle: Dígame, escritor, qué ha sabido de Keyla, está en la cárcel? Y Collazos, aturdido por la pregunta, apeló a la racionalidad y le dijo: No puedo decirte nada de Keyla, porque Keyla existe en la novela. Quiso decirle sin explicarle que Keyla era un ser de ficción nutrido de múltiples Keylas de la vida sórdida y miserable de la Cartagena de Indias desplazada. Esa misma pregunta ha vuelto a formularse de muchas formas en el encuentro del escritor con niños y niñas de las escuelas públicas de la ciudad, que han colmado el auditorio del Teatro Adolfo Mejía. Ese reconocimiento del escritor por parte de sus lectores de todas las edades, es el mejor premio de una existencia consagrada al oficio de escribir. Un oficio que más allá de los trucos y recursos estilísticos se convierte en una manera del arte de contar la realidad. Collazos lo hace a las mil maravillas porque además de gran narrador desde niño es un agudo analista y pensador de lo que cuenta. No tiene pelos en la lengua y en el corazón a la hora de contar o desnudar la realidad.

Versátil, memorioso, sensible, merecido el homenaje que Cartagena le rinde a uno de los mejores escritores. Poco antes de establecerse entre nosotros, había intuido que se adentraría en el mapa de Cartagena de Indias para narrarla en sus virtudes y horrores, en su belleza y en sus azares. Collazos ha cumplido su palabra. Y nos vuelve a seducir con la gracia de su espíritu.

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